Delmira Agustini

 A UNA CRUZ

. . . Cruz que ofrendando tu infinito abrazo
Cabe la silenciosa carretera,
Pareces bendecir la tierra entera
Y atarla al cielo como un férreo lazo !...

. . . Puerto de luz abierto al peregrino
A la orilla del pálido camino !...
Vibre en el Tiempo la sagrada hora
Que a tu lado viví, cuando el gran broche
De nácar de la luna abrió una noche
Que pareció una aurora !...

. . . La luna alzaba dulce, dulcemente
El velo blanco, blanco y transparente
De prometida del Misterio; el Cielo
Estaba vivo como un alma !... el velo,
El velo blanco y temblador crecía
Como una blanca y tembladora nata...
Y la tierra inefable parecía
Un sueño enorme de color de plata !
Fue un abismo de luz cada segundo,
El límpido silencio se creería
La voz de Dios que se explicara al Mundo !

. . . Como cayó en tus brazos mi alma herida
Por todo el Mal y todo el Bien: mi alma
Un fruto milagroso de la Vida
Forjado a sol y madurado en sombra,
Acogíase a ti como a una palma
De luz en el desierto de la Sombra !...

. . . Y la Armonía fiel que en mí murmura
Como una extraña arteria, rompió en canto,
Y del mármol hostil de mi escultura
Brotó un sereno manantial de llanto !...

. . . Así lloré el dolor de las heridas
Y la embriaguez opiada de las rosas...
Arraigaban se en mí todas las vidas,
Reflejábanse en mí todas las cosas !...
.
. . . Y a ese primer llanto: mi alma, una
Suprema estatua, triste sin dolor,
Se alzó en la nieve tibia de la Luna
Como una planta en su primera.