Delmira Agustini

RACHA DE CUMBRES

El soberbio regazo de curvatura extraña
En ademán solemne nos brinda la montaña.

Subamos. De la cumbre, del reino de las alas
Expulsemos los cóndores, expulsemos las águilas.

Allá la novia Nieve abre su blanco velo
Que tiembla y que desmaya a los besos del cielo.

Y el mar al pie, agolpándose en la piedra y la arena,
Rompe, azota, revuelca su intrincada melena.

Allá surge la idea de un formidable mito...
Abajo lo insondable, arriba lo infinito.

Súbito al peregrino rumor de nuestra planta
Con ímpetu salvaje un ave se levanta.

Son grandes, son soberbias las aves de las cumbres,
Sus ojos tienen fríos, olímpicos vislumbres.

Abismos palpitantes, enigmas de plumaje,
Su vuelo es un nervioso martilleo salvaje.

Sus pupilas brillantes, sus pupilas oscuras,
Dan un vértigo raro: un vértigo de alturas...

¡Miradas encendidas en las cumbres!... su vuelo
Tiene una ley y un límite: el capricho y el cielo.

Y el pico corvo, enérgico: dominio y arrogancia!
El pico soberano del águila de Francia!

Y huyen como si hubieran mirado el Pensamiento...
- La montaña parece crecer para el momento. -

¿Presentirán sus alas tu misterioso alaje?...
El asombro ha debido dilatar el paisaje.

Y cuando allá en la cumbre, como un sol que flamea,
Pabellón de la Vida se levante la Idea,
Parecerá Natura un divino homenajes