Delmira Agustini

VISIÓN DE LOS CÁLICES VACÍOS

" ¿Acaso fue en un marco de ilusión, 
en el profundo espejo del deseo, 
o fue divina y simplemente en vida 
que yo te vi velar mi sueño la otra noche? 

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, 
taciturno a mi lado apareciste 
como un hongo gigante, muerto y vivo, 
brotado en los rincones de la noche 
húmedos de silencio, 
y engrasados de sombra y soledad. 

Te inclinabas a mí supremamente, 
como a la copa de cristal de un lago 
sobre el mantel de fuego del desierto; 
te inclinabas a mí, como un enfermo 
de la vida a los opios infalibles 
y a las vendas de piedra de la Muerte; 
te inclinabas a mí como el creyente 
a la oblea de cielo de la hostia… 
gota de nieve con sabor de estrellas 
que alimenta los lirios de la Carne, 
chispa de Dios que estrella los espíritus. 
Te inclinabas a mí como el gran sauce 
de la Melancolía 
a las hondas lagunas del silencio; 
te inclinabas a mí 
de mármol del Orgullo, 
minada por un monstruo de tristeza, 
a la hermana solemne de su sombra… 
te inclinabas a mí como si fuera 
mi cuerpo la inicial de tu destino 
en la página oscura de mi lecho; 
te inclinabas a mí como al milagro 
de una ventana abierta al más allá 

¡Y te inclinabas más que todo eso! 

Y era mi mirada una culebra 
apuntada entre zarzas de pestañas, 
al cisne reverente de tu cuerpo. 
Y era mi deseo una culebra 
glisando entre los riscos de la sombra 
¡a la estatua de lirios de tu cuerpo! 

Tú te inclinabas más y más…y tanto, 
y tanto te inclinaste, 
que mis flores eróticas son dobles, 
y mi estrella es más grande desde entonces. 
Toda tu vida se imprimió en mi vida… 

Yo esperaba suspensa el aletazo 
del abrazo magnífico; un abrazo 
de cuatro brazos que la gloria viste 
de fiebre y de milagro, será un vuelo! 
Y pueden ser los hechizados brazos 
cuatro raíces de una raza nueva. 

Y esperaba suspensa el aletazo 
del abrazo magnífico… 
¡y cuando 
te abrí los ojos como un alma, y vi 
que te hacías hacia atrás y te envolvías 
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra! "