Betty Alter

ROXANA

 

 

 

Hace 50 años llegaba al puerto de Santos que queda a una hora de la ciudad de Sao Paulo ubicada en Brasil, desde la bella Italia una jovencita muy agraciada, que tenía apenas 18 años. Su nombre era Gioconda no tenía padres y su única hermana la recibió ese día que arribó el barco, junto a cientos de emigrantes con sueños en sus rostros de una vida mejor, ya que Europa no era un paraíso en esos años y después de abrazarse y emocionarse se fueron en auto rumbo a su casa.

Gioconda era inteligente y vivaracha, en seguida se adaptó a esta nueva ciudad, pronto tuvo muchos pretendientes, que la venían a buscar a la casa de su hermana, ella era muy bonita y a todos les decía que no, era media reacia y tímida.


Pero uno de ellos le había llamado la atención, era bastante mayor, Antonio le llevaba 13 años, era feo con una nariz aguileña y usaba una incipiente barba, era educado y rico. La llevaba a los mejores lugares, cuando la invitaba a salir que lo hacía muy a menudo, era español y muy celoso.

Gioconda sola, sin amigas, aceptó todas las invitaciones de Antonio, y observando que era un hombre que valía la pena estar con él, pues era muy culto y conversaba de todos los temas que se presentaban, y ella se sentía cuidada por él.

Se casaron muy rápido y su matrimonio fue inmediatamente colmado de alegría con dos hijas, Roxana fue la primera, Beatriz la segunda.

Todo parecía marchar muy bien los primeros años. Pero había un problema entre ellos, los suegros acechaban en la oscuridad, haciendo que su matrimonio empezara lentamente a tambalear, querían mandar en la vida de su hijo y su familia.

Le encontraban a Gioconda todo tipo de defectos, y se encargaban de hacérselo saber a Antonio, este era el hijo mayor de varios hermanos, muy apegado a sus padres y a contarle todo sobre su matrimoñio y principalmente a su madre, en fin, Gioconda no era muy querida por su suegra.

Era una joven que recibía muchos piropos en el barrio cuando salía y eso a Antonio lo ponía loco, ella no hacía nada para que ello sucediera, pero su pasaje por las calles no era indiferente a los hombres que deambulaban por esa zona en que vivían.

Gioconda quedó embarazada por tercera vez, y ahí empezaron los problemas fuertes, los celos tremendos de Antonio sumado a la madre que lo apoyaba en todo, hasta llegó a dudar que ese hijo que venía era de él.

La martirizaba, le decía junto a su suegra que a ella le gustaba mirar demasiado a todos los del sexo opuesto, en fin lo que un hombre celoso apañado por su madre puede decir a una mujer y más aún.

Gioconda vivía momentos tremendos, su única hermana estaba con problemas y no podía acudir en busca de ayuda, sólo un cuñado la comprendía y la trataba de sostener.

Nació la tercera hija y Dios quiso que fuera una niña, le pusieron Soledad, que ya desde la cuna vislumbraba ser igualita a Antonio.

El matrimonio no funcionaba todos estos meses, habían dejado en ambos huellas imborrables... ella no tenía acceso a dinero alguno, y así dejándola sin dinero y tratándola mal un día se atrevió y le cerró la puerta de calle, no dejándola entrar, volvió y día tras día inventaba otra situación.

Antonio llegó un día muy nervioso y le dijo que se fuera de la casa cuando la más chiquita tendría 2 años ella no quería, lloraba, pero estaba sola, sin fuerzas y al final consiguió Antonio separarla de sus hijas.

A Gioconda le entró una desesperación, nadie la apoyaba ni tenía en quién confiar, ese cuñado lo único que hacía era escucharla, y decirle que tratara de ver más a sus hijas.

Gioconda quería verlas pero Antonio casi no se lo permitía. Las sacaba del colegio antes o le decía que estaban en lo de su madre.

Así entre gritos y peleas pasaron meses, finalmente, cuando la tenía a Gioconda muy presionada, con un malestar tremendo, sin saber cómo hacer para que las cosas fueran diferentes.

Le ofreció dinero y que volviera a Italia, que él le iba a hacer una denuncia de que andaba con otros hombres, y su vida sería un calvario si se quedaba, le anunció Antonio.

Parece mentira lo que puede el amor y el odio.

Cansada, enferma, sin fuerzas de luchar, con la cabeza con ideas dispares en un momento de tanta tragedia en su vida, desesperada por tanto dolor, aceptó la oferta y se fue a Italia, dejando las 3 hijas pequeñas con su padre.

Roxana tenía 8 años, era la mayor que venía viendo y sufriendo el desastre de sus padres y de toda su casa y sólo sabía llorar en silencio.

Antonio contento con sacarse de encima a su esposa, se abocó a criar él solo a sus hijas con ese don de mando que tenía, pero que no lo era frente a su madre.

Roxana odiaba a su abuela, ella vio todo lo que pasaba en su hogar.....pero no podía entender cómo su madre no luchó por ellas, cómo se fue abandonándolas.

Roxana era una nena que la hiceron grande de golpe, se quedó sin niñez pues su padre por ser la mayor le dio responsabilidades no propias de una niña tan pequeña.

Crecieron solas sin el afecto de su madre, Antonio trató de ser el mejor padre del mundo, pero nunca pudo sustituir a la mamá, no percibió por tanta rabia que tenía cuánto la necesitaban esas hijas.

MIentras tanto, Gioconda había llegado a Italia donde la recibieron unos primos, estaba muy enferma, había perdido todo el pelo, le costó recuperarse, tambaleaba al caminar, no quería ver a nadie y así pasó casi un año.

Un amigo de la familia que los visitaba, se enamoró de ella y se juntaron.

Necesitaba tanto afecto, a sus hijas ,.. estaba arrepentida pero no tenía un peso para volver, y su hermana, la única que tenía en Brasi, se fue a vivir a México con su familia, por lo tanto no tenía a dónde ir si volvía.

Este hombre no la quería perder, e inmediatamente ella quedó embarazada y tuvo una nena y al poco tiempo mellizas, una nena y un varón.

Vivía para esos hijos, no olvidando nunca a las otras, pero las chicas casi no la recordaban. Gioconda les escribía pero no le contestaban a sus cartas nunca.. silencio absoluto. Sólo Beatriz respondía alguna carta de vez en cuando.

Y así pasaron los años, Roxana era una nena de 13 años que parecía una mujer, cocinaba, lavaba, ayudaba a su padre en el negocio. Sus hermanas iban prolijas al colegio, ella dejó la escuela en el último grado y no estudió más, pero cuidaba que todo estuviera pronto en su casa cuando las hermanas y el padre llegaban.

Tenía una abnegación poco común para una jovencita, amaba a su padre, las tres lo adoraban, pero Roxana recordaba con mucho rencor a su madre, sabía que mandaba siempre cartas. Roxana no abría nunca ninguna carta, no quería saber nada de ella, y así`pronto y de pronto se convirtió en una mujer.

Todas las vecinas la adoraban, era buenísima, siempre ayudando a todos, en su casa era como la mamá....pero cuánto dolor había dentro suyo la que más recordaba todo, la que más sufrió.
El tiempo pasaba implacable.

Su hermana Beatriz se enovió y quiso casarse a los 17 años, ella sí se escribía con la madre, y le dijo al padre que quería que viniera su madre al casamiento y el le contestó, o ella o yo, drásticamente.

Por supuesto que no vino, y se casó llevada del brazo de su padre solamente.

Cuando murió la abuela, Roxana tenía un dejo de felicidad, como la odió, la culpó de todo lo que pasó en su familia.... y recién de grande se puso a pensar que su padre quizás tuvo mucha culpa también, pero no se molestó en analizarlo.

Se conoció en el casamiento de su hermana con un joven de un pueblo de adentro de Brasil que se enamoró de ella, y al año se casaron.

Soledad, la más chica, también se casó..... y así pasaron algunos años en que ella tuvo 3 hijos, a los que Roxana entregó tanto amor el de ella, el que le faltó, puso todo su cariño en esos niños que adoraba y cuanto más pasaba el tiempo no podía entender cómo su madre se fue abandonándolas.
.
Una prima de ella viajaba a Italia y le pidió la dirección de la madre, lo que Roxana le dio.

Esta prima Magdalena llegó a la ciudad de Roma, después de estar unos días y de acuerdo telefónico con Gioconda, que no cabía de felicidad, por primera vez la visitaba alguien de parte de su hija.

Magdalena quedó petrificada, con todo lo que escuchó, esa mujer limpia de cuerpo y alma le contó de su sufrimiento, de como ella estaba enferma de dolor de soledad y cometió el error de dejar a sus hijas e irse y que toda la vida vivió pagando esa culpa con tanto dolor, mil veces tuvo el deseo de volver a verlas, ella iría a su encuentro pero que no tenía donde estar, y tenía dudas que sus hijas la recibirían.

Magdalena le ofreció inmediatamente su casa, conmovida le dijo, si tus hijas no te reciben yo lo haré.. y después de verse dos veces o tres más, volvió a Sao Paulo y le contó todo a Roxana que no parecía estar muy conforme, ella igual no entendería nunca el abandono de su madre.

Pasaron varios meses, un día al volver Magdalena a su casa el encargado le dijo que había estado una mujer Italiana con una valija buscándola y al no encontrarla, se fue.

Era Gioconda que había vuelto y estaba en la casa de la hija del medio, como siempre se escribían, sabía la dirección de esa hija, al no encontrar a Magdalena, decidió ir a casa de Beatriz.

Cuando le tocaron el timbre desde abajo, y le dijo soy tu mamá, Beatriz casi se desmaya.

Después de recibirla, de cambiar expresiones de sorpresa y alegría, se sentaron.

Llamó inmediatamente a Roxana y le dijo ...MAMA ESTA SENTADA DELANTE MIO, VENI YA.

Roxana le temblaban las piernas, las manos, el cerebro, no lo podía creer, llamó al padre a contarle que quedó tan duro como ella pero los años no pasan en vano y le dijo a su hija.

Vamos, yo te llevo a verla, y le avisaron a Soledad, que aunque mucho no le importaba, por curiosidad se fue con ellos a conocer a su madre.

Subieron al auto y marcharon rumbo a la casa de Beatriz, el auto volaba, sin nadie darse cuenta.

Roxana tocó un timbre leve al llegar, tenía miedo de encontrarse con su madre a la que recordaba perfectamente, pues ella era idéntica a Gioconda.

La puerta se abrió y ahí estaba su madre parada estirándole los brazos, pero ella con un frío que no sentía, pero haciéndose la fuerte sólo atinó a darle un breve beso en la mejilla y se sentó, el padre entró también, la saludó diciéndole vine a acompañar a mis hijas.

Todo estaba tenso, nadie sabía lo que decir y comenzaron lentamente un diálogo, rápido se hablaba de como habían cambiado, había un frío, un muro, todos querían llorar nadie lo hacía ni podía.

A medida que pasaba el tiempo, toda la familia se iba soltando, se hablaban más y quedaron en nada y en todo, se sentía que querían estar juntas, conocerse, sentirse por primera vez.

Pronto iría a la casa de Roxana, a conocer a los nietos y yerno, lo mismo a la casa de Soledad.

Y así con ese frío con que entró Roxana en su cuerpo pero no en su corazón, se despidió tres horas después de su madre, y se fue con su papá a su casa.

En el camino un silencio absoluto, solo cortado por la voz de Antonio, que le dijo a su hija ya que está aquí tratala bien, fue lo único que se le oyó, pero era notable que le había impactado volverla a ver, que lo descolocó, que por una vez en la vida pensó cuán culpable fue él también de todo este desastre familiar.

Pero tozudo como era, no lo iba a reconocer y menos delante de su hija, ésta que más sufrió por todo lo que había pasado.

Roxana nunca fue una chica de abrazar y besar a nadie, pocas amigas aunque en el barrio todos la querían, el padre mucho no las besó tampoco.

La situación era tensa, en todo momento con la que mejor estaba era con Beatriz, que la trataba bien, la mas chica de las hermanas era indiferente, ni la conocía, ni el olor recordaba de su madre.

Roxana la recibió en su casa y con orgullo le mostró a sus nietos, Gioconda se encariñó tanto con ellos porque de las 3 hijas con la que más había estado fue con Roxana, de la que más recuerdos tenía era de ella.....y con quien más quería estar, y sintió un mundo de sensaciones con esos niños que al punto sintieron lo mismo por su abuela.

Pasó un mes que estuvieron juntas, pero no existió el hablar, sí reproches por qué nos dejaste, por qué te fuiste, por más que Gioconda se pasaba pidiendo perdón, ese no llegaba.

Un mes después de estar con las tres hijas, se repartía un poco con cada una, pero más estaba en casa de Roxana, se sentía atraída por esa hija con la que compartió tanto hasta sus 8 años, y esos nietos tenían un algo especial principalmente el varón, que sentía lo mismo por ella, ya que era la primera abuela que conocía.

Se fue, abrazos no muy calurosos, esto Gioconda lo sentía pero algún precio tenía que pagar por el error de haber abandonado, sea por el motivo que fuera, a sus tres hijas.

Les trató de hablar de sus hermanos, pero Roxana inflexible le decía, yo sólo tengo dos hermanas y nada más. Y así se fue de vuelta a Italia.

Se empezó a escribir con los nietos, con las hijas, y había un acercamiento en los años que vinieron a través de las cartas.

Un dia le avisaron que se casaba la nieta mayor, y avisó que vendría al casamiento.

Le comunicaron a Antonio que Gioconda vendría para estar con la nieta y esta vez, no dijo una palabra, sólo lo aceptó.

Cuánta culpa sentía en su alma por todo lo que había pasado, y aceptaba la venida de Gioconda.

Gioconda volvió para el casamiento, el encuentro fue un poco más emotivo.

Las cosas estaban mejor, más calurosas...Roxana quería y no podía salir de esa forma de tratarla, hasta su prima Magdalena le decía, decile todo lo que sientas, malo, bueno, pero no te lo guardes más y abrazala después, y verás que todo puede comenzar nuevamente a pesar de todo.

Como le costaba a Roxana tanto dolor en su niñez, la acompañó toda la vida, el casamiento fue precioso y después de estar otro mes y ver que sus hijas la trataban mejor, se fue pidiéndoles que fueran a Italia a visitarla.

Así fue que Roxana viajó 7 meses después, algo sentía en su interior que la quería ver de nuevo.

Llegó a Italia y se encontró con sus hermanos por primera vez, se asombró tanto como todos la querían, toda la vida su madre les habló de las hijas de Sao Paulo y trató de estar bien de ser mejor con su madre, tener diálogo con sus hermanas en fin todo lo que pudo mejorar la relación, lo hizo.

En el fondo se dio cuenta que sus hermanos no tenían la culpa de todo lo que ella pasó.

Así la visitó varias veces y estaban mejor, Gioconda estaba feliz.

Un dia hubo un llamado muy desesperado de su hermana, de Italia, La mamma é morta...

Quedó sin saber qué hacer, pero inmediatamente los hijos le sacaron un pasaje y viajó a Italia. Cuando llegó, estuvo junto a sus hermanos y por primera vez en la vida, sintió que de pronto esa madre a la cual siempre trató de renegar ya no estaba y que todos los vecinos la querían mucho y se cuestionó por qué no la conoció mejor, por qué no le dio la oportunidad tan ansiada por Gioconda.

Trató todo el tiempo que quedó allá, en Italia, de consolar a sus 3 hermanos, pues ellos sufrieron muchísimo por la desaparición de su madre, y ella hizo lo posible en estar en contacto con aquellos que hoy día ya los trataba de Mis Hermanos, con afecto.

Algo había cambiado en Roxana, esta mujer tan sufrida, que pasó en silencio sola tanto dolor el que se vislumbraba y aquel escondido dentro de su alma, sólo guardado por ella para toda la vida.

Hoy en día a Roxana le cuesta brindarse a la gente, le cuesta dar afecto, lo tiene adentro de su corazón, ella es muy buena, siempre tratando de ayudar a quien puede, su padre anciano vive y pienso que en el fondo de su ser está arrepentido de lo que hizo y de lo que no hizo más por sus hijas.

Roxana está totalmente en contacto con sus hermanos y sabe y siente que desde algún lugarcito allá arriba Gioconda su madre las está mirando juntos y sonríe.

Roxana vive, trabaja, tiene hijos, nietos, a los que ama junto a su marido, pero siempre está latente una especie de reproche propio.

Porque no se permitió conocerla mejor a su madre, quizás le falto eso, y el abrazo fuerte, muy fuerte, entre las dos que ella tanto necesitó.

Pero está tranquila, la visitó varias veces, está bien con sus hermanos y sabe que su madre descansa en paz.

                                                                                                                                                       Betty Alter