Betty Alter

EL AMOR NO TIENE COLOR DE PIEL

 

 

 

Pamela era una preciosa mujer y tuvo la mala suerte que su esposo había fallecido hace 3 años. Decidió con su pequeño Toby hacer un viaje de descanso, remontando un río del Amazonas que solía hacer excursiones en un barco, elegante para la época.
Sus amigos le habían sugerido que no lo hiciera, ya que los lugares que tocarían eran muy solitarios y desconocidos aún. Subieron al barco.

El sonido de los pájaros y los rayos solares penetraban a través del gran follaje en esa zona perdida cerca de la selva. Árboles altísimos hablaban de una forestación increíble y difícil de atravesar. En un claro donde la luz trazaba finos hilos que apenas llegaban con fuerza, se sentía gritos de una mujer y un niño perdidos, que estaban tratando de que alguien los escuchara.

No sabían dónde estaban, sólo que venían por el río en un barco muy bonito con varios pasajeros, éste de pronto comenzó a incendiarse y se tiraron todos al agua, cada uno nadando para donde veía más cerca la costa. Pamela era una gran nadadora, ayudando al niño llegaron rápidamente a la costa que más cerca vislumbró por la vegetación que veía.

Esto sucedió a las 20 horas, era de noche. Llegaron y caminaron unos pasos hacia adentro, pero los troncos y la maleza eran abundantes. Estaban cansados, se durmieron y despertaron al amanecer.

Tenían tanto hambre, y no veían a nadie más, no sabían si habían sobrevivientes. 
Pamela comenzó a ver si veía algunas frutas o algo comestible cuando sintió de pronto que ojos la miraban por doquier. Corrió hacia Toby y esperó en silencio. Esos ojos se acercaban de varios puntos. Fueron rodeados por hombres con lanzas y medio desnudos, sólo cubiertos por taparrabos. Les miraban como si hubieran sido una aparición, ella era rubia, el niño también. Y la piel de estos hombres indígenas era casi oscura.

Ante un gesto conocido tuvieron que seguirlos. Los dos estaban asustados, pero el niño que iba de la mano del que parecía que mandaba, caminaba seguro a su lado. Llegaron a una aldea bien compuesta con casitas muy pobres de madera hechas tan rústicamente con manos propias. La llevaron a una de ellas y allí estaba una anciana mujer. Hablaban en un idioma incomprensible para ella, pero les ofrecieron comida y bebida en abundancia. A través de señas les dijeron que comieran y tomaran, y les prepararon 2 catres y los dejaron solos. Qué iban a hacer, ni sabían dónde estaban; durmieron del cansancio que tenían.

Al otro día la llevaron a donde estaban todas las mujeres, le ofrecieron ropa a la usanza de ellas y le intimaron a que realice trabajos como sus mujeres. Al niño se lo llevaron con otros niños y los hombres de caza. Horas más tarde volvió a la casucha cansada y ahí estaba la anciana, esperándola con la comida. Apareció Toby contentísimo, lo habían llevado con otros niños a cazar. Le contó con qué agilidad en el río pescaban con lanzas y cómo con las mismas le daban a pajarracos bastante grandes que habían en el lugar que lo llevaron. Le enseñaron cómo tenia que pescar y tomó todo como una aventura increíble, tenia apenas 7 años.

No había comunicación, pero a la noche entró el indígena peludo que vio llevar a su hijo Toby de la mano, éste lo saludó amigablemente. Y empezó un dialogo desconocido pero se hizo entender. Pamela temblaba, como comunicarse como hablar con el que la miraba con ojos voraces. La anciana tomó a Toby y se retiró, era la madre del indígena.

Quedó sola con él, con sus manos la tocó y le dijo Pamela mal balbuceado pues le costaba decirlo y le dio a entender que él era Reno. A continuación la empezó a acariciar negándose Pamela, pero parecía que cuanto más se negaba, Reno más disfrutaba en tocarla, en acariciarla, y de pronto la desnudó, desgarró sus ropas y Pamela en gesto instintivo trató con sus manos de cubrirse, a lo que Reno respondió con una carcajada que enojó a Pamela. Le dio dos bofetadas fuertes con las dos manos, quedando así ante la mirada de Reno extasiado y excitado por ver tanta belleza ante sus ojos. La volvió a tomar entre sus brazos fuertes, demasiado fuertes para Pamela, y comenzó a besarla desde el rostro hasta sus pies. Tenia una fuerza brutal, pero unos labios suaves y tiernos que hacían cosquilleos en el cuerpo de Pamela. Se resistía, pero él la tenia bajo su cuerpo, cubriéndola de besos que se hacían a cada instante más fogosos. Qué le pasaba, estaba soñando, en brazos de un indígena sintiendo calores inimaginables, y tratando de resistirse cada vez menos. Ni se dio cuenta cuando la hizo suya, fue algo tan increíble que mientras ella parecía negarse, su cuerpo se aproximaba más y más al de Reno, hasta fusionarse en uno solo.

Horas después recostada en el piso donde sintió que su cuerpo no le pertenecía. Comenzó a mirar a Reno mientras dormía. La había transportado a sensaciones de placer desconocidas por ella. Su físico era perfecto, de mucha virilidad, de pronto se detuvo en su rostro. Dormía como un niño, plácidamente con una sonrisa en los labios, tenia hermosas facciones, no era tan oscura como su piel. La cara la tenía tipo mulato, pero la nariz era perfecta, pequeña y sus labios gruesos, que de recordar lo que le habían hecho se ponía colorada. Quiso retirarse, pero el brazo del estaba amarrándola de su cintura. 

Estaban los dos desnudos, cuando ella se quiso retirar una hora después pensando que estaba profundamente dormido. El se despertó la miró la tomó con las dos manos el rostro y la besó dulcemente en los labios en los ojos en el cuello, empezando nuevamente todo su ardor a ponerlo en Pamela, esta vez, no se resistió. Temprano cuando ella volvió a abrir los ojos Reno no estaba sino Toby durmiendo a su lado.

Y así pasaron 2 meses, en que nadie la buscaba y aprendió el significado de las cosas, de las palabras y de lo que Reno le decía. Le hablaba de amor, la veneraba, ya no la forzaba porque ella se dejaba, se amaban los dos con furia, con pasión y al final con amor. No precisaban hablar, sus cuerpos dialogaban con música propia.

Toby se había acostumbrado rápidamente, entendía el idioma y jugaba con los niños. Pamela les enseñaba a las mujeres a hablar su lengua, a cocinar sus comidas y a entender cada día más a esta gente sencilla semi desnuda que vivía quien sabe dónde, pero que sentía que la querían a ella y a su hijo.

Poco tiempo estuvo casada con el padre de Toby, pensó que lo amaba, y sufrió mucho cuando murió. Y nunca se imaginó que el amor o el sexo pudieran ser como era Reno con ella.

Los cuerpos se aman sin idioma, los labios se besan, sin saber por qué, la electricidad en la piel se da, en el momento que uno menos lo espera.

7 meses después dominaba el dialecto que hablaban y los entendía perfectamente. Reno la adoraba y le preguntaba si era feliz o quería volver a la civilización de donde había venido y donde nadie la buscó. Ella un día le dijo que quería volver, que era maravilloso lo que ambos sentían pero no era vida para ella. Aunque le gustaba ser maestra, muchos aprendieron a hablar y a escribir. Y vio cuán inteligentes eran y lo fácil que captaban los niños todo lo que ella les enseñaba, pero extrañaba su lugar.

Reno con la mirada más triste del mundo le dijo que si no quería quedarse, no la iba a retener que la grandeza del sol, el brillo de la luna y la cantidad de estrellas eran pocas al lado de lo que él la necesitaba y amaba. En ese lenguaje que sonaba extraño Pamela comprendió ese amor pero deseaba estar donde vivió su vida.

Dos días después, Pamela le dijo que ella quería encontrarse con su gente. Reno con el rostro duro como una roca la llevó por un camino rápido en su pasar que ni se imaginaba que existía. Y después de caminar 3 horas sin que le dirigiera la palabra ni a ella ni a Toby. Llegaron a un lugar donde habían botes, como un atracadero. Abrazó al niño que se puso a llorar que quería volver con él. La miró fijamente a Pamela y sin decirle una palabra se dio vuelta y volvió por el camino andado.

Pamela corrió al ver gente común, les preguntó dónde estaba y le indicaron el paraje, el nombre y que era el lugar donde pasaban barcos de turismo. Esperó el que llegaba y después de contar su pequeña historia la dejaron subir al primer barco que llegó. Luego de viajar 5 horas hasta el lugar donde había salido con su grupo. Allí explicó lo acontecido y le dijeron que varios habían muerto en el incendio y que a 8 los encontraron y a ella con su hijo los dieron por perdidos.

Volvió a su casa. Toby no quería ir a la escuela, quería volver con Reno al que admiraba por su fuerza y bravura. Pero Pamela quiso empezar con su vida de siempre, era maestra y en las clases a las que asistía pronto se dio cuenta que no podía seguir adelante. Las casuchas de madera, la amabilidad de las indígenas, el recuerdo de todo lo vivido, hacía mucho peso ya en su vida.

Sus parientes la habían dado por desaparecida y cuando apareció se pusieron contentos. Pero su vida solitaria con su hijo seguía igual que antes del viaje turístico. Pasaron 20 días, cuando sintió que una nueva vida se anunciaba en su vientre, un hijo de Reno no lo podía creer y estaba feliz con su sorpresa. Tomó una decisión, compró inyecciones, medicamentos, todo lo que se necesita para primeros auxilios y le pagó a un médico para que la acompañara. Ella ya no era de esa sociedad, ella pertenecía a Reno y su tribu.

Volvió a hacer el viaje de retoño explicándole al médico cómo era la gente de ese lugar y que quería que los visitara una vez por mes. Que abriera, con su ayuda, una pequeña clínica y vacunara a toda esa gente. Ella le pagaría con el alquiler de su casa pues ya no volvería allí.

Eran las 18 horas cuando cansada de caminar divisó las casuchas a lo lejos. Alguien los había visto y sintió el sonido de repique de tambores anunciando al poblado que visitas venían. Reno salió al camino y la vio... corrió como si un huracán lo persiguiera y al divisarlo, Toby comenzó a correr también y llamarlo. Se abrazaron como padre e hijo. Después lo bajó y miró a Pamela. Esta le estiró los brazos con una dulce sonrisa que sólo hablaba de esperanza. Se fundieron en un abrazo fuerte, mientras el médico los miraba emocionado, ya sabía la historia.

Pamela caminó junto a Reno tomados de la mano, gesto que ella le había enseñado. Llegaron y fueron recibidos con tanto cariño y alegría. Con su forma de ser Pamela había logrado de este pueblo indígena que la adorasen. Se sentaron junto a los jefes y ancianos, Pamela les explicó lo que quería hacer. Estuvieron de acuerdo, todo lo que venia de ella estaba bien visto.

Toby se fue con sus amigos, al médico lo ubicaron en una cabaña y Reno llevó a Pamela a su nueva casa. Reno vivió este tiempo esperándola y había construido algo más confortable con dormitorios y separaciones con cocina y baño tal cual como ella le contaba que vivían fuera de la selva.

Esa noche en medio del silencio del cuarto en que estaban, sólo se oía el chasquido de besos y después de amarse profundamente, de sentir que estar con Reno era volver a la vida, le dijo vamos a tener un hijo. El rostro oscuro de Reno empalideció, quedó mudo y perplejo en un primer momento era tocar con sus manos el cielo, poder tener de esta mujer a la que amaba tanto un hijo.

La levantó en sus brazos, la hizo vestirse y a los gritos en medio de la noche en la puerta de su casa le anunció a todos que un nuevo heredero iba a nacer. Se sintió un cántico general de alegría, de como ellos anunciaban los nacimientos, y era la música más hermosa que Pamela había escuchado a través de sus voces.

Tarde en la madrugada se retiraron y se acostaron. Sonrisas de felicidad había en sus rostros dormidos. Pamela, la mujer rubia perdida en la selva, había encontrado su gran amor y su vida al lado de Reno, un indígena de piel oscura que la había hecho vibrar en su cuerpo y en su corazón.

Todas las personas fueron vacunadas, se hizo rápidamente una casita para recibir al médico una vez por mes. Con el tiempo, él traía enfermeras porque había mucho trabajo. Lentamente empezó a venir gente al poblado, se hizo más grande el camino. Caballos con carruajes iban y venían.

Pamela logró llevarlo a Reno a la ciudad, éste estaba espantado, sólo quería volver a su lugar. Pero le daba el gusto a Pamela, hasta lo hizo ponerse un traje y zapatos. Era buen mozo así vestido, le faltaba elegancia, pero tenía un no sé qué todos lo miraban, los ojos oscuros grandes que sólo desaparecía su dureza cuando miraba a Pamela, su diosa como él la llamaba en su idioma.

Esta mujer ayudó a que este poblado se modernizara, cuando iban a la ciudad Reno con ojos ávidos miraba todo para volver y tratar de hacer en su pueblo todo las mejoras que se podía.

El tiempo pasó y tuvieron tres hijos más 2 mujeres y un varón, más Toby, que con el tiempo Pamela lo convenció que fuera a estudiar medicina a la ciudad. Aparte de la clínica, abrieron una escuela. Logró que las mujeres se vistieran un poco más al verla lucir a ella, y a los hombres también.

Aprendieron el idioma portugués ya que esto sucedió en Brasil hace muchos años. Ese lugar creció y hoy en día es un lugar donde la gente va de vacaciones. Vivieron con felicidad y Pamela ayudó mucho en el crecimiento de este poblado.

Ellos no viven, pues esta historia sucedió hace 70 años, sólo están los nietos de Toby, que quedaron en la ciudad y a través de ellos escuché esta historia cuando vivía en San Pablo en 1963.

La conté porque el amor no tiene color de piel. Lio había nacido por el año 1930, había llegado a este mundo con un peso irrisorio... no llegaba al kilo doscientos... y tuvieron que tener los máximos recaudos para que siguiera con vida... muy delicado estaba.
Pero su fuerza interior ya de pequeño le hacía pasar el día a día. Sus padres se esmeraban para cuidarlo y en dos meses recuperó el peso de un niño normal al pasar del tiempo crecía sano y fuerte, pero su hogar era de una pobreza tremenda. Su familia se agrandaba con la llegada de muchos hermanos, a pesar que eran tan pobres, soñando que algún hijo traería el pan debajo del brazo... y así, pasaron rápidamente los años sin que variara la situación de ese hogar.                                       

                                                                                                                          Betty Alter