Betty Alter

LA ABUELA

Se acuerdan lo que era 18 de julio, florecía esa calle entre Andes y Ejido.
Las jóvenes de esa época vestían con sus polleras tubo por debajo de la rodilla mostrando esas cinturas divito tan excitantes con sus caderas que tenían un ritmo cadencioso al caminar y moverse,

Hacía dar vuelta la cabeza a más de uno que siempre en grupitos iban y venían... recorriendo nuestra principal avenida. Buscando conquistar a una linda chica... les costaba más que hoy.
Nosotras éramos 4 amigas y una de ellas con coche, una maravilla estábamos... loco motorizadas... Viajábamos por 18 de Julio y habíamos cruzado Río Negro cuando se puso un auto del lado de Jenny que era la que manejaba.
Eran dos los que estaban dentro de ese auto y mi amiga por la ventana le explicaba que nosotras éramos 4.
No sé cómo hicieron pero al cruzar Ejido quedamos en medio de dos coches que nos custodiaban. Yo con la ventaba abierta fisgoneaba si había algún churro. Ni cortas ni perezosas nos dirigimos a una heladería en 21 de Septiembre y Wilson, creo era una esquina muy conocida donde vendían helados riquísimos.

Nos bajamos las 4 y detrás de nosotros aparcaron nuestras custodias... Eran 4. Muchachos simpatiquísimos... nos pusimos a comer helados y a charlar. Hubo invitaciones para salir pero sólo salió una de nosotras. Bella con Walter... nosotras 3 con los otros 3 no enganchamos.
Y así empezó esta historia con salidas al principio 2 veces por semana, un tiempo después salían casi todos los días...
Nuestra amiga cada vez la veíamos menos pues estaba abocada a salir con Walter por el que empezaba a sentir un gran amor, 5 meses después de salir juntos, él ya entraba en la casa Bella.
Ella le había insistido cuándo sería el día que conocería a su familia, lo cual él se evadió contestándole que había problemas y que esto sucedería más delante.
A los 8 meses, Bella una noche se enoja, pues le preguntó si se avergonzaba de ella, que no la quería presentar a la familia...
Walter medio acorralado por fin le dijo que tenía miedo de presentarle a su familia. Ya que él tenía una abuela negra y estaba seguro que Bella lo dejaría, y le explicó a continuación.
El no soportaría esa situación, ya que salió con muchas chicas y siempre lo rechazaban por el temor a que algún día un hijo saliera como su abuela materna.
Nunca se había enamorado de verdad. Pero con Bella fue diferente. Apenas la vio en el auto sentada en la parte de atrás y vio sus hermosos ojos negros, se prendó de ella. Y encima de todo, para completar el panorama, ella era judía. Bella era una chica muy inteligente, y de un corazón enorme.
Pero recibió dos noticias, la primera que nunca se había percatado que Walter no era judío. Lo daba por sentado. Ya que ella llevaba siempre la estrella de David en su cuello, y cuando se hablaba de alguna fiesta o acontecimiento, él estaba siempre al tanto de todo.
La segunda noticia era que la abuela materna era negra......
Toda esta situación demasiado inesperada... ella amaba locamente a ese muchacho dulce tierno, las horas en que estaba con él eran nubes de terciopelo, tomados de la mano, viajaban sobre ellas soñando con el futuro. Primero se paró. Luego se sentó se paro de nuevo y en vez de explotar, de gritar, trasmitir esa sensación tan extraña que tenia.
Lo tomó del rostro dulcemente y le dijo.
- Walter, yo te quiero por encima de que no sos judío, por encima de tu abuela negra y por todo lo que tendremos que afrontar juntos los dos en nuestra vida... Mis padres se opondrán de todas las formas posibles y yo sólo tengo 17 años, soy menor. ¿Qué podremos hacer..?
Walter había cumplido 23 años, trabajaba en un estudio de abogacía... y estudiaba, le faltaba un año para recibirse de Abogado. Su familia era pudiente y le contó que su abuelo era un hombre de una familia poderosa del interior del país y en uno de los bailes que vino a Montevideo de carnaval se enamoró de Perla, su abuela que bailaba como los dioses encima del tablado de la calle San Salvador y Gaboto. Ella descendía de gente de color que habían sido esclavos, pero gracias a vivir en el Uruguay, fueron libres. El se casó en contra de su familia y lo desheredaron.
Tiempo después tuvieron 2 hijos... un varón y una niña, blancos los dos. Se fueron a vivir a Las Piedras, allí se dedicó a recoger los tarros de la leche que la gente que tenía ganado dejaba en la puerta de las chacras. Se había comprado un camioncito y luego a medida que pasaba el tiempo, se iba comprando más camiones y así su posición económica cada día era más brillante.
Estudiaron los dos hijos en nuestras escuelas laicas donde negros y blancos podían estudiar juntos.
Mi madre creció y se convirtió en una hermosísima mujer con la nariz pequeña de su padre y la elegancia nata que tenía por herencia paterna, y según ella contaba, materna también.
No había llegado a los 18 años cuando Juan, un joven del interior quedó prendado de ella y se casó al poco tiempo sin importarle el color de la piel de su madre.
Él era blanco también y tuvieron 2 hijos blancos como la leche, una es mi madre, que se casó con mi padre y que tampoco le importó que su suegro era blanco y la suegra negra. Después de toda esa historia nací yo, blanquito pero según los médicos, puedo llegar a tener un hijo mulato, eso no se puede saber.....
Y ahí estaba Bella que era tan bella como su nombre, pensando qué iba a hacer.
En primer lugar le pidió que la llevara a conocer a su familia.
Allí conoció a Perla, esa abuela alta, elegante, pulcra, culta y muy altiva. La abrazaba tiernamente al conocer al gran amor de su nieto querido.
Pasaron 2 meses más, Bella cumplió 18 años y los padres decidieron hacerle una fiesta a la hija, aprovecharon para pedirle a Walter que trajera a su familia.
Los dos tomados de la mano firmes, pidieron a sus padres que se sentaran, y les contaron la verdad.
La madre de Bella se agarraba de la cabeza, el padre tenía el seño fruncido y caminaba con pasos grandes de un lado al otro, con la manos cruzadas atrás..
Las manos juntas de estos dos chicos se apretaban tan fuertes que el matrimonio tomó aliento antes de decir que no podían seguir adelante con sus proyectos, que no lo iban a permitir.
Salieron del salón dejándolos solos a Walter y Bella y abrazados pensaban en qué forma podrían arreglar todo esto que les estaba pasando.
Fueron y le contaron todo a la familia de Walter y OH... Algo inesperado sucedió, Perla la abuela que ya intuía lo que estaban pasando a los chicos, pidió la dirección de donde trabajaba el padre de Bella.
Pasado 3 días, Perla vestida elegantemente con el cabello negro azabache estirado al máximo con un rodete y un moño en el mismo color que su blusa elegantísima, atravesó el corredor largo de la Intendencia que era donde trabajaba el Padre de Bella.
Golpeó con fuerza la puerta y entró sin esperar que le permitieran el paso. Sammi se sorprendió de ver tan madura y hermosa mujer entrar de pronto en su escritorio.
Con tono de voz fuerte y seguro le dijo
- Soy la abuela de Walter.-
Todo sucedió vertiginosamente, Sammi atinó a decirle que se sentara, sin ver un gran paquete que llevaba con ella.
Perla tenia una cultura que impresionó a Sammi. Le habló de la descendencia del pueblo judío, que había habido negros en una de las 12 tribus que se perdieron a través de las generaciones.
Y le increpó duramente. Si el Estado de Israel pudo traer a miles de familias negras de Etiopia. Encontrados después de tantos años, con simientes judaicas obtenidas en sus estudios del Viejo Testamento. Y los llevaron a Israel para seguir viviendo en su estado mezclándose todos los grupos étnicos.
¿Quién era él... ? Más importante que todo un estado judío que aceptó a los negros encontrados después de siglos, para oponerse al amor hermoso que su nieto y su hija tenían.
Sammi quedó pasmado, no se imaginó nunca una reacción así de parte de esta mujer, que a continuación puso el paquete en la mesa... diciéndole de forma muy categórica 
- ¡ABRALO! 
Esa fuerza que emanaba de Perla lo hizo abrir el paquete sin pestañar. No podía creer lo que veía. 2 hermosos candelabros viejísimos, otro más con 7 brazos (la menora) y 2 copas de vino labradas de plata, típicas de hace 300 años... o más, y un viejísimo libro escrito en Hebreo. Era increíble y no llegaba a entender, sólo con sus ojos interrogantes la miró a Perla y ésta le dijo con firmeza... 
- Hace varias generaciones que esto perteneció a mi familia, nunca supimos por qué. Cuando vinieron o los trajeron de África o ni recuerdo de dónde, contaban mis antepasados. Dejaron todo cuando salieron de su país, pero este paquete lo aferraron siempre pidiendo a las generaciones que venían que lo tuvieran y que nunca se desprendieran de el. Era la única herencia que dejaban en esta tierra. Por ser negros los habían despojado de todo 
Y Perla mirándolo fijamente descansó por unos minutos diciendo a continuación
- Por esto que me acompaña debo creer que mi familia desciende de judíos de una de esas tribus perdidas-
Y Ud. no tiene derecho ni por ser yo negra ni porque Ud. es judío a objetar el gran amor que los chicos se profesan.
Silencio total y una sensación inédita en la vida de Sammi. Le costó reaccionar pero con manos temblorosas tomó el libro sagrado que estaba sobre la mesa y en un hebreo antiguo pudo leer...
NUNCA SE DESPRENDAN DE LA LEY DE DIOS..
.-Señora, es Ud. una mujer increíble. Su color no es blanco pero es evidente que tiene dentro suyo la fuerza de nuestros antepasados. Esto que ha hecho Ud. hoy por su nieto es algo que no me deja indiferente. Le ruego le pido que me deje conversarlo con mi familia y yo le daré la repuesta sobre todo lo que hoy he escuchado...
Perla se levantó, estiró su mano no sin antes poner todo lo que trajo en esa vieja bolsa y en otro bolso nuevo más grande en que había traído las cosas de plata. Y se retiro. 
Que silencio. Que momentos. Sammi pensaba que nadie nunca pudo escuchar esta historia que la sentía real. Walter era descendiente de negros y judíos. Llegó a su casa antes de lo previsto. Su mujer apenas lo vio entrar. Observó que algo muy importante estaba pasando. Se sentaron juntos y Sammi trató de relatarle todo lo acontecido en su oficina, de la forma más real de lo que él se podía explicitar.
Pasaron varios días. Bella veía que sus padres cuchicheaban constantemente. El viernes de tarde, la mama de Bella le preguntó cuántos eran la familia de Walter.
Ella sorprendida le contestó que eran 5, y la mama le dijo hoy viernes de noche quiero que le digas a Walter que vengan a casa con su familia incluida la abuela.
- Pero hoy es Shabat (sábado).- le contestó Bella, no entiendo porque justo hoy.-
- Tú haz lo que te digo y que vengan. Todos tenemos que conversar de Uds.-
Esa noche en el comedor de la casa de Bella había una larga mesa con candelabros prendidos hermosísimos que ella nunca había visto en su casa. 
Y en el medio una menora de 7 velas. Y en las dos puntas dos copas increíbles hermosas y grandes de plata que eran para beber el vino. Del sábado no entendía nada ni de dónde habían salido de pronto, todas esas cosas de plata tan antiguas, tan hermosas... 
A las 9 en punto llegaron Walter y su familia... que fueron recibidos con mucha deferencia ante la mirada absorta de Bella y Walter.
Los hicieron sentar Sammi a la cabecera delante de una de las copas en la otra punta delante de la otra copa hicieron sentar a Perla...
Sammi se paró, le pidió a todos que se pararan y en voz alta dijo.
- He conocido a una gran mujer, Perla y brindo por ella por lo que me enseño en pocas palabras y por la lección humana que me dio. Les quiero decir queridos hijos que se pueden casar cuando quieran.-
El silencio y las miradas de Bella y Walter eran de incredulidad... No podían reaccionar ante lo que escuchaban y después de un fuerte 
LEJAIM (Salud) que se dieron de una punta de la mesa a la otra brindando por el bienestar de la familia y el sábado. 
Se sentaron y comenzaron las explicaciones pertinentes a esa situación. Comiendo manjares que había hecho la madre de Bella.
Que felicidad que tenían los chicos, que contentos que estaban que todo había llegado a buen término. Y sus padres habían entendido que el amor lo puede todo en esta vida...
Se casaron y tuvieron 2 hijos blancos hermosísimos, y pasados 5 años Bella volvió a quedar embarazada y tuvo una nena, una hermosísima nena mulata.
Cuando el médico vio asomar su cabecita y su cuerpito de un color extraño para los padres que tenían dibujó una extraña sonrisa. Al verla cuando se la pusieron en su regazo, lo primero que pensó Bella, la abuela Perla quiere que algo de ella viva en mi hija.
Era divina la bebita.
Bella la tomó en sus brazos con un amor indefinible y una sensación de protección especial y eterna ante los posibles problemas que podrían surgirle a la niña. Pero no importaba nada, era su nena, una mulatita deliciosa que al abrir los ojitos color negro como los de su bisabuela.
Le pusieron por supuesto Perla... porque la abuela ya había fallecido hacía 6 meses y en su homenaje Walter y Bella decidieron ponerle ese nombre y así volvió a través de esa hija con una fuerza y coraje, que ya se vislumbraba con su llanto fuertísimo desde su cuna.
Perlita la niñita mulata que nació en el hogar de Walter y Bella ya hacía sentir su presencia preciosa.
Por lo que se fueron muy felices

                                                                                                                          Betty Alter