MEMORIAS DEL OTRO SIGLO
¡Sólo en Punta del Este!

Capítulo 2  (Retrospectivo)__________________________________________________________________

 Resumen de lo publicado: En plena temporada de Punta del Este, un trágico suceso estremece al sofisticado balneario: ¡se ha cometido un asesinato en sus arenas! El narrador de esta verídica historia fue designado por el dedo del Destino para hallar nada menos que el cadáver… ¡Y se trata de un novelista de cierto éxito, conocido precisamente por sus tramas de carácter policíaco, al estilo de Agatha Christie o de John Dickson Carr! Ante tales circunstancias, el comisario Noriega, jefe de las fuerzas del orden locales, intenta convencer a nuestro hombre (de quien es además un “fan”) para que lo asista en la pesquisa. Aunque el escritor aparentemente ha declinado la espinosa solicitud, el fortuito hallazgo, junto al cadáver, de una pequeña llave (inadvertida por los investigadores oficiales), más ciertas alusiones a Conan Doyle, que pellizcaran su ego, lo impulsan a emprender una investigación, bien que de forma recatada, por su cuenta. ¿Quién mató a Brunswick?

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D

esde la reposera, en la terraza, miraba hacia el horizonte en combustión. El mar parecía el mismo todavía, se dijo, aunque acaso las aguas actuales estuviesen bastante menos limpias, o bien sus propios ojos más enturbiados, que cuando se instalara allí por primera vez, siendo apenas más que un mozalbete.

Años... ¿Cuántos habían pasado ya?

 

Juntaba los párpados y se esforzaba en reconstruir aquella imagen que engalanara los espejos de 1944: arrogante barbilla, radiantes ojos celestes, áureos cabellos, una frente abultada y pálida, flanqueada de venillas retorcidas... Wunderkind, lo habían apodado y más de una vez se vio halagado por los poderosos. Pero él siempre había sido lo suficientemente avisado como para cederles los laureles y hacerse a un lado con ejemplar discreción... Ahora, aquellos jerarcas de entonces figuraban (infamemente) en la Historia, en tanto él, aquí en Punta del Este, seguía gozando de la buena vida que supiera procurarse. La altivez y el brío invernaban bajo la apacibilidad del Buen Burgués Maduro, en tanto que la abovedada frente expandió sucesivamente sus fronteras, hasta violar la rala coronilla.

 

E

ra un fresco verano... La brisa vespertina se insinuó con picante agresividad sobre su torso descubierto. Quizás fuera prudente ponerse un suéter, pensó. A los setenta largos no resulta aconsejable coquetear con las corrientes de aire, si uno quiere estar en buena forma (sonrió) para entregarse a flirteos más sustanciosos.

 

Pero se encontraba tan a gusto en la reposera, a seis pisos de altura... El bullicio de las calles trepaba hasta su nivel, aunque lo hacía bajo el sublimado avatar de casi arrullo que le conferían por partes complementarias los veinte metros a contar desde la acera y el progresivo embotamiento de su oído. No se decidió a levantarse para ir en busca de la prenda de abrigo. De todos modos, se dijo, no podía ser más que una ráfaga… En realidad no hacía frío. Personalmente, de hecho, se sentía todo lo bien que cabía esperar, dadas las circunstancias.

 

Era indiscutible que las condiciones habían ido variando con el paso de las décadas, aun cuando debía admitir que en lo básico la península continuaba siendo la misma de siempre. Su singular situación geográfica y sus irrepetibles características de balneario único en el mundo no sufrieron cambios de entidad. Él había estado en los balnearios más famosos del viejo continente, y no habría trocado a Punta del Este por ninguno de aquéllos.

 

En principio, no obstante, la razón fundamental de su afincamiento había sido la particular cualidad de aislamiento del lugar, lo cual, en los años cuarenta, lo había convertido en el sitio ideal para sus designios inmediatos. Por entonces, Europa quedaba mundo de por medio.

 

C

on el correr del tiempo, a medida que iba imponiéndose internacionalmente el renombre del balneario uruguayo, el aislamiento se desvaneció. Entonces Brunswick apeló al “camouflage”. Inmerso en una sofisticada Babel donde escandalosas “colaless” alternaban con saris indostánicos en absoluto desprejuicio, se mimetizó, revistiéndose del anonimato de lo familiar.

 

El Rin, “jet” mediante, estaba ahora tan sólo a unas cuantas horas de El Emir. Brunswick dejó su apartado chalecito y pasó a residir a una de las monstruosas “torres”, abscesos arquitectónicos brotados en la década del sesenta para asestar el golpe supremo a la prístina fisonomía de la Punta...

 

Todo el mundo llegó a conocer a “el austríaco” en las inmediaciones, y, según se permitía él suponer, todo el mundo lo apreciaba...

 

Minúsculas cordilleras encrespadas poblaron sus descubiertos brazos. Sintió que palidecía, y por fin se puso de pie para entrar a abrigarse.

 

No podía adivinar que sufrió no obedecía a ningún fenómeno meteorológico..., ni tampoco podía adivinar que su frío no obedecía a ningún fenómeno meteorológico..., ni tampoco concebía el oscuro instinto premonitorio que lo originaba.

 

(Continua)

 HEMOS PENETRADO, MERCED A UNA ESPECULACIÓN LITERARIA DE NUESTRO AUTOR, EN LA PERSONALIDAD DE BRUNSWICK, FLAMANTE VICTIMA DE HOMICIDIO ULTRAINTENCIONAL... ¿QUÉ RETORCIDOS VERICUETOS DE SU PASADO LE HAN PRECIPITADO A SU ACTUAL CONDICIÓN DE CADÁVER? ¿QUE LÉGAMOS IGNOTOS, REMOVIDOS, HAN REFLOTADO LA SED DE SANGRE DEL DESCONOCIDO ASESINO?... ¿HA SIDO LA VENGANZA O EL ODIO EL MOTIVO DEL CRIMEN? ¿O EXISTE ACASO ALGUNA CIRCUNSTANCIA, TODAVÍA ENVUELTA EN LOS VELOS DEL MISTERIO, QUE HAYA ARMADO LA MANO LETAL? ¿LLEGARÁ A DESCUBRIR LA VERDAD NUESTRO PROTAGONISTA, ESCRITOR POLICÍACO METIDO A DETECTIVE?... ¡VENDRÁN SORPRENDENTES REVELACIONES!

¡SIGA CON ATENCIÓN LOS PRÓXIMOS CAPÍTULOS DE ESTE SINGULAR RELATO!


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