MEMORIAS DEL OTRO SIGLO


¡Sólo en Punta del Este!

 

Capítulo5

 

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Resumen de lo publicado: Un misterioso homicidio ha venido a perturbar, intempestivamente, la sofisticada existencia de los veraneantes puntaesteños. El narrador del presente relato, novelista policial de cierta notoriedad, reputadamente experto en crímenes de difícil esclarecimiento, decide emprender una investigación por su cuenta, al margen de la pesquisa oficial. Los informes de un simpático y locuaz camarero del Country Club, el judío Simón, le ayudan bastante a localizar a varias personas presuntamente involucradas con la victima, un tal Brunswick, de origen europeo. En trágica secuela del asesinato, un inesperado suicidio conmueve el ambiente. El comisario Noriega busca la ayuda de nuestro escritor-detective, pero éste no se muestra decidido a cooperar…

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-¿T

 

odavía no tiene novedades sobre el otro caso? —pregunté, cándidamente, al comisario.

—Nada —la réplica cortó como un hachazo—. ¿Y usted?

Cerré la boca. Con aquello se dio por terminada la charla informal.

Oficialmente, Noriega, que me sabía presente en la coronación de la Reina, procedió a interrogarme acerca de los movimientos del difunto en los instantes que precedieron a su deceso (pues la víctima se contaba asimismo entre los asistentes a la ceremonia); y al confesarle yo que temía haber cedido por algunos momentos a los reclamos insoslayables de Morfeo, me castigó con una mirada entre desilusionada y cáustica que me deprimió profundamente.

—¡Gracias por su ayuda! —lanzó, mordaz.

—No veo por qué se pone así —protesté—. ¡Le quedan cientos de testigos extra, ahí en los jardines! Llame a cualquiera entre el público!

—¡Novedad...! —Sin duda estaba fastidiado—. ¡Sólo que lo había elegido a usted, suponiéndolo más idóneo que los demás! Por la profesión que ejerce, vio...

Tras separarnos, me puse a caminar a la ventura, irritado con todo y con todos, en especial conmigo mismo… Me había propuesto guardar reserva sobre mis subrepticias actividades de Sherlock Junior... ¡y tuve que confiárselas precisamente a Simón, el hablador compulsivo! Bien claro estaba que Noriega se había enterado por él de mis torpes andanzas...

Me volví al oír que me llamaban. Otra vez el ubicuo Simón. Comenzaba a alentar, a la sazón, cierto antisemitismo progresivo...

—¡Espere, espere...! —jadeó él, poniéndose a la de mis zancadas—. ¡Mire que camina ligero usted, cuando está enojado!

—¿Enojado? —le respondí, con un gruñido, sin dejar de andar—. ¿Y se puede saber por qué tendría yo que estar enojado?

—Porque se imagina que el comisario se burla de usted... ¡No, no! —me oprimió el brazo, con esa peculiar gentileza suya que desarmaba—. ¡No se vaya a disgustar conmigo! ¡Él está mucho más desorientado que usted…, no sabe lo que sabe usted!

 

C

 aminamos por la avenida Roosevelt, luego por la Buenos Aires, en dirección del fresco de la rambla. Había abundante movimiento —la efervescencia de la Península en temporada jamás decrece, y menos de madrugada—, pero afortunadamente nadie nos prestó atención.

Me decidí. Envuelto en el rumor de los vehículos que se sucedían, le hablé con franqueza, aunque evité encararlo:

—Ni el comisario ni yo sabemos gran cosa. Hay solamente una persona que lo sabe todo de todos, Simón, y esa persona es usted… Usted siempre está donde pasan las cosas.  ¡No pude dejar de notarlo!

Resonaron nuestros pasos durante cierto tiempo, sin que se escuchasen nuestras voces… Luego, en un lugar menos congestionado:

—Le voy a revelar algo —me dijo Simón—, pero sólo a condición de que se quede
estrictamente entre usted y yo, al menos en tanto yo viva.
¿Le parece bien?

—Estoy de acuerdo. Diga, Simón…, diga.

 

H

abíamos interrumpido la marcha. La solemnidad del momento requería que nos sentásemos, y a tal efecto nos aprovechamos del murete de cierto jardín cuya vivienda, a oscuras, parecía estar vacía.

—Usted no conoce mi nombre... completo, ¿verdad? ¡Pues me llamo Liesenthal de apellido! ¿Le suena?

Pensé unos instantes. Luego se encendió la metafórica bombilla: artículos periodísticos, programas de televisión, estadísticas de trágico horror, Nüremberg...

—¡Liesenthal! ¡El cazador de nazis! Pero yo creía...

—Ése era mi hermano mayor —manifestó él, con sencillez—. Lo mataron en el Paraguay; pero aún quedamos muchos para continuar su obra... Estuve en el Brasil, en el sesenta y seis; y en Paraguay, en el setenta y cuatro; pero ahora ya no queda mucho por hacer ahí que no pueda atender la Policía local.

”Mis investigaciones me trajeron a esta Punta..., porque supe de mis fuentes acostumbradas que aquí se escondía el único de esos demonios (fuera de Mengele, el “Ángel de la Muerte”) que se las había arreglado para escurrirle el bulto a la justicia…

Algo así como un relámpago se disparó en las profundidades de mi esclerótico encéfalo. De repente creí verlo todo claro.

—¡Brunswick! —exclamé—. ¡Brunswick..., “el austríaco”! Entonces, él era...

Simón asintió con repetido vaivén de la cabeza,

—¡Brunswick! Y pudo darse el lujo de conservar inclusive uno de sus apellidos, ya que nunca adquirió celebridad. Fue sumamente astuto: dejó que sus jefes se llevaran la gloria..., con lo que obtenía a un tiempo la buena voluntad de éstos y una futura impunidad. Sin duda (y no sorprende en una mentalidad como la suya) ha de haber tenido todo fríamente planificado desde un principio, en previsión de un eventual vuelco a favor de los Aliados… ¡Y hasta estas tierras acabó por llegar, procurando eludir su castigo.                                                                                                                                                                                                                             (Continua)

 

¿QUIÉN ES EL SUICIDA DEL BALNEARIO (CUYA IDENTIDAD NO SE HA REVELADO AÚN)?... ¿TENDRÁ EFECTIVAMENTE SU MUERTE ALGUNA CONEXIÓN CON EL ASESINATO DE BRUNSWICK?... ¿QUÉ RELEVANCIA EXISTE EN EL RECIÉN EXPUESTO PASADO DEL HOMBRE ASESINADO? ¿ACASO LE HA ALCANZADO EL LARGO BRAZO DE LA VENGANZA, EXTENDIÉNDOSE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y LA DISTANCIA PARA EJERCER SUMARIA JUSTICIA SOBRE UN CRIMINAL QUE LOGRÓ EVADIRSE DE LAS LEYES INTERNACIONALES?... ¡HABRÁ RESPUESTAS PARA TODOS LOS ENIGMAS... Y NINGUNA DEJARA DE ASOMBRARLE!... ¡NO SE PIERDA LA CONTINUACIÓN DE ESTA APASIONANTE HISTORIA DE CRIMEN Y MISTERIO!



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