Última noche roja

CAPITULO IV


SOTELO se aproximó a Lopescu. Ahora se sentía más afín al Gordo, unidos ambos en la misma gelatinosa estupefacción. Oían los sollozos de Jorgensen, y ninguno de los dos conseguía explicárselos.
Jorgensen los miró al fin. Tenía ensombrecidas las pupilas, y una profusión de venillas rojas las circundaba; pero de algún modo Sotelo se dio cuenta de que había logrado controlarse. Tras su profunda respiración se escuchó su acento enronquecido:
-¡Cometieron un crimen!
-¿Qué decís? ¿Un...? ¡Pero si él casi te...!
-No merecía morir así, Sotelo. ¡No debiste matarlo!
El sudamericano, enmudecido, lo miraba sin atinar a nada más. La boca le tembló, esforzándose por articular las palabras.
-¡Pero si... estabas en peligro! -barbotó al cabo-. Yo quise...
-¡Vimos cómo te atacó ese demonio! -chilló Lopescu-. ¡Sotelo te salvó! ¡Ese monstruo quería chuparte toda la sangre! ¡Era un...!
Jorgensen estiró los brazos para oprimir un hombro de cada compañero. Se transparentaban fuerza y autoridad en él: los otros callaron y esperaron.
Una sonrisa ácida tironeaba de los ángulos de la boca del científico; pero no separó los labios sino para inquirir:
-¿Cómo lo sabés, Gordo? ¿Cómo sabés lo que era?
-¡Demonio! ¡DrakUL! ¡Vrolok! -Profirió Lopescu-. ¡Eso es lo que era! ¡Sé cómo son! ¡Los conozco!
Jorgensen suspiró, con un meneo de cabeza.
-¿Y vos, Sotelo? ¿Qué sabías vos cuando le disparabas, eh?
-¡Caracho, Jor! ¡Te atacó! ¿Qué esperabas que...?
-No sabían nada. ¡Ninguno de los dos!

ALGO HELADO y sombrío comenzó a expandirse dentro de Sotelo; algo que aún no tenía nombre, pero que le infectó con un creciente sentimiento de culpa y también con una oscura variedad de miedo. Como no pudo identificarlo, nada dijo durante algunos instantes; luego, un resorte de rebelde cólera saltó por encima de todos los recelos, y se defendió:
-¡Saber! ¡Saber! ¿Cómo diablos...? ¡Pero si hasta en los mismos dibujos ésos se mostraba...!
Jorgensen sacudió una vez más la cabeza. Parecía enfrentado a un par de niños.
-No es lo que se muestra en los dibujos -dijo-, sino lo que vieron los ojos de ustedes. Los ojos terrícolas de ustedes.
"Escuchen -prosiguió, deteniendo las protestas de los otros dos-.Vinimos a este planeta dispuestos a expoliar todo cuanto pudiéramos de los restos de una civilización extinta. Y en algún momento nos lamentábamos de no disponer de medios que nos permitieran hurgar más a fondo. No había, o no descubríamos, inscripciones grabadas, o antiguas bibliotecas providenciales... Pero como buenos terrícolas del Tercer Milenio, dábamos por hecho que no nos iba a resultar difícil formarnos ideas aceptables, aun en base a la precaria información de que nos proveían las imágenes de los bajorrelieves...
-¡Y claro! -interrumpió Sotelo-. Alguna experiencia tenemos en la cosa, y hasta ahora...
-¡Ah! -exclamó Jorgensen-. ¡Ya salió! La bendita experiencia. ¡Justamente eso es lo malo! Nada censurable habría en sacar deducciones a partir de los testimonios arqueológicos..., siempre y cuando se hiciera con objetividad. ¡Pero ninguno de nosotros, por entonces, estaba en condiciones de ser verdaderamente objetivo!
-¡Era un demonio chupasangre! ¡Un nosferatu! -se empecinó Lopescu, sin prestar atención a la actitud de Jorgensen-. ¡Podés discutírmelo un año entero, sin que...!
-¡Cerrá la boca de una vez, Gordo! -restalló Sotelo-. ¡Ya me tenés harto con tu cantinela! Dejá que Jorgensen se explique..., ¡por más disparatado que parezca!
Jorgensen volvió a suspirar. Los observó un instante, y después se sentó en el piso, esperando que lo imitaran. Una vez que lo hubieron hecho, él continuó, en tono muy sereno, pero también muy firme:
-No vayan a creer que no los entiendo. Yo mismo, en el fondo, no era muy distinto a ustedes en lo básico... Pero ahora todo cambió..., ¡porque ahora yo sé!

"EL NOMBRE de este mundo fue "Gluikki"..., una hermosa palabra de su lengua única, que vendría a significar algo así como "Jardín fragante"... Y en verdad estaba bien aplicado, al menos si se piensa en las fases finales de la espléndida cultura que llegó a florecer aquí.
"Eran unas criaturas sabias y bondadosas, que habían aprendido a convivir en verdadera libertad, sin permitir que los avances tecnológicos ahogasen a la prístina sensibilidad estética, imbuida en ellos al cabo de cientos de generaciones regidas por la paz y el entendimiento mutuo... Llegó un día, no obstante, en que los inescrutables designios de algún Poder supremo dispusieron que esta admirable civilización desapareciese. Sin el tormento de la agonía cósmica, sino tan dulcemente como viviera..., igual que el perfume de algunas flores se desvanece cuando se pone el sol. 
Jorgensen expelió aire, aliviando a un tiempo pulmones y garganta. En lo profundo de su mente se operaba insólita avalancha: gris sobre rojo, negro contra azul..., la ironía de un trágico e inevitable encuentro al extremo final de un arco extendido a través de miles de años-luz.
-Ese desventurado ser que quedó tendido afuera -siguió diciendo-, había conseguido sobrevivir durante eternidades al peso de una soledad aterradora. Aguardaba en vano el retorno de una raza perdida..., una raza de la cual había sido complemento, siendo a su vez complementado por ella, como las aguas lo son con la tierra y el día con la noche.
"Si pudiéramos practicar una autopsia del cadáver... Pero, ¡qué digo! Ya debe ser tarde: el proceso de descomposición estará seguramente en sus etapas finales... Quizás ni siquiera queden cenizas ya. ¡No es como nosotros! ¿Se dan cuenta? ¿Les cabe en la cabeza? ¡Nada de lo que hay en este mundo tiene nada que ver con lo que ustedes o yo conocíamos!
"Nos atrevimos a salir Afuera; dejamos atrás la atmósfera terrestre, pero ese antropocentrismo incurable que llevamos dentro se nos quedó pegado. ¡Oh, por todos los Cielos! Alguna vez creímos que la Madre era el ombligo del Universo; nos costó centurias llegar a admitir que ni siquiera habitamos en los suburbios de una galaxia perdida entre miríadas de otras similares... Pero hasta ahí llegamos. La Madre podía no ser el centro; aceptado. Pero ¡por Dios que el excelso Homo Sapiens sí lo era!
"Los cráteres de la Luna, Marte, Mercurio, etcétera; la estéril desolación de un Sistema completo, incluso nuestros pininos algo más Afuera, casi nos convencieron: éramos únicos, estábamos solos. ¿Y cómo podría ser de otro modo? Imágenes y semejanzas del Creador (por supuesto que antropomórfico también El), el Cosmos era propiedad nuestra, y fabricado, ¡oh, Cristo!, a nuestra hechura y conveniencia... Un territorio más para arrasar a capricho, reiterando nuestros esquemas ad infinitum. ¡Oh..., sensacional! 

LA RISA de Jorgensen viboreó en los oídos de sus compañeros. Era acre y sapiente: ellos no comprendían aún del todo, pero un nebuloso instinto los inhibía de interrumpir.
-Si fuese posible, ahora, observar por dentro la cabeza de... él -recomenzó Jorgensen-, por medio de un videoscanner, constataríamos un hecho sorprendente: los colmillos están huecos. 
-¿Eh? -barbotó Sotelo-. ¿Cómo..., huecos?
-Hay unos canales que los conectan directamente con la masa encefálica..., ¡y esa masa encefálica, fíjense, no es como las masas encefálicas que conocemos!
"Sería demasiado complicado de explicar en detalle; pero, a grandes rasgos, sus procesos mentales pueden describirse como tangibles y fluidos. ¡El puede..., podía, literalmente, transferirlos! No como lo haríamos los humanos, por medio de las artes o de la literatura; no, sino en forma directa y concreta.
"Su memoria se condensa en psicolinfa -no encuentro, por el momento, un término más apropiado, aunque su lengua desde luego lo tiene-; y es una necesidad vital para él..., lo fue, ofrendarla a otros seres... Su "mordisco" la introduce en la coriente sanguínea, sobreviene un letargo, y luego uno se encuentra enriquecido con un conocimiento que jamás tuvo antes.
"Así perviven la cultura, las tradiciones, la historia de esa gente singular. Así es como yo, ahora, disfruto del regalo más generoso que una raza puede brindarle a otra: se me obsequió la Historia viva de un mundo. ¡Y el pago por ese don inestimable fue la muerte violenta!
Lopescu parpadeaba, con la boca entreabierta, como pez que se ahoga fuera de la charca. Sotelo lanzó un salivazo.
-¡Maldita sea! -gruñó roncamente.

-LO MÁS TRISTE del caso -añadió Jorgensen, en tono abatido-, es que Drak Ul era casi único en el Cosmos. El y unos pocos más son fruto de la Urdimbre Primigenia, por así llamarla: un puñado de longevos individuos dotados de una facultad maravillosa, desperdigados a lo ancho del Universo y a lo largo de la Eternidad, con el único cometido de... servir. 
"Y sirvieron, y se les amó y se les reverenció por ello. Y se les acogió con muestras de alegría y de gratitud, dondequiera que estuviesen, por ser lo que eran y por hacer lo que hacían. Hasta que, para su desgracia, uno de ellos se encontró con el Hombre.
"Ya es inútil lamentarse. El hecho está irremediablemente consumado. Inútil, también, ponerse a buscar culpas... Quizás debió pasar todo tal como pasó, a fin de que de una buena vez nos decidamos a crecer.
Jorgensen posó las manos sobre sus dos amigos. Ellos captaron todo el calor, toda la comprensión, y todos se sintieron plenamente unidos por primera vez desde que se conocieran.
El grito del abulí onduló lentamente, ascendiendo al encuentro de las lunas bermejas, ya casi al cabo de su viaje hacia el fondo del horizonte. A ras del suelo, la pequeña tienda terrícola era un reducto aislado y extraño en medio del fantástico paisaje rojo. Solpló la brisa que preludiaba al amanecer, y las cenizas de Drak Ul se dispersaron.
-Algo positivo quedó, a pesar de todo -meditó Jorgensen, con afecto-. Somos depositarios de una preciosa información; con nosotros vendrá, de vuelta a la Madre. Gracias a Drak UL..., un amigo.
Sus ojos resplandecieron. Sotelo y el Gordo, bajo el calor sedante de esa mirada azul, sonrieron sin notarlo.
-¿Saben cómo se traduce esa exclamación suya -musitó Jorgensen-, ese "¡Drak UL!"que nos causaba tanto miedo? ¡Nada tiene que ver con el "Drakkul" rumano; no se refiere a demonios ni a vampiros!
"En su lengua tan sólo significa: "Para ti".

F I N

© 1994, Carlos M. Federici, World Rights Reserved