cuentos de Felix Acosta
He conocido vuestra página y mucho me agradaron su construcción y la posibilidad que ofrecen a escritores amateurs. En virtud a esto último es que les estoy enviando un par de cuentos que han obtenido premios. "Tetraedro" recibió el segundo premio en un concurso convocado por el mensuario "El sur también insiste" y "No te será tan fácil" obtuvo el "Premio Ecqus" en el Primer Concurso de Cuentos Breves: "La relación humano-animal" organizado por el Movimiento Ecqus Internacional, "Grupo Erato" y Diario El País de Montevideo. Por otros relatos o datos personales les invito a conocer mi página: http://webs.montevideo.com.uy/atsoca
Un abrazo fuerte desde Uruguay, adelante y suerte con vuestro sitio.
TETRAEDRO

Los tres nacimos juntos. Cada uno lucha por permanecer reuniendo fuerzas cuando otro está al volante. Tal vez nos respetaríamos y hasta sería posible en algún caso una relación profunda si fuéramos entidades independientes. Ninguno de los tres se identifica con el nombre legal y preferimos reconocernos con el que hemos elegido. Por eso a veces, cuando alguien de afuera se dirige al titular del momento, con el apelativo seleccionado por nuestros padres, no nos damos cuenta. En mi caso me identifico como Alejandro, por Dumas y aquello de "Uno para todos y todos para uno"; ya que mi facultad, como pretendo poner de manifiesto, es el amor a la literatura, razón ésta por la cual me encuentro ahora embarcado en esta pequeña reseña. Gioconda (ese es el nombre asumido por la chica del grupo) siempre está enojada y nos recrimina nuestra escasa pasión por el aseo. Cuando la observo acicalarse me da pena pues es evidente que su complexión física no acompaña su personalidad por más que se empeñe en tal cometido. En sus períodos de vigencia se afana en completar un curso de manicura por correspondencia pero sus manos tan toscas carecen de la delicadeza necesaria y se desanima. Cuando eso ocurre, Gurka ríe groseramente y en forma por demás notoria, pretendiendo que ella al escucharlo se largue a llorar. Gurka (este apodo fue ofrendado por Gioconda a su antítesis) es el que gana nuestro sustento montado en el amor de su vida: un camión semi-remolque de última generación que la empresa donde trabaja le confía ciegamente. Aparte de manejar, beber cerveza y tomarse a golpes de puño en cada ciudad que transita, le agrada dormir. Eso es una suerte pues de ese modo no molesta con groserías y Gioconda o yo trascendemos. Ella es en realidad quien más sabe de nosotros, o mejor dicho de nuestra existencia. Solemos conversar a veces, mientras Gurka presta atención al tránsito o les grita palabras soeces a las mujeres llamativas y a los conductores audaces y apurados. Lo hacemos muy allá dentro, no queremos que se moleste; la presencia de Gioconda lo enceguece. La odia y a veces pienso que sus actitudes vulgares no son más que una consecuencia de esa realidad, ya sea por represalia o simplemente para marcar nítidamente su desvinculación total de vida y costumbres de nuestra compañera. Yo la acepto como es y aunque no me atrevo a decírselo (menciono esto porque sé que ahora no está cerca) creo que la amo. ¡Su cerebro funciona de una manera tan armónica! Cuando está feliz es maravillosa, dulce. Y cuando consigue un hombre, tan apasionada que me consta que varios estuvieron a punto de enamorarse de ella a pesar de todo. En cambio Gurka en caso de acostarse con alguna gata del camino es brutal, recio, colérico. Exige el servicio completo y se emplea a fondo agotando y hasta lastimando a las pobres chicas. Ninguna ha podido cansarlo plenamente a él, ni siguiera la vez que se metió con dos en la pieza... Yo desconozco el sexo, mi pasión pasa por las letras. Todo lo que sé lo he percibido a través de los encuentros que ellos, cada uno por su lado, han tenido y creo que no me interesa demasiado. Si no fuera tan cruelmente imposible quisiera estar con Gioconda. Me consta que yo también le agrado pues siempre me habla con cariño y comprensión y en lugar de mi nombre se dirige a mi como "mi hermanito menor". Al principio me chocaba esa referencia pues la entendía como una descalificación, como si me subestimara, luego comprendí que aunque tal vez encierre algo de eso, también está repleta de aprecio y ternura. Creo que ella a Gurka, en cambio, no lo odia. Sólo se fastidia con él cuando recibe algún golpe y le queda magullado el rostro. ¡Que triste se pone entonces! Simplemente se repliega como un caracol y no vuelve a aparecer hasta que las heridas están plenamente curadas. Gioconda se está preparando; este fin de semana Gurka no trabaja, seguramente descansará y ella está muy fuerte y tiene planes. Yo jamás me opongo demasiado a ninguno de los dos y la veo tan decidida que ya mismo voy a permitirle que comience a disponer sus asuntos. No pude despertar a Gioconda antes que sonara el despertador para Gurka. Traté de hacerlo pero su cansancio era excesivo. Tenía el desgaste de dos noches de lujuria y parecía una lastimosa ramera de cien turnos. A él nunca le había dado tanta furia encontrar el rostro maquillado de Gioconda y anduvo por el cuarto destrozando todo lo que hallaba a su paso, bufando como un toro y vistiéndose a los apurones. Se palpaba su sufrimiento y ella en tanto, ya despierta también, gozaba de la escena con la misma intensidad con que debe haber disfrutado sus dos noches completas. Creo que mejor hubiera sido no hacerlo enojar. Cuando encontró el escondite de Gioconda tiró todas sus ropas, sus pelucas, sus cremas, rímel, perfumes y champú a la basura y se aseguró bien de entregarla personalmente al recolector de residuos. Eso sí lastimó a Gioconda, tardaría mucho tiempo en reequiparse. Yo la sentía gemir y me hubiera gustado consolarla pero Gurka estaba dispuesto a quedarse al mando mucho tiempo, ignorándonos por completo; seguramente su decisión me auguraba varios días de oscuridad y silencio. Mientras Gurka manejaba con la radio a todo volumen y hacía sonar la grave bocina como un capitán ante el timón de un crucero traté de comunicarme con ella pero fue imposible; estaba muy recogida sobre sí misma en inmóvil actitud y apenas se permitió enviarme un leve mensaje: -Solos, tu y yo habríamos podido ser felices.- Sus palabras levantaron mi animo y me dieron fuerzas para escribir estas líneas mientras Gurka descansa en mitad de su viaje. ¿Cómo no amar a alguien como ella? No entiende nada de frases ni letras pero cuando usa el idioma me hace estremecer, como en este caso, que me hizo relucir, elevándome sobre la personalidad de Gurka, tan voraz y cruel. El viaje será largo y nosotros nada podemos -quizás tampoco queremos- hacer. Ha sido terrible. Los tres estamos muy mal. Tal vez a Gurka le importe poco pero nosotros dos -yo por ella- estamos destrozados. La enfermera me alcanzó papel y lápiz y estoy escribiendo pues afortunadamente las manos y los ojos se salvaron. Gurka no andaba bien. Su último enojo con Gioconda realmente le dolió mucho y se puso demasiado pendenciero. No conocía a nadie en ese bar pues casi no iba en esa dirección. Y quería divertirse y arrollar cuanta cosa molesta encontrara a su paso. El hombre era pequeño y la mujer a su lado merecía cualquier sacrificio. Gurka se confió. Supuso que a pura impresión y arrogancia podía tomarla del brazo y llevársela sin más ni más. ¡Era peligroso el sujeto pequeño! Al primer empujón le creció el puñal en la mano. Pero Gurka creía que podía reducirle el arma a un par de mondadientes y largarlo a volar sobre las mesas. Yo que descansaba desperté con el tumulto aunque Gurka no me dejaba ni mirar. Ni siquiera llegó a pegarle al enano. Al acercarse a la distancia justa del alcance de su brazo, el hombrecito pintó un relámpago en el aire y el lado izquierdo de la cara de Gurka se partió en dos. Llevar su mano a la herida, palpar sus dimensiones y caer desmayado fue el suspiro de un rayo. En el suelo su cuerpo se aturdió de golpes; del hombrecillo, de la mujer y de cuantos quisieron hacerlo que no fueron pocos. ¡Que falta me hace hablar con Gioconda! No sé que le pasa ahora. ¿Por que no aprovecha que Gurka no tiene que trabajar por la licencia médica que se ha merecido y respira un poco? Tal vez sea mi momento. Por lo visto mis compañeros tienen pocos deseos de tomar el timón. Debería estar contento, olvidarme de ellos y trazar mis propios planes como si nunca fueran a volver. Pensar en ir al teatro que tanto me agrada. Admiro a los buenos actores que se meten en la piel del personaje. Claro que más me satisface escribir; un escritor debe meterse en la piel de todos sus personajes... ¿Y cuántos pueden encontrar lugar bajo una piel? ¡Todo el mundo debería tener un juego de máscaras a su disposición! Y seguramente, como las estrellas de cine, nueve de cada diez lo tiene. Pero hablaba del teatro… ¿Sería posible que fuera al teatro? No me dejarían y si así fuera creo que no podría hacerlo. Soy demasiado conciliador y conformista. Nunca intentaría molestarlos. Tal vez ese sea mi único mérito: ser un tipo mesurado y complaciente. Ellos pasionales, yo aburrido. ¡Qué conjunto! Parecemos tres gatos en una bolsa. Lo que sí puede hacer es leer mientras descansan y creo que es buen momento para hacerlo. Aquí se está tranquilo. ¿Me traerá la enfermera algún libro si se lo pido? He leído mucho durante estos días. Pero por que razón no lo sé, nada supe escribir. ¿Será que sólo puedo hacerlo para referirme a nosotros? Bueno, mucho no lo he intentado. Ni siquiera traté demasiado algún contacto con Gioconda. La vez que hablamos vino ella sola, muy seria y sosegada. Ninguno de los dos mencionó al tercero en discordia y debido a eso mantuvimos un diálogo muy adulto, sin sus arrebatos de histerismo. Pero fue una conversación algo extraña. Hablaba como si conociera cosas que yo jamás imaginé. Aun tengo la duda del estado actual de su cordura. -¿No escuchas, verdad?- No, no me siente ahora, descansa junto a Gurka. ¡Que contradicción; el tigre y el venado en un mismo arrullo! Vino a conversar y se sentó junto a mí cruzando muy recatadamente sus piernas como si fuera una chica decente. ¡No, perdón, no quise decir eso! ¿Cuándo se supone que una chica es decente? ¿Acaso ella roba o lastima? ¿Esta mal que busque ser feliz? ¡Pobre! Debería pedirle disculpas por haber pensado eso... Así que se sentó y me dijo muy resueltamente, como si viniera con los libros de la verdad universal bajo el brazo: -¿Quieres saber como empieza todo esto? -Iba a preguntarle si era una alusión a la pelea de Gurka, a la destrucción de sus enseres femeninos o a nuestra unión y ella, anticipándome, agregó: -Al hecho de que estemos juntos siendo tan distintos.- ¡Claro que quiero! Expresé decidido. No hay nada más importante para nosotros. ¿No? -Sí.- dijo ella afirmando esto también con el movimiento de su cabeza. En eso entró la enfermera de la tarde y sonriendo preguntó: -¿Hablando solo? -Y antes que yo pudiera hacerlo Gioconda con su vocecita contestó: -No. No es nada. -La mujer cambió su expresión dejándose cubrir por un manto de circunspección y solamente agregó que mañana me sacarán la venda de la cara; luego se fue muy deprisa. -Te decía- continuó Gioconda al quedarnos nuevamente solos -que descubrí la verdad de todo esto. Es como si hubiera hecho una regresión; quizás debido al estado tan sensible que me dejó el último arranque de furia de Gurka. ¡A ver como te lo explico! -Se detuvo un instante, buscando las palabras adecuadas y dijo: -Por favor no vayas a interrumpirme. Es algo difícil de justificar y necesito tener vía libre... Hazte la idea que en alguna parte las almas están esperando turno para regresar dentro del cuerpo de un feto próximo a nacer. Y que esto aparentemente sucede en forma muy fluida. Llegado nuestro turno renacemos con nuestra memoria en cero... ¿Me seguís? Cuando todo es normal el nuevo ser mantiene su personalidad de siempre y obtiene una nueva existencia. Pero a veces ocurre que es tal la ansiedad de los interesados que se apretujan e intentan volver a como dé lugar hacerlo. Aparentemente nuestro socio Gurka tenía mucha prisa y pocos escrúpulos y no le importó que nosotros estuviéramos antes que él. Así que empujó y provocó que entráramos juntos en el mismo embrión. Esto ocurre a menudo, pero en todos los casos que se da la situación de que dos o más espíritus (o almas; como quieras llamarles) ocupan un cuerpo, esa mixtura genera automáticamente una nueva personalidad, una nueva alma. Lo que no sucede a menudo es lo nuestro e ignoro que motivos han provocado que no surgiera una nueva personalidad dominante, ajena a nosotros tres y que mantenga reprimidas nuestras diversas pasiones... Más o menos eso dijo Gioconda y se quedó mirándome en el atardecer silencioso del sanatorio. Agregó algo sobre que me permitía continuar pues allí a ella no le interesaba estar y se fue. Gurka está mejor también. Estuvo un momento y sonreía al pasar su mano sobre el vendaje. ¡Qué tipo raro! Jamás voy a comprenderlo. Realmente me siento más cerca de entender a Gioconda que a él. Bueno. Basta por hoy. Se acerca la chica de la noche a cortar la luz y no quiero incomodarla con demandas especiales. (Si Gurka me escuchara siendo tan considerado con el prójimo la risa lo haría mojar la cama). Ahora sí que deberé esforzarme en encontrar una solución. Todo ya ha ido demasiado lejos y ellos nada podrán hacer para que las cosas sean como antes. Debo comentar las causas que motivan esta conclusión y el por qué debo decidir algo pronto... Gurka estaba con todo su buen animo para admirar la tremenda cicatriz que debido a la profundidad de la herida quedó en su rostro. Yo, que lo espiaba discretamente, no podía entender esa especie de masoquismo manifiesto en su felicidad. No se había hecho un nuevo tatuaje en su brazo para molestar a Gioconda. No era un arete colgando de su nariz. Tampoco unas nuevas botas de cuero o una campera negra con tachas. Se ufanaba y regocijaba del aspecto siniestro que había obtenido con esa cicatriz. Volvimos a casa; siempre siguiendo las decisiones de Gurka nos llevamos un buen stock de cervezas del supermercado, ignorando las miradas temerosas de todo el mundo. Y claro, Gurka bebió hasta el hartazgo y cayó dormido en su borrachera. Horas después apareció Gioconda. Estaba adormecida aun y creo que todavía no había caído cabalmente en la cuenta de todo lo últimamente acontecido. Se levantó y anduvo por allí tratando de ordenar algo del desastre que siempre deja Gurka, hasta que se cruzó con el espejo. Al verse enloqueció. Se tocaba la cicatriz con desesperación, como si quisiera quitarla a fuer de urgentes roces de sus dedos. Lloraba y gemía de una forma desgarradora tratando de asir sus cortos cabellos (no dudo que si Gurka no los usara tan al ras ella se habría arrancado la cabellera completa). De pronto se detuvo. Cambió la expresión de su semblante y una sonrisa pérfida tornó su rostro más impresionante todavía. Supe lo que pretendía hacer y dudé que camino tomar. Gioconda fue a la cocina y escogió la filosa cuchilla de cortar carne. Se acercó a la mesa y después de bajar sus pantalones, colocó sobre el borde de la mesa, íntegramente, nuestro órgano sexual. Allí dudó un instante pero yo sabía que realmente terminaría haciéndolo, así que me esforcé al máximo para despertar a Gurka. La cuchilla estaba en el aire cuando él llegó, y como la mano ya bajaba con fuerza, aun bajo el dominio de Gioconda, solo atinó a mover de lado la pelvis salvando en el último segundo nuestra masculinidad. Emitió un grito salvaje, furibundo y dijo: -¿Crees que podrás conmigo, perra? Nunca podrías... Y respiró inflando su pecho taurino con satisfacción. Se engaña. Estoy seguro que Gioconda encontraría la oportunidad de hacerlo en cuanto él se descuide. Lo haría del mismo modo en que se mandaba sus escapadas. ¿Cuánto podría resistir Gurka su vigilia? En este momento, por ejemplo, descansa, ronca como un bebé. Y Gioconda no ha venido porque sabe que el tiempo que tiene no es demasiado, ni el cansancio de Gurka tan grande, como para no sentir las emociones que necesita desplegar para cometer su acto de venganza. A mi no me cuidan; no me temen ni les provoco ningún interés. Gioconda no me habla ahora. Me acusa de traición por haber evitado que ella "impartiera justicia". Me agobia todo esto. Sé que debe terminar y solo hay una solución. Debo mantener la calma para no alarmarlos y puedan evitarlo; seguro que ellos prefieren continuar su lucha permanente pues ya se ha transformado en su forma de vida. ¿Pero yo qué? ¿Por qué debo seguir soportándolos? En este instante, mientras escribo con la mano derecha mi mano izquierda introduce pastillas en mi boca una tras otra y bebo, más pastillas y bebo. Hace más de dos minutos que lo hago. Ya casi no quedan pastillas de ningún tipo en la casa. Comienzo a sentirme mal... Hola. Soy Julián. El del nombre legal. El hijo que mis padres esperaban. Si hubiera hecho como ellos, que se bautizaron y eligieron nombres a gusto, para mí habría elegido "Dartagnan". Soy la nueva personalidad que Gioconda casi alcanza a descubrir. Pero ellos nunca sintieron mi presencia; he sido muy cauto y paciente. Es mi primera vez en el mundo. Al unirse mis padres crearon un cuerpo, al unirse ellos tres me han creado el alma. Pero no quiero vivir. Debería haber sido la personalidad dominante... ¿Y no lo he sido acaso? Como un titiritero los he ido guiando hacia la concreción de mis deseos. No podía dar la cara e intentar hacer una vida normal, sabiendo que en cualquier momento uno de ellos me llenaría de verguenza. Así que me mantuve oculto... Los oigo gritar pero ya no tendrán más oportunidades. Lo siento por Alejandro; he tratado de parecerme a él... Nos vamos. He conseguido mi propósito tras acumular fuerzas durante treinta años para este momento. Siento mucho sopor; estoy muy mal. Las pastillas nos arrastran; ellos nuevamente a la fila y yo por primera vez... Creo que ha sido lo mejor para los cuatro todo termine aquí ya.
(FIN)
Félix Acosta.