Biografía del Che

 

Ernesto Rafael Guevara de la Serna, "Ernestito" para las amistades, "Teté" para los familiares, 

"Pelao" para sus compañeros de secundaria, "Fuser", "Tito" y "Chancho" jugando al rugby, "Chag-cho" redactando la revista Tackle, "Dr. Ernesto Guevara" en su día de graduación, "Che" antes de ser "Comandante" en la Sierra Maestra de Cuba o el "El Francotirador" escribiendo para El Cubano Libre y Verde Olivo; y "Tatú" fue su seudónimo durante su campaña en el Congo, "Ramón" o el "Saca Muelas" en Bolivia; con todos esos nombres, apodos o seudónimos, se conoció a un hombre que dejó la senda trazada para todos los pueblos que queremos vivir  sin ser explotados y de tener una vivienda digna, salud, poder estudiar, hacer deportes, exigir sólo ser nosotros los que manejemos y controlemos a nuestra voluntad el esfuerzo de nuestro trabajo y decidamos nuestro propio destino. 
Como todos sabemos, y para los que no saben, él murió por la causa justa, de terminar la explotación del hombre por el hombre, para que todos pudiéramos vivir como un ser humano tiene el derecho de hacerlo. Él murió asesinado, como hace más de dos mil años atrás, también así murió Jesús Cristo. 
   "El Che murió, pero para vivir" dentro de los corazones de todos los pueblos explotados del mundo.


Fue el primogénito del matrimonio de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna y de la Llosa. 

El padre era de descendencia española por vía paterna e irlandesa por vía materna; nació el 11 de febrero de 1900 y era el sexto de once hermanos y bisnieto de uno de los hombres más ricos de Sudamérica, pero a través de los años su familia, por diversas razones, perdió prácticamente toda su fortuna y lo único que quedaba eran recuerdos y memorias aristocráticas que no tenían ningún valor monetario dentro del circulo social que vivía y frecuentaba. 
La madre de Ernesto Guevara Lynch fue Ana Isabel Lynch y Ortiz, quien nació en el estado de California el 15 de junio de 1868 y falleció en marzo del año 1947. Su padre, Roberto Guevara Castro, también nació en California, y falleció cuando Ernesto tenía diecinueve años. 
Ernesto era un constructor que abandonó muy poco antes de recibirse, sus estudios de arquitectura. Prefirió orientar sus esfuerzos y talento para desarrollar negocios de distintos índoles, de los cuales todos terminaron en rotundos fracasos comerciales.
Poco antes de conocer a su futura esposa, él había invertido casi toda su herencia en un astillero propiedad de su primo segundo Germán Frers que se dedicaba a construir yates.
Ernesto desempeñaba las funciones de supervisor hasta que un amigo lo entusiasmó con la idea de que se podía hacer fortuna cultivando yerba mate.

Celia de la Serna y de la Llosa era descendiente del último virrey del Perú, el General José de la
Serna e Hinojosa, de origen vasco, quien fue derrotado y capturado en Perú en la batalla de Ayacucho por el mariscal venezolano Antonio José de Sucre el día 9 de diciembre del 1825. 
Celia nació en el año 1906 y tenía casi 21 años en el momento de contraer nupcias. 
Era huérfana; su padre, el doctor Juan Martín de la Serna, profesor de leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, embajador, político, falleció casi inmediatamente de su hija nacer y Edelmira Llosa, la madre de Celia, lo siguió muy poco después. 

Ellos fueron poseedores de una fortuna muy importante y mantenían fuertes raíces anticlericales.


La joven Celia, siendo la menor de siete hermanos, fue criada por su tía y su hermana mayor Carmen, quien en el 1928 se casó con un poeta de filiación comunista llamado Cayetano Córdova Itorburu. 
Celia se educó y se graduó en el colegio francés del Sagrado Corazón, de la ciudad de Buenos Aires. 
En su juventud fue una persona muy independiente, a la cual le interesaba enormemente la política, fue activa en el movimiento feminista y luchó por el derecho del voto para las mujeres de su país.
Pese a que se había educado en un colegio católico, llegó a un completo acuerdo con su esposo de no participar o pertenecer a ninguna religión, y con esas mismas ideas ellos inculcaron a sus hijos.

En una entrevista, Don Ernesto manifestó sobre la personalidad de su esposa: 

"...la consideraban extravagante, excéntrica. Pero lo que chocaba a los demás en ella, me gustaba a mí: su inteligencia, su carácter independiente y amor a la libertad...".

Las leyes argentinas que regían en esa época dictaban que las mujeres para poder casarse o cobrar sus herencias sin el consentimiento de los padres o tutores, necesitaban tener veintiún años ya cumplidos. Celia le solicitó éste a su familia y se lo negaron, ella ya se encontraba embarazada, entonces pretendió que se fugaba y se escondió en la casa de una de sus hermanas mayores; el plan concebido dio resultado, porque forzó a la familia a dar el consentimiento. 

Pero igual debieron recurrir a la justicia para cobrar parte de su herencia. 

El jueves 10 de noviembre de 1927, Ernesto y Celia contrajeron matrimonio en la casa de su hermana y los recién casados inmediatamente emprendieron la aventura de irse a vivir al yerbatal que habían comprado, a la distancia de mil doscientos kilómetros de Buenos Aires, en Puerto Caraguatay, en una casa que hoy aún existe (foto) que construyó con sus propias manos Ernesto, cerca de las orillas del río Paraná, al noroeste del país, en la provincia de Misiones. 

 

ERNESTITO o TETÉ 

Siete meses más tarde, cuando la joven estaba casi pronta a parir el bebé, y para tener más seguridad y darlo a conocer al resto de la familia y amigos, decidieron volverse a Buenos Aires.
El barco en que viajaban hizo una estadía a orillas del puerto natural del río Paraná y perteneciente a la provincia de Santa Fe, y muy poco después de desembarcar, Celia sintió los primeros síntomas que se le adelantaría el parto y comenzó a tener contracciones y, antes de lo previsto, ese mismo día, nació el primero de los cinco vástagos del matrimonio. 

 

Consta en un acta firmada al día siguiente por el padre y los testigos que el día jueves 14 de junio de 

1928, a las 3:05 PM, en la sala de maternidad del hospital Centenario, en la provincia de Santa Fe, ciudad de Rosario, Argentina, nació Ernesto Rafael Guevara de la Serna, "Ernestito" para los de afuera de la amistad de la familia y para los íntimos "Teté", apodado cariñosamente por su tía Beatriz. 
Poco después del parto, al recién nacido los doctores le diagnosticaron neumonía.
El matrimonio alquiló un apartamento situado en la calle Entre Ríos 480 en la misma ciudad de Rosario. Viajaron allí un día a visitarlos, Ana María la abuela paterna y las tías Ercilla y Beatriz Guevara Lynch.
Dos meses más tarde, cuando la salud del pequeño se había mejorado y no corría más ningún riesgo, Ernesto y Celia decidieron de continuar el viaje que habían planeado de ir a Buenos Aires. 
En su retorno a la capital, el matrimonio con el bebé residieron en un apartamento ubicado en las calles Santa Fe y Guise. 


El matrimonio tuvo en este orden: Ernesto, que fue llamado así en honor a su padre; Roberto, en 

memoria de su abuelo paterno; Celia, en honor a su madre, Ana María, a su abuela materna y Juan Martín a su abuelo paterno. 
Todos cursaron estudios superiores: Ernesto se recibió de médico; Roberto, abogado; las dos hermanas se graduaron de arquitectas, igual a la profesión de su padre; sólo el hermano menor Juan Martín nunca llegó a tener un título profesional, pero hasta el final del año 2002 era el director de una empresa distribuidora de habanos en Argentina.

 

En el mes de marzo de 1929, después de estar ausentes por unos meses, regresaron a Misiones. 

Allí contrataron como niñera a Carmen Arias (foto), oriunda de Galicia, la cual hasta el momento que se casara en el año 1937, cuidó esmeradamente a Teté; durante todo ese período ella fue considerada como un miembro más de la familia.

  Celia siempre fue una buena nadadora y le encantaba ir a nadar diariamente en el río Paraná. En el mes de octubre de 1929, estando seis meses embarazada del segundo hijo, se encontraba nadando en el río cuando una fuerte correntada se la llevaba, y si no fuera por dos empleados del yerbatal que le tiraron una cuerda, ella casi se ahogaba. 
Después de ese incidente, decidieron marcharse de Caraguatay, el segundo hijo estaba casi pronto a nacer y el yerbatal no rendía lo suficiente. 
Además, para la joven Celia, con el cambio de vivir en una ciudad como Buenos Aires e irse a un lugar tan asolado y alejado de sus costumbres, no le fue muy fácil llevar esos últimos veinte meses. 
Una semana les llevó el viaje de regreso, trayecto que nunca más volverían a realizar Celia o Teté. 

En la llegada a Buenos Aires, la familia alquiló un hermoso chalet que se encontraba situado en la calle Alem, en una exclusiva zona al norte del barrio San Isidro, Buenos Aires, propiedad de su cuñado Martín Martínez Castro y María Luisa Guevara Lynch "Maruja", la finca estaba a una corta distancia del Astillero Río de la Plata en la localidad de San Fernando. El astillero, debido a la crisis que azotaba a todo el mundo en ese momento, se encontraba financieramente en cero. Más tarde ocurrió un sospechoso incendio que casi dejó en la ruina a la familia Guevara de la Serna. No estaba asegurado, se dice que su pariente se olvidó de renovar la póliza del seguro. 

El día martes del 31 de diciembre, en esa finca, contra todos los temores injustificados, nació satisfactoriamente Celia y ese mismo día Teté sufrió una fuerte ataque de tos. 
En esta misma casa, el día viernes del 2 de mayo de 1930, en una húmeda y fría mañana casi al final del otoño con un fuerte viento, Celia como de costumbre fue a nadar a la piscina del club Náutico, yendo con ella ese día Teté. La inexperiencia de Celia la llevó a dejar al niño por largo tiempo al aire expuesto a las inclemencias del tiempo, el resultado fue un fuerte ataque de tos que se agravó y él tuvo una temperatura elevadísima que derivó, según el diagnóstico primario del médico, en una bronquitis asmática, sin grandes complicaciones, pero ya estaba enfermo con un asma crónica.

 

La enfermedad, en vez de disminuir, duró varios días, se acrecentó y, como es frecuente en muchos

pacientes con ese mal, la enfermedad lo atacaba durante las noches. Su padre cuenta cómo en las noches dormía junto a su cama, muchas veces el niño tosiendo hasta el despuntar de la madrugada: 
"...Yo dormía junto a su cama, y cuando Teté comenzaba a sofocarse lo tomaba en brazos, lo acunaba y calmaba hasta que pasaba el ataque, y el chico se dormía agotado. Con frecuencia eso ocurría cerca del amanecer..."

Celia era muy alérgica y sufría de asma; también, a través del tiempo, algunos de los hermanos y hermanas de Teté contrajeron alergias y asma, pero evidentemente no tan graves. 

En el año 1931, el asma del niño fue el motivo para que la familia se trasladara a un lugar cercano al aire libre. Entonces se trasladaron a la calle Bustamante y Peña, alquilaron allí un apartamento. Éste era en un suburbio elegante de la capital federal, muy cerca de los bosques de Palermo, donde habían plazas y parques, lejos de la característica humedad de la ciudad. 
En esa vivienda el día miércoles 18 de mayo de 1932, nació Roberto, el segundo hijo varón de los Guevara-de la Serna.

 

Corría el año 1933 y la familia ya tenía tres hijos: Ernestito, Celia y Roberto.

La intensidad y la frecuencia de los ataques hicieron a la familia comprender definitivamente que el niño había contraído un asma crónica y que lo afectaría por el resto de su vida, provocando la angustia de sus padres. Desesperados, consultaron a muchos médicos y no escamotaron esfuerzos o sacrificio para detener el mal, experimentaron y aplicaron vanamente todos los tratamientos conocidos, lamentablemente todavía no se conocían en esos tiempos los esteroides. 

Don Ernesto siempre recriminó a Celia por su imprudencia y la culpaba por haber provocado el mal de su hijo, dejándolo por tanto tiempo expuesto al frío mientras ella aquel día nadaba en la piscina.

Los padres obligados ya habían hecho varios cambios de residencia en busca de climas más benévolos para mejorar la salud de su primogénito, hasta que recibieron consejos médicos del Dr. O’Donell que se fueran a una zona propicia para afecciones respiratorias. Por consiguiente razón, se mudaron una vez más, instalándose transitoriamente en Argüello y de ahí se fueron al centro del país, a unos 800 kilómetros de Buenos Aires, llegando a Alta Gracia, un pequeño y pintoresco pueblo turístico a la falda de las Sierras Chicas. Ya contaba con varios miles de habitantes en ese momento, allí había un clima seco y era un popular descanso para gente que sufría de tuberculosis y otras enfermedades respiratorias.

 

La mayor parte de la niñez de Teté la vivió en ese pequeño pueblo, pero su tamaño no prohibió que la

familia siguieran su vida de nómadas. 
Al llegar, vivieron en el hotel La Gruta por un período de seis meses, lugar donde Teté conoció a Carlos Ferrer "El Calica", uno de sus mejores amigos. 
Entonces, ya que el clima de la zona le hacía bien a Teté, decidieron alquilar una casa en Villa Carlos Pellegrini. Esta finca se llamaba "Villa Chiquita" y constaba de dos pisos. De ahí en el 1937 hasta el año 1940 los repartieron entre Villa Nydia y los chalets: Fuentes, Ripamonte y Doce Chalets para finalmente volver a vivir en Villa Nydia en los años 41-42. 
Celia y su esposo sentían pasión por los libros y por esa misma razón tenían una biblioteca de varios miles de volúmenes, la que era el orgullo y el adorno principal de la casa. 
Había libros clásicos, desde españoles hasta rusos, y de historia, filosofía, sicología, arte, obras de Marx, Engels, Lenín, también de Kropotkin y de Bakunin, y de los escritores argentinos, José Hernández y Sarmiento entre otros. 
Algunos libros eran en francés, lengua que Celia conocía y que enseñaba a Teté, quien llegó a dominarla perfectamente.


Cuando Teté tenía sólo cuatro años, su madre comenzó a enseñarle a leer y a escribir. 

Después de dominar el aprendizaje, comenzó a leer libros principalmente de aventuras. Los autores predilectos de su infancia fueron autores como: Emilio Salgari, Julio Verne, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Jack London. Después en su adolescencia, ya más maduro mentalmente y en edad, se apasionó por autores de la clase de Cervantes, Anatole France, Pablo Neruda quién era su poeta preferido, Miguel Ángel Asturias y Rubén Darío. Leía también a Tolstói, Dostoievski, Gorki. 
A la edad de cinco años, sabiendo escribir, aunque con faltas ortográficas, le envió una carta a Beatriz Guevara, quien para ese entonces se había convertido en su tía preferida, que decía: 
22 de Enero de 1933
"Querida Beatriz la sorpresa es que lla sé nadar justo el día de tu cumple años aprendí a nadar recibe besos de Ernestito, desde alta Gracia." 


El domingo 28 de enero de 1934, los habitantes de Villa Chiquita se alegraron con el nacimiento de Ana María, la segunda niña del matrimonio. 

Desde el año 1936 en adelante, el niño, que tenía solamente 8 años en el 1936, comenzó a formar una conciencia contra la injusticia social. La experiencia de crecer a lo largo de varios sucesos que cambiaron el curso de la historia de la humanidad definitivamente, influenció en su formación como niño y como adulto. 

Su padre mismo lo refleja en su libro "Mi hijo el Che": 
"En Alta Gracia aprendió lo que era la miseria y la injusticia social, recuerdo a una familia, compuesta por seis chicos, compañeros de juegos de Ernesto, el padre y la madre, que vivían todos en una misma pieza y una sola cama, como abrigo sólo tenían unos cuantos trapos viejos y papeles de periódicos. Es entonces cuando posiblemente nació en Ernesto, aquella rebelión que nunca lo abandonó, contra la clase social que explotaba y oprimía a la clase obrera ... Jurado solía venir con frecuencia a nuestra casa y nos contaba las peripecias de la guerra civil, las atrocidades que cometían los franquistas y sus aliados italianos y alemanes. Todo eso ejerció naturalmente marcada influencia sobre Teté y sobre la formación de sus futuras concepciones políticas..." 

Cayetano, esposo de Carmen, estaba trabajando como corresponsal de guerra del diario Crítica, de la ciudad de Buenos Aires. Él les enviaba cartas de lo que estaba sucediendo en España.

 

Sólo teniendo nueve o diez años, Teté ya tenía actitudes solidarias. Hay una anécdota que fue relatada por Rosario González, Doña Charito, quien fue nodriza y cocinera de Teté: 
"...un día, jugaba fútbol con otros chicos y veo que regresa a la casa muy serio, y entra a su dormitorio, busca un pantalón y sale con él, yo le pregunté ¿vos donde vas con ese pantalón? contá con tu madre, y él respondió es para el "Negro" que tiene su pantalón roto y no puede jugar y además porqué yo voy a tener 10 pantalones y mi amigo ninguno, sus padres no tienen dinero, si los míos con tanta plata no pueden curar mi asma..." 

Llegaron a Alta Gracia grupos de refugiados republicanos españoles huyendo de la tiranía del gobierno del dictador Franco, y entre ellos se encontraba un médico de apellido Aguilar, de ideas republicanas. Él, su esposa e hijos fueron recibidos solidariamente como huéspedes en casa de los Guevara. 
Mientras su padre fundó y militaba dentro de un comité de apoyo a los republicanos, Teté con sus nuevos amigos jugaba en los fondos de su casa a "la defensa de Madrid".

                                                                                                                                                                       Sigue...