Biografía del Che (2°)

 

Hoy día todavía en Alta Gracia se narra una anécdota de Don Ernesto, se dice que durante la segunda guerra mundial, un grupo de ciudadanos argentinos simpatizantes nazis se juntaba regularmente en un hotel del pueblo a oír las transmisiones de radio desde Europa; entonces él con otros amigos, primero le cortaron los neumáticos a las ruedas de los autos que estaban en el estacionamiento y después se subieron al techo del hotel y le destrozaron la antena de la radio. 
Quizás el hecho más importante en la formación de Teté fue que creció a lo largo del transcurso de la segunda guerra mundial. Cuando ésta terminó, él ya era un adolescente de diecisiete años, profundamente interesado en todos los acontecimientos del momento. 
El medio ambiente familiar ayudó mucho en su formación; el ejemplo siguiente lo confirmó su hermano Martín en una entrevista, cuando recordaba que: 
"...lo que más se daba en casa eran discusiones sobre política, tanto del país como internacionales, cada vez que se reunían más de dos personas por un rato, se avecinaba una discusión..." 

Se dice que leyó todas las novelas sociales latinoamericanas de moda en aquellos tiempos, algunas de 

 ella eran las del peruano Ciro Alegría, del ecuatoriano Jorge Icaza y del colombiano José Eustasio Rivera. Desde la infancia le gustó mucho también la poesía y los versos, sus favoritos fueron Antonio Machado, Baudelaire, García Lorca, Pablo Neruda (foto), Verlaine.
Siendo adulto, se tenía memorizada cientos de poesías y aunque no se consideraba poeta, escribió varias de ellas. Cuando alguien le preguntó acerca de esta afinidad, él contestó que era un revolucionario que no había llegado nunca a poder ser poeta. 

 

Allá recién por marzo de 1937 comenzó a cursar regularmente segundo y tercer grado en la escuela José de San Martín en Villa Gracia y terminó primaria en otra escuelas de la misma ciudad, siendo todas públicas. 
La enfermedad le prohibió al niño asistir a los centros de enseñanza con normalidad, por consiguiente razón adquirió gran parte de su educación primaria en su casa, Celia su madre se convirtió en su maestra. 
A Celia, en el 1945, le detectaron un cáncer y le extirparon de un seno un tumor maligno muy activo, y en el 1950, en una operación sufrió la pérdida parcial del mismo. Falleció en Buenos Aires, el día martes el 18 de mayo de 1965, a causa de su cáncer mamario. 

En 1939, Teté se dedicaba largas horas al aprendizaje del ajedrez junto a su padre. 
Un día de septiembre, de 1939 en Villa Nydia estaba disputando una partida con su padre y éste le comentó: 
"¿Sabés Ernesto? Hoy para orgullo de todos los argentinos, participa en la olimpiada mundial de ajedrez en Buenos Aires, el campeón sin corona.¡Es un cubano el más grande ajedrecista del planeta!

Casi un cuarto de siglo más tarde, se inauguró el "Torneo Internacional Capablanca In Memoriam" en la ciudad de La Habana; fue un respetuoso homenaje al genio, su ídolo quien había tenido la suerte de conocer cuando era niño, el Grande de los Grandes del Ajedrez, José Raúl Capablanca Graupera, quien murió el día domingo 8 de marzo de 1942, a la edad de 54 años. 

Entre sus otras preferencias estaban los deportes y las excursiones por las sierras de los alrededores, o nadar en los arroyos y en las piletas a la llegada del verano, ejercicios que le eran muy beneficiosos. 

El asma no desaparecía. Hubo largas temporadas en que la enfermedad abatía completamente al niño, quien vivía prácticamente inmovilizado, pero tenía períodos en que el mal no aparecía y en esos lapsos se recuperaba rápidamente. 

En el año 1941 el Pelao conoció a los hermanos Ferrer y a otros amigos entrañables, Gregorio Patricio y Tomás Granado "Maso", éste era el menor de los tres hijos de un inmigrante español. 
Después se unió el mayor de los hermanos Alberto Granado, quien recién comenzaba el primer año de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Córdoba.
Alberto, el "Petiso", tenía 20 años, pero la diferencia de edad no fue ningún obstáculo para que él y el Pelao establecieran una amistad verdadera entre los dos.

Alberto dijo sobre eso: 
"Ernesto era estudiante de Bachillerato, mientras que yo estaba en la Universidad. Pero como él gustaba de nuestra compañía y nosotros nos sentíamos impresionados por la inteligencia y la profundidad de conocimientos, hicimos gran amistad...Es indudable que desde pequeño tenía un sentido intelectual que le permitía distinguirse en todos los aspectos de la vida..." 

Alberto era el entrenador del equipo local de rugby, "El Estudiantes" y ante la insistencia del Pelao, le dio una oportunidad a ingresar al equipo aunque estaba consciente de que el otro no tenía la complexión física requerida para un deporte tan fuerte, entonces le dijo que como regla, tenía que pasar la siguiente prueba; el Petiso comenzó a correr, dio un salto y tuvo una caída perfecta contra el piso.
El Pelao lo imitó y pasó a la primera vez el examen, pero se dio media vuelta, se incorporó e hizo lo mismo por varias veces, y en una entrevista Alberto recuerda que: 
"Si no le digo basta, todavía se está tirando...".

EL PELAO

En marzo de 1942, comenzó sus estudios secundarios y los padres escogieron el colegio Deam Funes. 

Este era público, laico y republicano, inclinado más a la clase obrera, contrario al Montserrat, un colegio privado para la clase alta y pudiente. 
Allí Teté estudió por cinco años hasta terminar el bachillerato. 
Este colegio se encontraba en la ciudad de Córdoba y fue fundado por el sacerdote don Gregorio Funes, sacerdote con ideas revolucionarias acerca de la enseñanza y por la liberación de Argentina del yugo extranjero que la dominaba en esa época. 
En su primer año de bachillerato, por usar su pelo tan corto, adquirió el apodo del "Pelao".
Alta Gracia quedaba a unos 45 kilómetros de la ciudad de Córdoba, y esa distancia la recorría diariamente por todo ese año junto a Celia, que en esos momentos estudiaba en el liceo para señoritas. 

EL FUSER

Aquí está con los tres hermanos Tomás, Alberto y Gregorio Granado con la camiseta del Estudiantes. 

El Pelao se ganó la fama de ser un jugador duro, audaz y agresivo, su grito de combate durante los partidos era:

 "¡Cuidado, ahí viene el Furibundo Serna!" 
Porque el Pelao todavía no tenía su apodo como jugador, el Petiso lo pasó a llamar "Fuser" apócope de Furibundo y
Serna, y a su vez el Petiso adquirió también otro apodo dado por Fuser cual fue "Mial", otro apócope posiblemente no por "mi Alberto" como otros sitios lo sugieren, sino por "mía Alberto" que es lo más lógico cuando alguien pide el balón a un compañero en un partido de rugby, fútbol, básquetbol, etc., etc. 
Lo que es curioso y llama la atención es que usaba el apellido de su madre y no el de su padre. 
 

A los principios del 43, Don Ernesto se asoció a otra persona y logró establecer una empresa constructora en la ciudad de Córdoba. Usaron las vacaciones de ese verano para trasladarse a una finca de dos plantas que alquilaron en la calle Chile 288 esquina con la avenida Chacabuco, vivirían allí por 4 años. Ahora los niños no tendrían que sacrificarse más en hacer la travesía diaria a los locales de estudios.

Celia que se encontraba embarazada, dio a luz al quinto y último hijo de los Guevara de la Serna. Juan Martín Guevara nació en mayo de ese año. Siendo quince años mayor que él, Fuser siempre demostró una ternura muy especial hacia el benjamín de la familia. 

  En 1945 su promedio académico era pasable en: ciencias naturales, historia, geografía y matemáticas y

había mejorado considerablemente sus calificaciones en francés, español y música, pero en la asignatura en que obtuvo excelentes marcas fue filosofía, materia que recién había comenzado por primera vez en ese grado. 

Tenía una costumbre no muy aceptada por el resto de la familia; cualquier libro que llegara a sus manos lo subrayaba o le escribía en sus márgenes comentarios y notas, eso hacía que cuando otra persona tomaba ese libro, se enfocaba en sus notas y no en el tema del libro que estaba interesada en leer. 

Como era un apasionado de la filosofía entonces, para recordar y organizar sus innumerables lecturas, cuidadosamente comenzó a extraer y recopilar definiciones, ideas y pequeñas biografías de personajes importantes. Ese fue su primer diario al que llamó "Diccionario Filosófico", estaba compuesto en siete cuadernos compaginados en orden alfabético, práctica que llevaría y mantendría hasta el día que lo asesinaron. 

En el final del año 1946, satisfactoriamente finalizó su bachillerato junto a su amigo Tomás Granado.
En el comienzo del año 1947, él y Tomás hacían un trabajo renumerado, gracias a la intervención de Don Ernesto, en el laboratorio de la Dirección Provincial de Vialidad de Villa María en Córdoba.
Era una oficina que supervisaba la construcción de carreteras y Ernesto se quedó allí trabajando durante las vacaciones de verano esperando la fecha para matricularse en la Universidad de ingeniería, como fervientemente deseaba su padre.

En ese ínterin, su abuela paterna, Ana Isabel, que tenía 96 años, se enfermó seriamente, la familia sin Ernesto, que se quedó en Córdoba, tuvo que trasladarse a Buenos Aires, para atender a la anciana. 

Pasaron a vivir en su departamento, que estaba ubicado en el 5° piso en la esquina de las calles Arenales y Uriburu en el Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires.

En Villa María, Ernesto recibió un telegrama de sus padres informándole de la gravedad de su abuela paterna Ana Isabel. Renunció al trabajo y se volvió a Buenos Aires inmediatamente. Pasó 17 días junto a su lecho, cuidándola constantemente, hasta el día que ésta falleció debido a un derrame cerebral.

La muerte de Ana Isabel fue la razón que anunciara a sus padres ese mismo día que estudiaría medicina en lugar de ingeniería como su padre deseaba, y días más tarde se inscribió en la facultad de medicina de la Universidad de Buenos Aires.

En esos días, la situación económica de la familia Guevara-de la Serna se agravó, como resultado de otra de las mal planificadas aventuras de negocios de Don Ernesto, la empresa constructora que tenía con su socio en Córdoba dio quiebra.
Todos esos acontecimientos obligaron a la familia a quedarse en la capital federal. 
No sólo los problemas económicos estaban destruyendo las relaciones sentimentales de la pareja; Don Ernesto comenzó a tener relaciones amorosas extramatrimoniales ya de un buen tiempo atrás cuando vivían en la ciudad de Córdoba, las cuales no hacía nada para mantenerlas en secreto y eso lastimaba mucho a Celia.

En ese primer año de la facultad, fue raro entre sus compañeros universitarios que Ernesto demostrara muy poco interés en la política y ningún interés en los movimientos revolucionarios estudiantiles que abundaban debido a la situación económica social y política del país, cuando sus padres, por el otro lado, principalmente su madre Celia, eran activos militantes anti-peronistas.

 

Él regresó a Buenos Aires, pero esto no le impidió de seguir practicando uno de sus deportes favoritos,

el rugby. Fuser y Roberto se asociaron al San Isidro Club de rugby, institución de la que años atrás su padre fue socio fundador.
Según versiones de Don Ernesto, los doctores un día le advirtieron que su hijo mayor tenía chances que su corazón no pudiera resistir el rigor del deporte que el joven practicaba. Entonces, temeroso por la salud de su hijo y pensando que estaba haciéndole un bien, usó la influencia que tenía dentro del club para que excluyeran Ernesto del equipo.
El joven al enterarse de los acontecimientos, se enfadó con su padre y muy disgustado se fue y continuó practicando el rugby en la reserva del equipo Yporá Rugby Club.

EL CHANCHO 

Jugando por ese equipo se ganó un apodo que para algunas personas le resultaría un poco molesto, pero a él no le importó que lo hubieran apodado "Chancho"; fue por sus aires de bohemio, en lo desprolijo que se vestía -costumbre que su padre siempre desaprobó- y de no bañarse después de los partidos. La razón era que, en los lugares que su equipo jugaba, no había agua caliente. El ya había adquirido una aversión al agua fría y las piscinas, debido a que todos las malos momentos de su salud fueron resultado de experiencias con agua fría. 
En la notas de su primer viaje, observó después de nadar dentro de un lago 20 metros y volver para traer un pato con lo que odiaba el agua fría el dijo:

"...sufrí como un beduino..." 

Y en una carta a sus padres desde Mexico les dice:

"Creo que te conté que estoy en un buen departamento y me hago la comida y todo yo, además de bañarme todos los días gracias al agua caliente a discreción que hay. Como ves, estoy transformado en ese aspecto, en lo demás sigo igual..."                                                                                               

                                (sigue...)