El día que me quieras
por Aldo Isidrón del Valle
María del Carmen Ferreira (Chichina)


Ernesto Guevara de la Serna (Che)
Voces del recuerdo ...

A Chichina
"Para unos ojos verdes cuya paradójica luz me anuncia el peligro de adormecerme en ellos". 
Ernesto 20 de octubre, 1951.
..." De Ernesto me fascinó su conducta obstinada y su carácter antisolemne; su desparpajo en el vestir nos daba risas, y al mismo tiempo un poco de vergüenza. No se quitaba de encima una camisa de nylon transparente que ya estaba tirando a gris por el uso. Se compraba los zapatos en los remates, de modo que sus pies nunca parecían iguales. Éramos tan sofisticados que Ernesto nos parecía un oprobio. Él captaba nuestras bromas sin inmutarse..."
Chichina, Córdoba año 2001

..." En Córdoba, Ernesto ejercía sobre las mujeres una gran atracción. Las chicas me decían: Alberto por qué no me lo presentás; Che, porque no le decís que se peine y use corbata. Él tenia novias y enamoradas, romances de un día, pero era muy discreto y apenas hablaba de esos amores..."
Alberto Granado, La Habana 2201.


..."Siempre tenía una chica de turno; mi hermano era un muchacho fuerte como todos, pero quizá vivió con más fuerza las aventuras amorosas..."
Roberto Guevara de La Serna Buenos Aires, 2001.


..."Los amores de mi prima Chichina y Ernesto eran páginas románticas de una época, cuentos de hadas. Ernesto pertenecía a una familia de aristócratas empobrecidos, Chichina a la más rancia nobleza argentina, heredera del imperio familiar de los Ferreira, la cantera de piedra caliza Malagueño y el Complejo fabril, una de las pocas industrias radicadas en Córdoba. Malagueño, poseía dos mil hectáreas y la estancia comprendía dos canchas de polo, caballos árabes y un pueblo feudal de obreros de la cantera. Todos los domingos la familia iba a misa a la iglesia del pueblo y ocupaba una capilla propia a la derecha del altar con su entrada particular y una baranda donde comulgaban, lejos de la masa trabajadora.
Malagueño, donde hoy vive Chichina con su esposo, hijos y otras personas, era un ejemplo de cuanto Ernesto detestaba. Sin embargo, impredecible como siempre, se había enamorado locamente de la princesa de este pequeño imperio, mi prima Chichina una niña extraordinariamente hermosa y encantadora que, para consternación de sus padres se sentía igualmente fascinada por él"
Dolores Moyano, Washington, año 2000.

..." Chichina era dulce, inteligente, espigada, con ojos verdes sensuales. Hay una foto de ellos, jóvenes amigos de Ernesto y Chichina, todo el grupo en un auto Ford descapotable y, obviamente Ernesto, que no sabía manejar, al volante, saliendo para cruzar los precipicios de la Pampa de Achala.

Ernesto y Chichina se enamoraron. La familia Ferreira se tuvo que dividir entre los que soportaban al supremo provocador y quienes no lo podían ver".
Abel Posee. (Los cuadernos de Praga), Argentina 1998.

.Ernesto y Chichina se habían cruzado por las calles de Córdoba Dios sabe cuantas veces, pero el romance comenzó en realidad, a principios de octubre de 1952, una noche durante las bodas de Carmen González Aguilar, una querida amiga de la bella adolescente"
Jean Cornier. París 1995.

..." Vi a Ernesto aquel día de octubre en el hogar de la familia González Aguilar aquí en Córdoba, venía bajando la escalera y yo me quedé como pasmada ¿ amor a primera vista? fue como un impacto que tuve, como un impacto terrible pues él bajaba la escalera y ahí nos pusimos a conversar toda la noche sobre libros y arte, cerca de semana santa del otro año volvió para declarar su amor formalmente, petición que acepté nerviosa y que condujo al primer beso fugaz"
Chichina, Córdoba 2001.
LA PRINCESA Y EL PERIODISTA

Córdoba, medio día, un día de noviembre del año 2001. Hotel Windsor, en la esquina de las calles Entre Ríos y Buenos Aires, a pocos metros del Centro Histórico de la ciudad: la Plaza San Martín, el Cabildo, la Catedral, la Universidad, la más antigua de América, fundada en 1613 ,famosa por su Reforma de la enseñanza superior...
Salones elegantes tapizados con alfombras rojas, cortinas persas y finas obras plásticas; tránsito nervioso de turistas, empresarios, ejecutivos, políticos, y huéspedes temporales del moderno recinto.

Anuncié al Gerente del Hotel Windsor mi entrevista y ordenó reservar para la dama y su anfitrión ,una discreta sala de protocolo.
La princesa, sin su séquito familiar, asistió puntualmente a la cita pactada telefónicamente la víspera. 
Caminé hacia ella. Su elegante presencia delató a la romántica protagonista de una inolvidable historia de amor, idealizada por el forastero, viejo amigo de su eterno joven galán, Ernesto Guevara de La Serna.

_ ¿María del Carmen?
_ SÍ, María del Carmen Ferreira de Sánchez Bretón.

¿Chichina?
_ Chichina para mis amistades más intimas.

Y juntos fuimos al salón de protocolo; ocupó una de las sillas elegidas para mi plática. El color tenuemente rosado, del vestido dispuesto para la ocasión, definía su exquisito gusto y sobriedad; el fino collar y los pendientes armonizaban y cubría sus piernas con medias de seda, color tostado. "Es una costumbre bastante difundida entre las señoras de sociedad que sacrifican la comodidad en aras de la elegancia, cuidando el detalle al extremo", me dice mi acompañante Alcira Vaca que asiste por invitación a la entrevista.

Chichina, exquisitamente vivaz, es de mediana estatura, rostro muy atractivo, ojos verdes "cuya paradójica luz, escribió Guevara, me anuncian el peligro de adormecerme en ellos."
Los cabellos a la altura de los hombros y un corte estudiado a la medida del óvalo de su rostro.
Observé que no cruzó las piernas y durante largos minutos permaneció a la defensiva; la distensión llegó a partir del único cigarrillo Marlboro que se permitió fumar, fue minutos después del intercambio de "credenciales" y el visado de pasaporte para penetrar en el enigmático mundo de sus recuerdos perpetuos.
Tengo la extraña sensación que el río de la historia se desliza apaciblemente, para que en el espejo de sus aguas advierta el despertar de una leyenda y pueda tejer con estambres de nieblas y agujas de estrellas, la magia de aquel romance que añeja con la fuerza de cincuenta años vividos.
Chichina fragmentó la solemnidad del instante con una pregunta necesaria: _¿ Vos conociste a Ernesto. ?
Asentí , recordé historias y le mostré documentos, fotos y otros testimonios de mi infinita simpatía, admiración y respeto por su joven galán, convertido con el andar del tiempo en uno de los hombres más grandes del siglo XX. Y al monólogo relevó el diálogo. Alcira colabora eficazmente y con el autor horas después, reconstruiría pasajes de la entrevista hecha sin el apoyo técnico de grabadores.
Fue un extraño juego a decir y no decir, en un noble empeño de ser fiel a sí misma y no quebrar quizá algún compromiso asumido mucho tiempo atrás, "pero de ello es mejor no hablar" , declara Chichina. Y de ello no se habló, pero Ernesto Guevara permaneció junto a nosotros todo el tiempo en el Hotel Windsor en una cita pactada, inicialmente para unos veinte minutos y que se convirtió en una apasionante charla de largas horas. Chichina llegó con Ernesto y marchó con él a Malagueño , iban tomados de la mano.

El primer chispazo de amor

¿En qué momento se conocieron la aristócrata y el plebeyo? pregunto a María del Carmen Ferreira.
"Fue en la boda de Carmen, la hermana de mi amigo Pepe González Aguilar. La familia Guevara viajó a Córdoba desde Buenos Aires para asistir a la fiesta de mi amiga"
Pepe González Aguilar recordó en La Habana en 1967, cuando lo entrevisté, que en la boda de su hermana, su joven amigo conoció a María del Carmen. Tenía 16 años, era la bella hija de una de las familias más antiguas y adineradas de Córdoba, y se había convertido en una jovencita atractiva, de cabellos castaños, tez blanca y tersa y labios gruesos.
La impresión que Chichina causó en Ernesto fue fulminante como un rayo.
Y Chichina me confirma hoy: " Sí, la atracción fue recíproca, me fascinaba."
Según Ernesto era una relación amorosa a tomar en serio y muchos coinciden que Chichina aunque muy joven, no era sólo coquetería femenina, sino inteligente e imaginativa. El primogénito de la familia Guevara estaba convencido que era la mujer de su vida.
Los biógrafos del Che Guevara suscriben la afirmación que era casi una aventura romántica de cuentos de Hadas, en ellos se repetía la historia de la princesa y el plebeyo y otras de naturaleza semejante.
Dolores Moyano declaró a uno de los biógrafos del Che que su prima Chichina, "para consternación de mis tíos, se sentía igualmente fascinada por él."
Pepe cuenta que las dos familias, ya se conocían desde que los Guevara habían residido en Córdoba, debido a los contactos profesionales de Don Ernesto y a las amistades de sus hijos. 
En un principio el clan Ferreira no rechazó a Ernesto, sin saber si era o no, un buen partido para la muchacha, pero cuyas excentricidades e inteligencia eran cautivantes.
En ocasiones, se reían del desaliño del joven novio, pero también escuchaban muy atentamente cuando él hablaba de literatura, historia o filosofía o relataba anécdotas de sus viajes.
Los padres de ChIchina y otros familiares, gente pintoresca para su época, no se escandalizaban cuando Ernesto abría cauces a su imaginación y a sus ansias de viajar.
La familia Ferreira era culta y sobresalía en medio de una conservadora sociedad provinciana que los idolatraba y envidiaba.
Rico y de espíritu aventurero, Don Horacio Ferreira, padre de María del Carmen, había recorrido el Amazonas, una travesía que aún hoy en el 2001, sigue siendo peligrosa; Participaba en carreras de automóviles cuando las carreteras eran casi inexistentes y piloteaba los primeros aviones bajo la atenta mirada de la abuela, quien según la leyenda familiar, recomendaba que volara bajo. Un tío de Chichina murió en la Segunda Guerra Mundial, cuando el barco que lo llevaba a Europa para unirse a las tropas del general Charles de Gaulle, fue hundido por los alemanes.
El estilo de vida Ferreira debió de ser sumamente pintoresco a la vez que estimulante para Ernesto. Empezó a viajar a Córdoba con frecuencia y durante 1951, fue un visitante asiduo en la casa de sus futuros suegros, así como en Malagueño donde su novia se reunía con un grupo de amistades, algunas de las cuales aseguraban que entre todos los parientes de la chica, quien más quería a Ernesto ,era el excéntrico tío Martín, un anciano solitario que vivía en la hacienda donde criaba sementales árabes.
El tío Martín jamás abandonó Malagueño; era un ave nocturna, un consumado pianista clásico que solía tocar para Ernesto, Chichina y sus amigos, mientras conversaban y bailaban, a veces hasta el amanecer 

1950: Amor, aventuras, el primer diario personal y otros acontecimientos.


En 1950, el joven Ernesto Guevara de La Serna, tiene 22 años; hace tres años que llegó a Buenos Aires para estudiar Medicina, elección que sorprendió a la familia.
Tras concluir sus prácticas de bachiller en el Colegio Nacional Dean Funes de Córdoba, obtuvo un empleo rentado en el laboratorio de la Dirección Provincial de Vialidad, junto con Tomás Granado. Y después de aprobar un curso intensivo sobre suelos, recibieron sendos certificados que acreditaban la condición de Especialistas y enviados a trabajar a distintos lugares del territorio. En esa época, proyectaban estudiar Ingeniería.
En marzo de 1947, Ernesto trabaja en Villa María, distante 150 Km de Córdoba. Suscribió un contrato que incluye, salario, uso de un camión y alojamiento gratuito. Allí recibe noticias del regreso de su familia a Buenos Aires después de 15 años de ausencia. La situación económica es crítica y acentúa los conflictos en el matrimonio. Guevara Lynch y su familia se instalan en el apartamento de su anciana madre en el 5to. piso de un edificio en las esquinas de las calles Arenales y Uriburu.
En Villa María Ernesto recibe un telegrama que anuncia la gravedad de su abuela Ana Isabel: "sufrió un infarto".
Renuncia al trabajo y viaja a Buenos Aires, justo a tiempo. La anciana, tiene 96 años, agoniza y durante los 17 días de su padecimiento, el nieto querido estuvo junto a ella. Don Ernesto recuerda que "todos veíamos que la enfermedad era fatal; Ernesto no la abandonó un instante, junto a ella permaneció hasta que mi madre abandonó este mundo".
Celia declaró que jamás había visto a su hermano abrumado de tal manera por el dolor; "la muerte de mi abuela fue una de las grandes tristezas en la vida de Ernesto. "

"-Quiero ser médico-" dijo Ernesto a su padre y días después solicitó su ingreso en la Facultad de Medicina. Nunca más volvió a hablar de ingeniería. Médico ¿por qué? . Años después el propio Che Guevara dio la respuesta: "soñaba con ser un famoso investigador, trabajar infatigablemente para descubrir algo que pudiera poner definitivamente a disposición de la humanidad"

El otro rostro de Argentina

"¿Mi futuro está hipotecado? " Es posible que Ernesto se lo preguntara más de una vez ,haciendo el recuento de meses traumáticos: el conflicto conyugal de sus padres, la situación económica precaria, el abrupto traslado de Córdoba a Buenos Aires, la muerte de su abuela... tiene el deber de ayudar. Es el hijo mayor y responde. Durante un año viven en el apartamento de Ana Isabel. Don Ernesto vende el yerbatal de Misiones y entrega a Celia, madre de sus hijos, el dinero para comprar vivienda 
Celia elige a buen precio, un caserón viejo y feo en la calle Araóz 2180.
Ernesto encuentra el espacio y la quietud necesarios para el estudio en el apartamento de su adorada tía Beatriz, quien durante su infancia había sido para él casi una madre, enviándole libros, regalos, medicamentos nuevos para su asma y estimulando sus actividades escolares.
Vivía en la calle Arenales a unas veinte cuadras del domicilio de Araóz. Le preparaba las comidas y se preocupaba de que estuviera provisto de remedios para su asma. Don Ernesto afirma que su hermana no dormía mientras él estudiaba, le tenía el mate a tiempo y todo con el mayor afecto.
En ocasiones, los jóvenes Guevara y sus amigos utilizaban la oficina del padre, un apartamento alquilado en la calle Paraguay, donde se entrenaban para las carreras de Medicina, Arquitectura y Derecho, y que durante un tiempo fue la redacción de la efímera revista deportiva Takle, que se editaba en pequeño formato y en la que, Ernesto escribió sus primeros artículos periodísticos con el seudónimo de Chang-Cho.
Afortunado en amores Ernesto Guevara de la Serna no tuvo esa gracia en los negocios pues, según sus biógrafos ,en este año 1950 inventó y patentó un insecticida, con el nombre de Vendaval y una venta de zapatos a domicilio. Esta gestión comercial, tuvo vida limitada. 
Hizo múltiples experimentos médicos en el hogar y los fines de semana, dedicaba parte de su tiempo al vuelo en planeador en una pista aérea lejos de Buenos Aires junto al tío Jorge.

Dicen sus amigos que las bromas pesadas de la infancia de Ernesto, encontraron en su juventud nuevos cauces en los estudios de Medicina, actividades deportivas y excursiones lejos de casa, que le producían inmenso goce y conocimientos de nuevos horizontes.

El primer día del año 1950, al finalizar su tercer año de Medicina, partió hacia el interior del país, en una bicicleta equipada con un pequeño motor italiano adaptado. Era su primer viaje en solitario y respondía al reclamo de su amigo Alberto Granado. Enfiló hacia Córdoba con la intención de visitar la población de San Francisco del Chañar (150 Km más al norte donde "Mial" trabaja en un leprosario y administra una farmacia.)

Fue una aventura inédita, 4500 km. por carreteras y caminos a través del norte argentino, que exigió poner a prueba su valor y obstinación. Interrumpía su intensa vida en Buenos Aires para satisfacer su aguda necesidad de respirar aires distintos y conocer el otro rostro de Argentina.

Un experimentado estudioso del Che Guevara afirmó que con este raid en bicicleta, inició dos actividades que se convertirían en ritos :viajar y escribir un diario personal, fue su primer viaje a solas y sintió deseos de llevar una crónica cotidiana. Recorrió 4500 Km de 12 Provincias. Llegó a Rosario, su ciudad natal y a la noche siguiente , 41 horas y 17 minutos después de la partida, "llegué a la casa de la familia Granado, en Córdoba" . Pernoctó allí varios días y se fue con Tomás y Gregorio, hermanos de Alberto, a acampar junto a un espléndido salto de agua, en el noroeste de la ciudad donde revivieron aventuras juveniles: trepando a las rocas y se sumergiéndose en las transparentes aguas de arroyuelos mansos... horas felices.

Más tarde ,va al encuentro de "Mial", en el leprosario donde su amigo explora la sensibilidad inmunológica de los enfermos. Y lo acompaña en sus visitas a los pacientes, discutiendo, a veces acaloradamente, sobre el tratamiento de algunos casos. 
Ernesto estudia las alergias en la clínica del profesor Salvador Pissani de Buenos Aires. Fue el más apasionante y estable de sus trabajos .

"El mundo de la investigación médica, escribió Alberto, era una especie de hilo conductor para los dos; nuestros intereses comunes se extendían más allá de las chicas, el rugby y los libros."

Alberto Granado recuerda hoy que su amigo Ernesto "fue un hombre con muchos apodos y regio poder de fascinación en las chicas de su época en Córdoba, Buenos Aires, Guatemala, México y Cuba".

Era "Teté" cuando niño; "Pelao" en su adolescencia (exageró el corte de su cabello) "Fúser": nombre deportivo de guerra que conquistó en la cancha de rugby. Se abalanzaba sobre el adversario al grito de "¡cuidado, ahí viene el furibundo Serna!."

Chag-cho (redactor de la revista Takle) y más adelante en el tiempo, Che, nombre de guerra que es hoy un símbolo de esperanza en el mundo; fue "Tatú" seudónimo durante su campaña en el Congo (1965) y "Ramón " en la guerrilla Boliviana (1967.)


Extraído de:
http://www.cmhw.co.cu/index.php?go=che&a=./datos/sugerencias/02_Che/2002/10/15&