Diez anécdotas sobre el Che 

Por Daima Cardoso Valdés
sacado de:
http://www.rguama.co.cu/paginas/che/anecdotas/diez.htm


Casi siempre la personalidad del Che se nos presenta como el médico que dejó atrás su profesión para abrirse paso hacia una quimera.
Es el Ministro de Industria, el presidente del Banco Central de Cuba, el impulsor y creador del trabajo voluntario, el amigo fiel de Fidel.
El Che es el hombre de Cuba, de América, de África y del Mundo. Es el hombre que saltó las fronteras de la esencia humana y nos legó un ejemplo difícil de superar.
En él convergen valores que lo hacen paradigma de solidaridad, entrega sin limites a las causas justas, desprendimiento, fidelidad y amor.
Hoy nuestra página Web pone a disposición de los amigos que nos visitan un grupo de anécdotas que reflejan el temperamento, el carácter, la valentía y disciplina de este “soldado” como él mismo se llamó. 
Anécdotas 
1- Narra Carlos Alfara que en una ocasión se envió para Guanahacabibes a un administrador de una fábrica que había cometido malversación. Cuando el Che se enteró llevó el caso al consejo de dirección y especificó: 

- De ninguna manera ese hombre va para Guanahacabibes. Ese hombre tiene que ir para la cárcel. Guanahacabibes es para los revolucionarios que se equivocan; para los ladrones está la cárcel. 

2- Juan Valdés Gravalosa, uno de los cubanos que más cerca estuvo del Che rememora detalles de quien fuera su inolvidable jefe. Cuenta que siempre usaba el uniforme y las botas de soldado porque eran los más baratos del ejército. A veces no tenía ni noción del dinero que debía llevar en sus bolsillos. Una vez estaban en Nicaro, en alguna cafetería, tomando café y el Che le decía bajito Paganini, y él sacaba diez centavos, el medio del Che y el medio de él, porque Paganini era que pagara. 

3- El Che tenía una gran humildad- nos dice Salvador Vilaseca-. Cuando fue nombrado presidente del Banco, llamó a un amigo para que fuera a trabajar con él en un cargo de importancia de esa institución. El amigo, asustado por la responsabilidad que el cargo significaba, le objetó no creía tener condiciones para desempeñarlo, puesto que no sabía nada de banca, a lo que el Che le contestó: 

“Yo tampoco sé nada de eso y estoy de presidente”. Con esta respuesta dio dos lecciones al amigo, una de humildad y otra del deber que tiene todo revolucionario de ocupar el puesto que la Revolución le asigne.

4- Mariano Rodríguez cuenta en el libro Con la adarga al brazo que un día salían de Fomento en el Chevrolet del Che y este iba manejando, pero aparece en la carretera un viejito manejando una bicicleta que llevaba en la parrilla una guataca con el cabo apuntando para la vía. El Che no ve el cabo de la azada y al cruzar toca con el guardafango derecho el palo y lanza al viejito y la bicicleta a la cuneta. Automáticamente detiene el auto y se preocupa por la salud del anciano quien está sentado mirando los golpes que se ha dado la bicicleta. Llega el Che y le pregunta: 

-¿Se ha dado algún golpe? ¿Le ha pasado algo? 

Levanta la cabeza el viejito y cuando reconoce que era el Che le dice: 

-¿Pero fue usted quien me arrolló? 

-Sí, por desgracia 

Y el viejito decía: 

“¡Qué desgracia de qué! ¡qué suerte tengo yo, que usted me haya arrollado! ¡Usted sabe lo que es que yo le diga a mi familia que usted me arrolló! ¡Qué suerte tengo yo de haber salido hoy...! ¡Si no salgo hoy usted no me arrolla! ¡Qué clase de suerte tengo yo!”. 

El Che sonriente exclama: “Todavía este hombre me da un beso por haberlo arrollado...” 

Le dice al viejito: “Deme acá su bicicleta para mandársela a arreglar” 

Pero el viejito argumenta: “¿Arreglar? ¡No! ¡Qué va! Esta bicicleta yo no la arreglo ya nunca más, esta bicicleta la guardo para enseñarla a mi familia del día que tuve la suerte de conocer a Che Guevara...” 

De todos modos el Che le envió posteriormente una bicicleta. 

5- Cuando el Ministerio de Industria se trasladó para el edificio que hoy ocupa el Ministerio del Interior, cuenta Alfara que había un perro que todas las noches cuando el Che se retiraba salía corriendo y ladrando detrás de los carros. Un día uno de los escoltas se le acercó y le dijo: 

-¡Mira que este perro molesta! Lo vamos a amarrar para que no ladre más, a ver si luego lo soltamos por otro lugar. 

Y así se hizo. 

A las dos de la madrugada el Che se marchó, pero para sorpresa de todos, regresó porque sencillamente había notado la ausencia del perro, pensó que la suerte que podía correr el animal era oscura, y de muy mal humor, obligó a los escoltas a ponerlo de nuevo en libertad. 

6- Una vez, en aquellos días duros de la Sierra Maestra, pasó la columna junto a un naranjal, algunos compañeros tomaron naranjas contraviniendo la orientación del Che. Alfonso Zayas, cogió una y al conocer la orden del Che la arrojó. El Che dispuso que el que hubiera cogido naranjas no tomaría chocolate. Guiado por su intuición se acercó a Zayas: 

- Alfonso: tú cogiste naranja. 

- Sí Comandante, cogí una pero no me la comí, la boté al camino. 

- Bueno, no importa. Si cogiste una naranja no puedes tomar chocolate 

Estas medidas respondían al doble propósito de respetar lo que poseían los campesinos e impedir que quedarán huellas de los rebeldes. 

7- La primera vez que el Che habló en la escuela de reclutas de Caballete de Casas, todos estaban muy emocionados. Cuando terminó de hablar, Herrerita gritó: 

-¡Viva el Che! 

- Che preguntó:¿Quién gritó viva el Che? 

Herrerita sale de la tropa y afirma que es él. Al momento el Che le dijo: 

- Hay muchas cosas a las que se les puede dar vivas, como a la bandera, la patria, a Martí. Nunca se las des a un hombre que vive. 

8- En el libro Descamisado, Enrique Acevedo cuenta como el Che dio un ejemplo difícil de olvidar cuando un día en que se repartió una lata de leche por hombre, el de suministro dejó alrededor de cinco o seis latas sobrantes guardadas en una esquina. El ojo sagaz del jefe de la columna lo detectó y preguntó qué era aquello. El gran camaján le contestó con una sonrisa perruna: 

- Jefe, esto es una pequeña reservita para la comandancia o para lo que usted diga. 

Con una elegante patada del Che las latas cayeron dispersas por el suelo: 

- Mira, guataca, dale y reparte ahora aunque sea a una cucharada. Que esto no suceda más. 

Acostumbrados ya a ese trato tan justo, era difícil comprender el régimen que existía en este campamento. 

9-Joel Iglesias Leyva contó cómo cuando el combate de Mar Verde cayó herido frente a los guardias y el Che tuvo que rescatarlo, se hizo las primeras curas y lo envió al hospital de La Mesa, pero antes de ello le sacó las pertenencias que llevaba en el bolsillo. Es por ello que vio una cartica de amor que le había escrito a una muchacha y supo entonces que ya sabía escribir por lo que lo ascendió a teniente. 

10- En la revista Moncada en el año 1987, Ricardo Martínez narró que no podía olvidar la vez que hambriento y desfallecido ascendía la escarpada pendiente de una montaña, se había quedado rezagado, a la retaguardia de la tropa, y estaba solo. Sin fuerzas se derrumbó junto al trillo, permaneciendo inmóvil, como muerto. De pronto, unos pasos llamaron su atención, miró hacia abajo y descubrió al Che que con dos mochilas encima y ahogado por un fuerte ataque de asma subía la cuesta. 

Lo observó con pena. Llegó hasta él, y al tiempo que le daba unas palmadas en el hombro, le decía con su acento argentino: 

¡Vamos, muchacho, ya estamos llegando! 

Las palabras animosas de aquel que no era cubano, y a pesar de su situación seguía adelante, lo conmovieron, sacando fuerzas de donde no las había y reanudó el camino. 

          Algunas anécdotas de Ernesto Ché Guevara
sacado de:
http://www.alsurdelriobravo.com.ar/pg_anecdotas_che.htm


 Papito, inyección 
Cuando tenia alrededor de 45 días de nacido Ernesto Guevara sufrió una afección pulmonar. Entonces vivía en unión de sus padres en la zona de Misiones, localidad situada en las cercanías de las enormes cataratas de Iguazú. En ese lugar la familia Guevara poseía una plantación de yerba mate. 
Ellos vivían en el puerto de Caraguatay, próximo a los territorios de Brasil y Paraguay. La casa que habitaban se localizaba en lo alto de una loma y suspiros y paredes, así como el techo eran de madera. Algunos meses después, exactamente cuando ya tenia dos años a Ernestito se le presentó su primer ataque de asma. 
Acerca del surgimiento de esa enfermedad en su primogénito, Ernesto Guevara Lynch contó que una fría mañana del mes de mayo de 1930 su esposa se bañó con el pequeño en la playa del Club Náutico de San Isidro. Cuando regresaron a la casa notaron que el niño no estaba bien y en horas de la noche comenzó a toser. Ernesto Guevara Lynch contó: Yo nunca había presenciado un ataque de asma y cuando lo note con bronquitis y fatigado llamé a un viejo vecino nuestro -el doctor Pestaña - quien no dio demasiada importancia a la enfermedad y diagnosticó bronquitis asmática sin complicaciones, conectando este ataque con una vieja neumonía que Ernesto había contraído en la ciudad de Rosario, a los pocos días de nacer. 
Le recetó lo corriente en aquella época: calor, jarabes con adrenalina, cataplasma y otros paliativos. Ernesto mejoró, pero el asma, aunque aliviada, no desapareció. El doctor Pestaña comenzó a preocuparse por su persistencia. Por fin mejoró bastante, pero en cuanto se le descuidaba en el abrigo, o por cualquier otro motivo, le volvían los ataques asmáticos.
No resultó fácil para los padres de Ernesto Guevara enfrentar el mal que aquejaba a su hijo e incluso esto provocó que en el transcurso del tiempo se fuesen trasladando hacia distintas regiones de Argentina en busca de un lugar con un clima adecuado que contribuyera a evitar que las crisis de asma se le presentaran con frecuencia al niño.
De la angustia que ellos sentían e incluso de cómo reaccionaba Ernesto cuando muy pequeño se le agudizaba la falta de aire, también relató Ernesto Guevara Lynch: Ernesto se iba desarrollando con ese terrible mal encima y su enfermedad comenzó a gravitar sobre nosotros. Celia pasaba las noches espiando su respiración. 
Yo lo acostaba sobre mi abdomen para que pudiera respirar mejor y, por consiguiente, yo dormía poco y nada. Cuando Ernesto apenas comenzaba a balbucear alguna que otra palabra, decía: Papito, inyección, en el momento en que el asma se le acentuaba. 
Esto da la medida de cual seria su sufrimiento al no poder respirar con libertad; los niños tienen terror al pinchazo y él, en cambio, lo pedía porque sabia que era lo único que le cortaba los accesos. 

Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch titulado Mi hijo Ernesto.
Vivas para un pequeño triunfador
Cuando Ernestito empezó a caminar sus padres solían pedirle que fuera a la cocina a buscar mate. Ellos lo esperaban en el portal de la casona mientras el pequeño muy alegre iba a buscar lo solicitado. Mas cuando el regresaba con sus manos ocupadas por lo regular se le presentaba una gran dificultad. 
Cuando iba a dar un paso más largo para atravesar una pequeña zanja casi siempre perdía el equilibrio y el mate se le regaba por el piso y otras incluso el se caía. Sus padres sonreían ligeramente pero el niño se ponía muy serio aunque no lloraba ni permitía que lo ayudaran a levantarse.Ernesto Guevara Lynch precisó algo que pone de relieve la voluntad que su hijo demostrada desde la infancia para sobreponerse a las dificultades. 
Todavía no sabia decir ni tres palabras seguidas y ya parecía como si se hubiera propuesto vencer a aquella zanja tan impertinente que lo hacia caer; porque al día siguiente volvíamos a mandarlo a buscar el mate, y el iba una vez mas. Nadie sabe las veces que hizo el niño aquel camino de ida y vuelta hasta la cocina, pero todos recordaran que una tarde, Ernestito logró dar el paso más largo con cacharros y todo, y venció su primer obstáculo. Entonces las risas fueron alegres de verdad y hubo aplausos y vivas para el pequeño triunfador. 

Testimonio reflejado en la revista Zun Zún, especial, 1985.
Era un muchacho de barrio 
Dos años después de su nacimiento, y tras habérsele presentado ataques de asma a Ernesto, su familia deciden trasladarse de Misiones a Buenos Aires con la finalidad de poder atender debidamente el padecimiento del niño. Cuando Ernesto tenia cuatro años, atendiendo al criterio de los médicos quienes señalaban que el clima de la capital del país resultaba muy húmedo y que para el niño era mejor que residieran en otra zona con mejores condiciones climáticas, la familia se mudo de Buenos Aires hacia la provincia de Córdoba, situada en la parte central de Argentina ya que en las sierras de esta región el clima es seco.
Los Guevara se asentaron en la ciudad de Alta Gracia, ubicada en la Sierra Chica, al sur de la capital provincial. Fue en esa zona donde transcurrió la infancia de Ernesto Guevara de la Serna. Inicialmente a causa de su padecimiento Ernesto no comenzó a asistir a la escuela a la edad requerida y su madre fue la que le impartió las primeras lecciones, pero después empezó a estudiar en la escuela "José de San Martín" en dicha ciudad.
De cómo era como estudiante y durante la etapa de su niñez han dado cuenta algunos compañeros suyos en la escuela y quienes lo conocieron y trataron en forma sistemática. Mario Cesar Díaz afirmo: Yo fui compañero de Ernesto en el colegio Solares. Lo recuerdo bien, y también a sus hermanos menores. 
En realidad, yo estaba en grados superiores, porque le llevaba unos dos años a Ernesto. Allí enfrente estaba la canchita que los pibes teníamos para jugar al fútbol. Ernesto actuaba de arquero, porque con lo del asma no podía correr mucho. Siempre andaba con la jeringa en el bolsillo. 
A Ernesto le gustaba ponerse gorra, como los arqueros mayores, pero con la víscera hacia atrás. Elba Rossi fue la primera maestra que tuvo Ernesto Guevara en Alta Gracia. Ella lo recordó así: Ernesto era muy inteligente, independiente; capitaneaba a los demás. No era alumno de un pupitre, necesitaba todos los pupitres.
Otro compañero de estudios, José Aguilar, lo evocó de la siguiente forma: Recuerdo que había una maestra que tenia la costumbre de dar nalgadas. 
El se pone una vez un ladrillo en el fondillo, bajo el pantalón, para cuando la maestra le pegue. Claro, se produce tremendo escándalo en la escuela. Juan Miguez detalló como era Ernesto cuando niño: Ernesto era un chico muy decidido. Por ejemplo si jugábamos al fútbol y solo éramos cinco, el quería actuar de arquero contra los otros cuatro. 
Nos criamos juntos aunque el era unos tres años mayor que yo y esto me hacia andar también con su hermano Roberto. Sobre como solía relacionarse con los demás opino Mario Cesar Díaz: Ernesto era un muchacho de barrio no andaba con los niños bien, sino con nosotros. Y en relación con sus características físicas señaló Oviedo Zelaya: Lo recuerdo chicuelón. El asma lo hacia parecer mas chico que su hermano, que era menor. 

Testimonio reflejado en el trabajo de Elio Constantin Por las Huellas del Che en su 45 aniversario, periódico Granma, 14 de junio de 1973.
Aunque reviente lo voy a seguir practicando 
Ernesto Guevara prefería practicar los deportes fuertes, en los que era necesario desarrollar una intensa actividad física. A sus padres le preocupaba bastante esa preferencia de su hijo por el asma que padecía, pero el no le daba mucha importancia a la enfermedad y sentía feliz cuando jugaba, por ejemplo, al fútbol y al rugby.
Cuando vivía en Alta Gracia, Ernesto practicaba el fútbol tanto en una cancha como en cualquier terreno libre de malezas. Su padre afirmó que a él no le importaba tampoco que hiciera frío o calor ni que hubiera lluvia o vientos ya que el fútbol lo hipnotizaba.
En Buenos Aires en el club de San Isidro solía practicar el rugby. Particularmente su familia sentía cierto temor por la práctica sistemática de este deporte tan violento e incluso algunos médicos le habían expuesto a su padre que eso ponía en peligro su vida puesto que era posible que su corazón no resistiese tal carga. Ernesto Guevara Lynch trató de convencer a su hijo para que desistiese de la práctica de dicho deporte y le expuso lo que le habían manifestado los especialistas.
No obstante recibió una respuesta categórica del joven: "Viejo, me gusta el rugby y aunque reviente lo voy a seguir practicando." 

Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch titulado "Mi hijo Ernesto", Editorial Sudamericana Planeta, paginas 242-243.
Un excelente nadador 
Desde pequeño Ernesto aprendió a nadar ya que sus padres lo llevaban a balnearios en la época de vacaciones y también visitaba con frecuencia piletas (piscinas), particularmente cuando vivía en Alta Gracia. A él le gustaba mucho la natación e incluso logró establecer relaciones con un campeón de estilo mariposa quien le impartió en forma gratuita lecciones.
Su padre consideraba que la práctica de la natación era beneficiosa atendiendo el problema del asma que padecía su hijo, pero también le preocupaba que si él se excedía en la realización de ese ejercicio físico ello pudiera afectarle el corazón. Atendiendo a ello y preocupado además porque tanto Ernesto como sus demás hijos pudieran sufrir algún accidente Ernesto Guevara Lynch acostumbraba a vigilarlos mientras se bañaban en la piscina. Más el ignoraba que en reiteradas ocasiones Ernesto se escapaba de la casa en horas de la tarde para seguir practicando la natación.
Un día el padre se enteró inesperadamente que su hijo se hallaba en la pileta y al aquilatar que no le había pedido permiso salió de inmediato hacia el hotel Sierras Hotel, donde se localizaba dicha piscina. Más al llegar al lugar quedó vivamente sorprendido al ver a su hijo Ernesto aclamado por otros chiquillos que incluso le median el tiempo en que nadaba de un extremo a otro de la piscina. "Cuando vi aquello y oí a los chicos, se me cayo la venda de los ojos y comprendí cuan ridículo es, a veces, el cuidado excesivo de los hijos. Estaba desorientado y opte por hacerme el tonto. Y mientras Ernesto, que mas había visto, continuaba su raid sonriente, yo haciéndome el desentendido, seguí el raid como si supiera que hacia mucho tiempo que mi hijo venia practicando estos entrenamientos."

Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch Mi hijo Ernesto, Editorial Sudamericana Planeta, junio 1984, pagina 183.
Un aprendiz de guerrero 
Ernesto Guevara tenia menos de diez anos cuando en España los republicanos se enfrentaron a las agresiones de los fascistas. No obstante los acontecimientos en este país influyeron en el infante y esto se reflejo hasta en sus juegos con sus amigos.
En su casa solían reunirse varios amigos de sus padres y comentaban acerca del desarrollo de las acciones bélicas en España. "Nuestro hijo mayor escuchaba con atención todo lo que se hablaba e incluso en un mapa de España que le conseguimos fue marcando con banderitas el reporte de las batallas y combates. Pero lo mas relevante no fue eso sino lo que estaba ocurriendo en el patio de nuestra casa."
La familia Guevara vivía entonces en Villa Nydia, en la zona de Alta Gracia. Era una amplia casa que contaba además con un terreno de mas de una hectárea, en donde prácticamente había un espeso monte. Sin que sus padres lo supieran Ernesto en unión de varios de sus amigos empezó a construir en dicho terreno algunas trincheras comunicadas entre si por pasillos subterráneos. Allí ellos solían jugar a la guerra española y con la utilización de palos y piedras entablaban "combates" "Muy especialmente recuerdo un día en que estando leyendo en mi estudio llego uno de los chicos quejándose de una pedrada en una pierna. Fui a ver que pasaba y me encontré con que en el fondo de los terrenos de mi casa, habían construido varias líneas de trincheras Inter.- comunicadas y en ella había un verdadero deposito de piedras. "Averigüe mas y supe que desde hacia muchos días jugaban a la guerra. De un lado 15 o 20, del otro lado, otro tanto. Peleaban y se defendían a pedradas. Yo, inocente creía que sus juegos no representaban ningún peligro, pero allí me di cuenta de que era un verdadero entrenamiento para la formación de hombres. "Después me olvide de todas estas cosas. Me olvide del Ernesto montaraz. Paso el tiempo y el siguió el curso de la vida. Estudio y se hizo prácticamente un científico. Nunca hubiera pensado que estas pequeñas inclinaciones guerrilleras fueran las determinantes posteriormente. Se unían en el dos cosas: el haber vivido en el campo, en contacto con la naturaleza, haciéndose experto en el dominio de ella y, el haberse hecho, al mismo tiempo un aprendiz de guerrero."

Entrevista concedida al autor y testimonio reflejado en el trabajo de Lisanka titulado Don Ernesto habla de Ernesto. Verde Olivo, Ano XI, No. 41, 11 de octubre de 1970, pagina 18.
El primer choque con un patrón 
Cuando era un adolescente Ernesto Guevara fue, junto a su hermano Roberto, a pedirle permiso a su padre para que lo dejase trabajar temporalmente, durante las vacaciones, en la recolección de uvas en una finca cercana a la casa donde ellos vivían.
El padre se negó inicialmente atendiendo a que Ernesto padecía de asma y el temía que se le pudiera presentar un fuerte ataque lejos del hogar y que no recibiera la atención requerida. Más como los muchachos estaban muy entusiasmados e insistieron, finalmente él les dio la autorización correspondiente.
Ernesto y su hermano se marcharon muy alegres pero varios días después retornaron sucios, sudorosos y muy defraudados. Su padre inquirió que les había pasado . "Se notaba que habían regresado a pie y mostraban la fatiga de la larga caminata. Ernesto además traía a cuestas un buen ataque de asma.
- ¿Cómo?, les pregunté 
-¿Qué pasó? 
-Es un gaucho de mierda, dijo Ernesto refiriéndose a su patrón con aire enojado. Trabajamos 3 días lo mas bien. Pero yo no sé si por haber comido demasiada uva me empezó a dar asma. Traté de seguir trabajando, pero me fue imposible y entonces decidimos volver. Cuando le pedí que nos pagara lo que nos debía, el muy sinvergüenza nos dio sólo la mitad, porque, según él, no habíamos cumplido con el contrato. Es un hijo de una gran puta y yo quiero que vengas con nosotros para romperle el alma. 
Estaba enfurecido, la injusticia cometida por su patrón le parecía intolerable. Tal vez fue este el primer impacto que tuvo Ernesto sobre la manera que tratan muchos patrones a sus obreros. 

Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch, Mi hijo Ernesto, Editorial Sudamericana- Planeta, junio de 1984, paginas 207-208
La libertad del pájaro podría ser su perdición 
Como reflejo de su valor y amor por los animales en mas de una ocasión Ernesto Guevara arriesgó incluso su vida por proteger o sacar de peligro a pájaros y gatos. Cuando era un adolescente vivía en una casa bastante aleja de la ciudad de Buenos Aires que tenía techos muy altos.
La familia Guevara ocupaba el primer piso de la edificación que contaba con una amplia terraza en la que había como una especie de cano de ventilación. Allí se posó un pequeño gorrión y cuando intentó emprender nuevamente el vuelo una de sus alitas se le trabó en una grieta y no pudo salir. El animalito revoleteaba sin cesar tratando de escapar de esa trampa en que había caído. Mas el esfuerzo de la avecilla resultaba inútil y sus aleteos eran cada vez mas espaciados producto del cansancio.
Al ver la situación del pajarito, Ernesto se propuso socorrerlo de inmediato. Su padre teniendo en cuenta la fragilidad de las maderas del techo y la altura intento persuadirlo para que no lo hiciera. "Yo, por mi parte, sabiendo lo que iba a hacer, me dispuse a impedírselo; la libertad del pájaro podría ser la perdición de Ernesto, pues estábamos a unos 7 metros de altura sobre el nivel del suelo. Fueron inútiles todas mis reflexiones; que el cano era muy alto y endeble, que no aguantaría su peso si trepaba por allí, que era mejor esperar ayuda. Yo, comprendiendo el peligro que corría, a horcajadas sobre el pequeño muro trate de apuntalar el cano lo mas alto posible, y Ernesto, sin esperar mas, subió como pudo, y segundos después el gorrión volaba libre.”

Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch, "Mi hijo Ernesto", Editorial Sudamericana - Planeta, junio de 1984, paginas 25-26.