nuestros payadores ¿dónde están?

 

 

Este artículo está dedicado a personajes perdidos dentro de nuestra memoria.

Fueron muy importantes protagonistas, porque también con la sangre de ellos se escribió páginas de nuestra historia. HISTORIA que siempre nos fue escondida y subministrada en cuentagotas. Trataremos de recordar hoy a esos que no se habla más de ellos, al menos entre nosotros, digo esto porque desde el momento que llegamos a Australia siempre hemos hablado y discutimos acerca de política, fútbol, murgas, tango, candombe, folklore etc., etc., pero no recuerdo nunca de alguno de nosotros que en alguna oportunidad tocara el tema acerca de nuestros payadores.

 No sé, por qué los hemos cubierto, con un manto de olvido y con una indiferencia patética,  ¿o sería quizás que lo que ellos cantaban no era comercial?  ¡Sí! Realmente esa es la razón mayor que prácticamente, no haya casi ningún material grabado de ellos, se dice que los payadores casi nunca llegaron a escuchar los pocos registros grabados de sus propias creaciones, pero tampoco es la excusa ideal para limpiar nuestra conciencia. Después de más de dos siglos, recién en estos últimos años hay personas en nuestro país interesadas en recopilar información a través de artículos en revistas, periódicos antiguos y viejas grabaciones, gracias a ellos pude substraer siete artículos del Internet y así pude extraer toda la información necesaria para poder recopilar todo esto.

Opinar cantando, es un arte que viene desde la época de nuestra independencia aunque irónicamente recién en 1996 se celebró por primera vez "El día del Payador", titulo que se le atribuyó a Bartolomé Hidalgo, su natalicio sirvió  para conmemorar ese día.

En sus orígenes, el payador fue el mensajero errante que iba llevando con su canto los acontecimientos de un lugar a otro. Con sus versos narraba todos los acontecimientos del momento, y también sus sueños e inquietudes; los payadores por naturaleza fueron y son soñadores.

El primer registro acerca de su existencia data desde el final del siglo XVIII, se redactó en un artículo que en parte decía:

"Estos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos... Se hacen de una guitarrita, que aprenden a tocar muy mal y a cantar desentonadamente varias coplas que estropean, y muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan las semanas enteras tendidos en un cuero, cantando y tocando"

 (Lazarillo de Ciegos Caminantes, Concolorcorvo, 1773)

Hay crónicas de que cuando se juntaban dos payadores famosos en una pulpería, inmediatamente ahí se formaban dos bandos y se apostaba dinero en una payada, que muchas veces duraban dos o tres días.  Se cuenta que como en las riñas de gallos el dinero que se apostaba eran cifras muy importantes. Al final de la payada ese dinero era repartido entre el bando ganador y el payador.

La opinión acerca de ser payador es unánime: el payador no se hace, tiene que nacer con esa virtud natural, y él que no nazca siendo payador no lo va a ser nunca. Por eso Gardel nunca lo fue. Carlitos tuvo el sueño de ser payador. No lo pudo lograr. Tal vez porque improvisar no es sencillo, los siguientes versos lo atestiguan:

El arte que no se aprende

"....Payador, don natural
repentinamente poeta
crea mientras interpreta
y en cualquier medida igual
poética o musical
y todo espontáneamente
con su virtud imponente
de poder versificar
acompañarse y cantar
sin ensayar previamente...."

                                    Elido Cuadro Delgado 

                                                                  (fragmento de payada ejecutada en el concurso del Prado de 1965).

 

Según la cantidad de versos, una payada puede hacerse en cuartetas, sextillas, séptimas, octavas o décimas. Si bien la décima es la más difícil, es también la más utilizada, ya que permite expresar mejor una idea. Según el ritmo musical, puede ser en cifra, estilo, vals canción, vidalita, chamarra, cielito o milonga.

Por supuesto que también existen muchas variantes dentro de toda esta terminología, que hacen interminable la cantidad de posibilidades. Pero para muchos, lo más importante en el payador es el aspecto formal. El humor grosero, la ridiculización del contrario, no están bien vistos. También es importante la temática. Para el payador Julio César Crosa, "la libertad, la justicia, la paz, el amor, la cultura, la exaltación del trabajo creador y todo lo que tienda a mejorar la vida humana debe de ser la tónica dominante".
En cada región, de nuestro continente americano los payadores rioplatenses, como de los cubanos, portorriqueños, peruanos, chilenos o brasileños tienen sus ritmos específicos, aunque la raíz es sólo una. La teoría más aceptada señala a los juglares españoles como la raíz común.

Acerca del real origen de los payadores, las versiones varían de país a país. La siguiente es una de las tantas diferente versiones que existen sobre el origen del contrapunto aunque todas coinciden que vino desde España, ésta dice que el origen del contrapunto sucedió en un barco y en la época de la conquista. Todos aquellos barcos a vela tenían una especie de observatorio para divisar en el horizonte, se consideraba una tarea desagradable por lo aburrida que era y la inclemencia del tiempo. A ese sitio se le llamaba el carajo, de ahí la expresión de ¡vete al carajo! Para que no se durmiera quien estaba allí, desde la cubierta del barco otro tripulante le daba conversación. Según cuenta esta versión, muchas de esas conversaciones para mantenerse despiertos se hacían en verso, lo cual pudo haber dado origen al contrapunto que luego desarrollaron los payadores, pero también existen datos sobre la guerra civil en EE.UU. que durante las noches en el campo de batalla, desde las trincheras si alguien de uno de los bandos improvisaba un verso para desmoralizar a su oponente, e inmediatamente alguien del otro bando le respondía con un verso improvisado.
Con el transcurso del tiempo, el contrapunto se constituyó en una de las formas más atractivas de la payada.
Para el payador Elido Cuadro Delgado, "contrapunto es contradecir, pero contradecir con razón, cada cual exponiendo su criterio".

Se dice que al principio del siglo pasado, como de costumbre, igual que a la milonga y el tango, expresiones de la clase popular, los señorones de la clase alta de nuestra sociedad, catalogaban a nuestros payadores como haraganes, analfabetos, vagabundos errante de nuestra campaña, y que cuando alguno de ellos llegaba a una pulpería, bebía y comía gratis.  También que eran pendencieros y violentos por naturaleza, que no necesitaban mucho para entreverarse en un duelo y matarse a puñaladas. Los tildaron de anarquistas, porque despotricaban sin razón ninguna contra la clase pudiente y por esa razón fue que a través de los medios de publicidad de esa época quisieron que ese arte desapareciera. En ese momento el payador ya no era el gaucho, trovador hidalgo, que usaba recorrer nuestra campaña, aquel que luchó por nuestra independencia junto a nuestro prócer, sino que se había transformado en un tipo degenerado, haragán, borracho y milonguero que propagaba sus vicios de pueblo en pueblo.

Hoy día para la gran mayoría de los montevideanos, el único lugar donde se puede ver a un payador es durante la Semana Criolla de la Rural del Prado. Todos los años, durante esa semana, se realiza un concurso de payadores. Ese concurso, además de ser un espectáculo para el público, es un espacio donde pueden surgir futuros intérpretes.  Para un payador cantar en el Prado es como para un futbolista jugar en el estadio Centenario. Si ese jugador juega mal ese partido, ya no juega más, desaparece. Con el payador pasa lo mismo.

A pesar de la magnitud y trascendencia de los recordados contrapuntos de las tres últimas décadas del siglo pasado, esos no fueron los mejores tiempos.
El gran momento, aunque duró unos pocos años, comenzó en 1955 con la realización de la primera Cruzada Gaucha. Esta se realizó en la vieja cancha de básquetbol de Peñarol, organizada por dos conocidos empresarios de espectáculos, Emilio Riverón y Dalton Rosas Riolfo. Entre los payadores participantes estaban los hermanos Washington y Raúl Montañez, Aramís Arellano, Omar Vallejo, Carlos Molina y Héctor Umpiérrez. El espectáculo viajó por todos los pueblos y ciudades del interior llenando todos los escenarios.
En los años posteriores, la Cruzada gaucha se volvió a realizar, repitiendo los éxitos anteriores. Pero el gran movimiento que generaron las sucesivas Cruzadas gauchas sucumbió muy pronto. De toda esa época han quedado muchos nombres, algunos ya fallecidos, otros aún en actividad. Entre ellos Luis Alberto Martínez, Clodomiro Pérez, Pachequito, Victoriano Núñez, Carlos López Terra, Julio Gallego, José Silvino Curbelo y varios más.
En la actualidad hay varias mujeres payadoras, en la época artiguista, si bien no hay registros, se dice que había una, que supuestamente se llamaba Victoria.

Lamentablemente los tiempos en que se podía vivir de la guitarra ya pasaron. Por eso, para muchos, el Prado significa tan solo "una changa", o "el punto de encuentro de los gauchos con los gauchos". Ahora la cuestión es otra. De los payadores de cierto prestigio, casi ninguno tiene menos de 50 años. Tal vez por una cuestión de tiempo necesario para llegar a ese nivel de calidad, sabemos que se tiene que nacer payador, pero idénticamente a un diamante hay que pulirse, para poder resaltar.

Pero lo cierto es que para la inmensa mayoría de los sectores más jóvenes, los payadores son algo muy lejanos y borrosos. En los medios de comunicación ocupan muy poco lugar, los eventos son muy poco difundidos. La mayoría de los payadores opina que su arte va a permanecer vigente, algunos otros expertos sólo prefieren desearlo, pero no están tan seguros que eso suceda y pronostican que la presente es la última horneada de estos artistas.

Alguien ha sugerido "Que si se pudiera organizar una especie de fórmula uno, como lo fue la cruzada gaucha, funcionaría sin ninguna duda" junto a esto deslizó su opinión de la subsistencia de la payada, "Si el payador es traductor de su propio tiempo, seguirá teniendo vigencia. El payador debe adaptarse a los tiempos en que vivimos, pero si le canta a la tapera, al rancho que está caído y a la cocina económica que ya no existe, nadie se va a sentir representado por él, entonces no va a tener su arte razón de sobrevivir... "
Como vemos la situación de nuestros payadores, hoy día no es muy halagüeña.

Desde aquí deseémosle de todo corazón que su arte siga vigente y así de esa manera nuestro pueblo va a enriquecer más su cultura.

Pese a la duda se aprobó en el Parlamento la creación del Día del Payador, éste se celebró por primera vez en el 1966, en la plaza donde está el monumento a Bartolomé Hidalgo, ubicada en Agraciada y Capurro.   Lo que nadie discute es la justicia que significó después de tanto tiempo la creación de un día conmemorativo para nuestros payadores.

Aunque algunos afirman que Hidalgo, además del primer poeta y payador oriental, fue creador de patrióticos cielitos, muchos no lo creen así. Se dice que no existen documentos sobre su condición de payador y que los cielitos son poesía gauchesca y no payadas.  Sin embargo, en uno de sus cuestionados textos, él mismo se auto define como "medio payador".

Bartolomé Hidalgo nació el 24 de agosto de 1788. Hijo de un matrimonio pobre porteño avecinado en Montevideo, desde muy joven estuvo relacionado con la familia Artigas. Durante las invasiones inglesas participó en la batalla del Cardal, el 20 de enero de 1807. Esa fue la única vez que combatió.  En 1818 emigró a Buenos Aires, donde vivió en la pobreza. Se casó el 26 de mayo de 1820 y murió de tuberculosis el 28 de noviembre de 1822.
"estos textos adjudicados tradicionalmente al poeta provienen del Diario Histórico del Sitio de Montevideo, de Acuña de Figueroa, quien dice que los escuchó cantar al pie de la muralla, pero en ningún momento los atribuye a Hidalgo:  

 

Los chanchos que Vigodet
ha encerrado en su chiquero
marchan al son de la gaita
echando al hombro un fungueiro.


Cielito de los gallegos,
Ay! cielito del dios Baco
que salgan al campo limpio
y verán lo que es tabaco

Flacos, sarnosos y tristes,
los godos encorralados
han perdido el pan y el queso
por ser desconsiderados.
Cielo de los orgullosos
cielo de Montevideo,
pensaron librar del sitio
y se hallan con el bloqueo.  

Ahora que estoy casi terminando este artículo, éste me hace recordar a mis abuelos, padres y tíos pegados a las radios escuchando a esos personajes que son una gran parte de nuestra cultura, y que aunque la payada y el contrapunto tienen raíces españolas quizás sean más autóctono que el candombe y el tango. También recuerdo, yo siendo un gurí, cuando una noche vi a mi abuela sentada al borde de su cama, escuchando la radio y rezando a la misma vez, eso fue cuando se organizó una misa a través de una estación radial, por la recuperación de Héctor Umpiérrez, éste mantuvo un duelo con Carlos Molina, en la cual Umpiérrez fue herido de varias puñaladas. Los dos payadores tomaron luego caminos muy diferentes.  Carlos Molina, por el contenido de su canto y su forma de pensar,  fue detenido durante la pasada dictadura argentina en Bahía Blanca. Umpiérrez, por su parte, le cantó a Gregorio Álvarez, Augusto Pinochet y Alfredo Stroessner. Carlos Molina payador y luchador social,  lamentablemente falleció el 30 de agosto del 1998.

J. Cargo