Andresito

(Andrés Guacararí o el Coronel Andrés Artigas)

Monumento situado en Apóstoles 

provincia de  Misiones, Argentina


Las dimensiones de la personalidad de Blas Basualdo eran tan notables, que se hacía difícil hallarle sustituto. Quien lo hiciera, debía desarrollar los planes políticos del Protector de los Pueblos Libres, en particular en las Misiones. 

Fue elegido Andrés Guacararí. Tenía una larga trayectoria de adhesión a los principios de Libertad que proclamaba Don José Artigas.  Los tribus guaraníes de Misiones se incorporaron al Éxodo, en el Campamento de Daymán.  En Ayuí, en el Segundo Sitio, en la lucha contra los porteños, había ido modelando, a botes de lanza, una personalidad singular, caracterizada por el empuje ardoroso y la tenacidad.  Al ser elevado a la Comandancia General de Misiones, al convertirlo Artigas en adalid de sus hermanos de raza, quedó en evidencia la huella, honda y dolorosa, que en su alma había dejado la dominación lusitana.  Supo alentar y fortalecer el sentimiento de rebeldía en el alma guaraní y propugnar entre ellos el verbo sagrado: "Unión y Libertad".  Don José Artigas fue para los indios no sólo guía y protector.  Supo despertar su alma y redimirlos del vilecimiento y la esclavitud.  Ellos supieron devolverlo en fidelidad.  Cuando Artigas cayó vencido, sólo indios misioneros formaban en sus enflaquecidas legiones.  Pero hasta entonces, ¡cuánto esfuerzo, cuánta obra realizada, con cuánta dignidad los indios supieron gobernarse y hacer uso de su libertad! 

Al producirse, en 1816, la invasión de los portugueses coligados con los reaccionarios de Buenos Aires, Artigas asignó a Misiones y a su Comandante, la misión de mayor riesgo.  Debía convertirse en el filo del arma acerada que destruyera al enemigo.  Andrés Artigas invadió los territorios de Portugal invitando a los misioneros orientales a destruir la tiranía.   Heraldos veloces y capitanes audaces llegaron a los Pueblos.  Empezó así para Misiones la epopeya más gloriosamente vivida por pueblo alguno.  Jamás un pueblo pagó más caro el precio de su libertad.  Saqueos, incendios, destrucción y esclavitud fueron jalonando las etapas de la lucha. 

Mientras han transcurrido tres años de guerra y de prueba; los tenientes han caído a montones, han caído por bravos o porque la adversidad doblegó muchas almas débiles que abandonaron la lucha.  Artigas está cada día más solo y cada día más firme y decidido.  Allá en el norte, Andresito es el alma de la resistencia, el que luego de cada fracaso retempla el alma de su pueblo y prosigue la lucha.  Sus gestos, sus actitudes, tienen la trascendencia profunda de quien se sabe protagonista de una gesta heroica.  Su entrada en Corrientes, luego de vencer en Saladas, a pie y desarmado, simbolizan su humildad y amor a la Paz.  Su juramento de Butuhí, al perder la espada y manifestar que no usaría otra hasta ganarla con honor, destaca un alma noble capaz de las mayores hazañas.  Más que las victorias militares de Misiones los portugueses celebraron la prisión de Andresito.  Cayó prisionero oscuramente, tan tristemente como sería su suerte futura.  Los jefes portugueses que fueron sus adversarios y que retrocedieron ante su brío, no supieron respetar aquella gloria vencida.  Crueldades y vejaciones jalonaron su paso, primero hacia Porto Alegre y luego hasta Río de Janeiro.  Atado con tiras de cuero crudo por el cuello, con otros prisioneros, trabajó en las calles de Porto Alegre.  Un subterráneo lo albergó luego en la Isla Das Cobras.  Así desapareció físicamente del escenario político rioplatense este Coronel Indio, pero su nombre ha quedado ardiendo como una firme luminaria en la fé de un ideal. Andresito Guacararí allá en el norte, en medio de las ruinas de los pueblos misioneros, entre el dolor y la rebeldía, es el símbolo de la libertad alzado contra el invasor.
Agustín Beraza - El Grillo, revista escolar del Consejo de Educación Primaria y Normal, setiembre de 1950.
Andresito Guacurarí,  ocupaba un lugar destacado, entre los que creian en  el derecho a la autonomía y libre determinación de los pueblos.
Santo Tomé pueblo de indios o San Borja pueblo de indios, ambos pueblos separados por apenas cuatro leguas, pertenecían al mismo Departamento de Yapeyú, Tenencia de Gobierno de Misiones, Intendencia y Obispado de Buenos Aires, Virreynato del Rio de la Plata. 

aunque no existen partidas de bautismo varias fuentes indican que Andrés Guacurarí era de San Borja, pero acerca de su educación el caso es diferente. Existe  una carta de puño y letra de Andresito,  con fecha de  el 4 de mayo de 1821 en la cual manifiesta entre otras cosas que fue "criado y educado por quien siempre llamó padre Don José Artigas".

 El territorio de la gobernación de Misiones se extendía hasta Mandisoví donde hoy está la ciudad de Federación, Entre Ríos. Casi la totalidad de los pobladores eran guaraníes de raza y católicos, los de la región del Uruguay eran denominados tapes. Andrés Guacurarí era un tape y en esa condición reside su virtud, desde que de la mano de Artigas afronta los desafíos y responsabilidades de la Comandancia General de Misiones en cuyo ejercicio se enfrenta con portugueses esclavistas, paraguayos y correntinos de mentalidad encomendara y más de una vez, con sus tropas compuestas por "miserables indios" se impone en el combate y se distingue en los actos institucionales por su civilidad y la elevación de su espíritu.

El sistema de convicciones de Andresito sostenía el derecho a la autonomía y libre determinación de los pueblos, su ejercicio mediante la elección de sus propios gobiernos y el respeto a la dignidad del individuo fuere cual fuere su condición social o su raza. Esas fueron sus banderas. 
En esto se contrapone al despotismo monárquico y también al porteño, que seguía el ejemplo de aquel. Por eso tuvo que luchar en dos frentes separados.
Luchaba por ideales
Y fueron las creencias que fogoneaban el ánimo de Andresito las que enunció reiteradamente en los momentos claves de su acción. Luchaba por ideales, los que le inculcó su padrino Artigas y en esto se diferenciaba radicalmente de muchos caudillos de su época que luchaban por ambición de poder. 
Por eso cuando oficia al jefe paraguayo de Candelaria, le dice que no quiere pelear con ellos, "esto lo hago como verdadero americano y hermanos que somos debiendo evitar todo derramamiento de sangre entre nosotros", solamente exige la libertad de los pobladores para que sean libres de elegir su propio destino y propone a José Isasi "que se venga a nosotros o deje el departamento (de Candelaria) al goce de sus derechos." 
Así también cuando se lanza sobre las Misiones Orientales anticipa en un bando que viene "solo con el fin de dejar a los pueblos en el pleno goce de sus derechos, esto es, para que cada pueblo se gobierne por sí".
El escenario extensísimo por el que se movía su cuartel volante cambiando de Santo Tomé a Yapeyú, a Paso del Rosario en el Miriñay, a Saladas, a Corrientes, a Apóstoles, a la Banda Oriental, exigía un estado permanente de vigilia y austeridad. Era una época en que no había apoyo logístico para el movimiento de tropas, no había alimentos, se comían los caballos que flaqueaban. Solo el mate era el sustento infaltable. Andrés decía siempre que él no daba un centavo por el hombre que no fuese capaz de ayunar tres o cuatro días sin inconvenientes.
Andrés fue sargento y llegó hasta coronel. La denominación de general viene por extensión de su cargo de Comandante General de Misiones.