abogados

 

 

- Mi abogado, el pobre, acabó en el manicomio.
- ¿Ah sí? ¿Qué le pasó?
- Perdió el juicio.

Un abogado muere y se va a las puertas del cielo. Ahí se encuentra con que la cola de gente que espera para ver si va a entrar es inmensa y que en la punta se lo ve a San Pedro atendiendo. Ya estaba decidido a esperar una eternidad en semejante cola cuando ve que el propio San Pedro en persona se le acerca y tomándolo del brazo delicadamente lo lleva hasta un sillón muy cómodo que está cerca del comienzo de la cola y le dice que no se impaciente que en seguida lo va a atender.
El tipo, asombrado por tal trato preferencial le pregunta:
- ¡Oiga, San Pedro! ¿Cómo es que me atienden con tanto esmero?
- Lo que pasa es que estuve inspeccionando los talonarios con que facturaba las cuentas a sus clientes, y por la suma de las horas trabajadas veo que debe tener unos doscientos cincuenta años.
 
- Me casé con un abogado y con un hombre honrado.
- Oye, eso es bigamia.
 
Un abogado está parado ante San Pedro, quién lee un listado de sus pecados:
1- Defender a una compañía que produjo la destrucción de una ciudad completa por contaminación ambiental habiendo pruebas contundentes de la culpabilidad de la misma.
2- Defender a un peligroso asesino, obviamente culpable, por ser un buen cliente y ofrecer una paga sustanciosa.
3- Recargar las cuentas de los clientes.
... etc., etc., etc...
El abogado, en vez de defenderse, le dice a San Pedro:
- ¡Eh, está bien! ¡Acepto los cargos! ¿Pero qué hay de las obras de bien que he hecho en mi vida?
San Pedro mira en otro listado y dice:
- Sí, es cierto, veo que en una oportunidad le dio diez centavos de más a su lustrabotas... es eso cierto y aquí veo que en otra ocasión le dio cinco centavos a un mendigo... es eso cierto, sí señor.
Entonces San Pedro mira al ángel que tiene al lado y le dice:
- ¡Está bien! Denle quince centavos y dígale que se vaya al infierno.
 
Un respetable profesor de Derecho le dice a sus alumnos:
- Recuerden muchachos, lo más importante cuando se es abogado es saber que algunos casos se ganan y otros se pierden, pero en todos se cobra.
 
Al avión se le averió un motor en pleno vuelo y el piloto ordenó a la tripulación hacer que los pasajeros se abrocharan los cinturones. Dejó pasar unos minutos y preguntó a una azafata si ya estaban todos listos.
Esta respondió:
- Sí, todos menos un abogado que sigue repartiendo sus tarjetas.
 
El hijo, abogado recién recibido, llega todo contento a contarle la novedad a su padre, abogado titular del escritorio:
- ¡Papá, papá! En un solo día resolví aquel proceso en el que estuviste trabajando por diez años.
El padre le aplica un golpe en la cabeza y él chilla.
- ¡¡¡Idiota!!! Ese proceso es el que nos dio de comer durante diez años.
 
Había un abogado, un arquitecto y un médico discutiendo sobre cuál fue la primera profesión en el mundo, el médico dice:
- Dios primero fue médico, ya que al sétimo día separa de Adán una costilla, y crea a Eva; por consiguiente, la profesión más antigua es la medicina.
- Para nada -dice el arquitecto-, Dios creó al mundo de entre las penumbras, entonces fue primero un gran arquitecto.
Y el abogado corta diciendo:
- Perdón... ¿quién creen que creó el caos?
 
Se cae la reja que divide el Cielo del Infierno. Y empiezan a alegar el Diablo y San Pedro acerca de quién debe reparar el daño. Al no ponerse de acuerdo, el Diablo le propone a San Pedro que consulten con sus respectivos abogados y se vean en 2 horas. El Diablo llega muy puntual, pero San Pedro no aparece hasta como 8 horas después. El Diablo lo aborda impaciente y le dice:
- Oye, Pedro, mis abogados dicen que tú tienes que pagar.
A lo que San Pedro responde:
- Pues me ganaste porque en el Cielo no encontré un solo abogado. Tú los tienes todos.
 
Entra un abogado a un cajero automático, de esos que tienen un sofisticado sistema de alarmas, y de pronto empieza el sistema a sonar una estruendosa alarma acompañado de luces y una voz digital que grita a todo pulmón:
- LADRÓN-LADRÓN-LADRÓN...
El abogado retira la tarjeta de la ranura del cajero, la examina y dice:
- Oh, me equivoqué... ¡introduje mi tarjeta profesional!
 
Un bandolero mexicano se había especializado en cruzar el Río Grande de vez en cuando, y robar bancos en Texas. Finalmente, se ofreció una recompensa por su captura, y un Texas Ranger emprendedor decidió rastrearlo. Después de una búsqueda larga, rastreó al bandolero hasta una cantina. Se le acerca, se para silenciosamente detrás del bandolero, apunta su revólver a la cabeza del bandolero, y dice:
- Usted está bajo arresto. Dígame dónde escondió el botín o le vuelo la tapa de los sesos.
Pero el bandolero no hablaba inglés, y el Texas Ranger no hablaba castellano. Afortunadamente, un abogado bilingüe estaba en la taberna y tradujo el mensaje del Ranger. El aterrado bandolero le contesta que el botín estaba enterrado bajo el árbol de roble detrás de la cantina.
- ¿Qué dijo? -le preguntó el Ranger.
El abogado contestó:
- Dijo, " Que sos un gringo desgraciado. No te atreverías a dispararme".
 
Un abogado se muere y se va al Cielo, llega y toca la puerta. En eso sale San Pedro y le dice:
- ¿Tú quién eres?
- Yo soy abogado y, bueno, pues me han mandado al Cielo. -responde al abogado.
- ¡No, no! Tú no puedes entrar acá.
- ¿Pero cómo que no puedo entrar? ¿Tú quién eres para decirme que no puedo entrar?
- ¡¿Cómo?!... Yo soy San Pedro, el que decide si entras o no.
- A ver, ¿dónde está el título que dice que eres San Pedro, y que eres el único que puede dejar o no entrar al Cielo?
- Permíteme un momento - le dice, y se va corriendo a buscar a Jesús. Le cuenta al Redentor el caso del abogado y le pide que por favor salga, para que ponga al necio en su lugar. Entonces sale Jesús:
- Bueno, hombre, al parecer tú no puedes entrar al Cielo porque estamos llenos de abogados y ya... ya no más.
- ¿Cómo que no hay sitio? ¿Tú quién eres para que no me dejes entrar?
- Yo soy Jesús, el Hijo de Dios, y te digo que no puedes entrar al Cielo.
- ¿Cómo que Hijo de Dios? ¿Cuál Dios? A ver: enséñame tu partida de nacimiento, donde dice que eres el Hijo de Dios.
Entonces, Jesús, desconcertado, decide buscar a Dios en busca de una respuesta.
- ¡Pa! ¡Pa! Allá afuera hay un abogado que quiere entrar al cielo: primero le pidió su título a San Pedro, luego me pidió partida de nacimiento para ver si soy Hijo Tuyo... ¿Qué hago?
- Ya, ya, ya... Déjalo entrar nomás, no vaya ser que me pida la partida de matrimonio.
 
A un ama de casa, un contador público y un abogado se les pregunta:
- ¿Cuánto es 2+2?
El ama de casa responde:
- ¡Cuatro!
El contador público dice:
- Creo que es 3 ó 5... Déjeme sacar otra vez el cálculo, para estar seguro.
El abogado entrecerrando los ojos y con tono suave contesta:
-¿Cuánto quiere que sea?
 
- Usted parece ser más inteligente que el promedio de hombres de su clase social -dijo el abogado a un testigo que estaba interrogando durante el juicio.
- Gracias -repuso el testigo- Y si no estuviera bajo juramento, le regresaría el cumplido.

¿En qué se parece un abogado a una banana?
En que ninguno va a nacer derecho.
 
¿Qué diferencia hay entre un abogado y un cuervo?
Que uno es un animal de rapiña, vive de la carroña, de la basura y de lo ajeno. Acecha a sus víctimas y cuando se descuidan, ataca. Primero les come los ojos y después termina de destrozarla... Y el otro es un inocente pajarito negro.
 
El invierno pasado fue tan frío que vi pasar a un abogado con las manos en sus propios bolsillos.
 
Cuando una persona ayuda a un criminal antes de cometer un crimen, lo llamamos cómplice. Si lo ayuda después de haber violado la ley, lo llamamos abogado.

¿En qué se parecen los abogados a las prostitutas?
Si no estás encima de ellos, no hacen nada.

En una rueda de prensa:
- Y díganos, señor intendente, ¿cuáles han sido los resultados del programa experimental de reinserción de reclusos?
- Pues hemos tenido una de cal y una de arena: de los dos delincuentes que se presentaron voluntarios para el proyecto uno ha decidido hacerse abogado, pero parece que el otro quiere seguir por el buen camino.

En un bufete de abogados se contrata a una nueva secretaria, que resulta ser una chica de pueblo bastante hermosa e inocente. Un día, dos de los abogados están hablando de ella:
- Con lo buena que está María, me preocupa que algún buitre se pueda aprovechar de ella. Creo que deberíamos hablar con ella para explicarle las cosas buenas y malas de la vida en la ciudad.
- Listo, tú le explicas las cosas buenas.
 
Luego de que el reo cambia su confesión, el Juez le pregunta:
- Acusado ¿Por qué contradice usted su primera confesión?
- ¡¡Es que mi abogado me ha convencido de mi inocencia!!
 
Un hombre tuvo que quedarse del trabajo para atender a las cortes por una pequeña citación de tráfico. Se estaba cansando de esperar hora tras hora para que lo llamaran. Cuando lo llamaron esa tarde, se presentó al juez sólo para que le dijera que había terminado el día y que tendría que volver el próximo.
- ¿Para qué?
El juez, también cansado después del día que había pasado le gritó:
- ¡Ud. tiene ahora una multa de $10.000, por desacato al juez! ¡Eso es porqué!
Luego, dándose cuenta que el hombre sacaba la cartera para mirar el dinero que tenía en ella, le dijo:
- No se tiene que preocupar, no tiene que pagar ahora.
- Sólo estoy mirando a ver si tengo suficiente dinero para unas cuantas palabras más.
 
- Pero, ¿cómo puede decir que es inocente, si tenemos cinco personas que le vieron robar el reloj?
- Y ¿qué? Yo puedo traerle quinientas que no lo vieron.
 
El credo de un abogado: todo hombre es inocente hasta que se le pruebe arruinado.
 
Un abogado antes de que empiece el juicio a su cliente asegura que él va a ganar y le dice:
- Le envié un par de patos al juez.
- El juez es demasiado honesto y lo consideraría un soborno, y de seguro yo pierdo el caso.
Una vez terminado el juicio, el cliente felicita a su abogado por el resultado en su favor.
-¿Lo ve? ¡Le dije que ganaríamos el caso!
- Sí, lo sé, entonces no era tan honrado.
- No, lo que pasó fue que le envié los dos patos al juez en nombre de su oponente.
 
- Sinceramente, no sé qué decir para librarte de la silla eléctrica.
- Es fácil, decile al juez que fuiste tú.
 
Por falta de pruebas, el acusado es declarado inocente y se retiran los cargos.
- Perdone, señor Juez, ¿significa eso que me puedo quedar con el auto?
 
El fiscal le pregunta a una mujer:
- Después de haber envenenado a su esposo, ¿no le dio ningún remordimiento?
- Sí, cuando me pidió segundo plato de guiso.
 
- ¿Mató usted a la víctima?
- No, yo no fui.
- Le recuerdo que está usted bajo juramento, ¿sabe cuál es la pena por perjurio?
- Sí, ya sé que es menor que por asesinato.
 
En juicio por corrupción política, el fiscal por tercera vez interroga al testigo:
- ¿Es cierto que Ud. recibió una cantidad muy...?
El acusado se sigue haciéndose el tonto.
- Por favor, Sr. García responda a la pregunta.
- ¡OH!, Sr. Juez, yo creía que el fiscal se dirigía a usted.
 
- ¡Qué mala suerte la mía! Anoche entré a robar en casa de un abogado, y me descubrió. Me dijo que me largara y que no regresara jamás.
- Pues te fue bien.
- ¿Bien? Me cobró $150 por la advertencia.
   
- Miren su mirada torva, su frente estrecha, sus ojos hundidos, su apariencia siniestra, el acusado sin ninguna duda....
Y el acusado interrumpe:
- Pero bueno, ¿Me van a juzgar por asesino o por feo?

Era un abogado tan, pero tan bueno que al terminar el juicio el jurado pidió cadena perpetua... ¡¡para el juez!!