Juana de Ibarbourou

 

 

 

 

LA TARDE

 

He bebido del chorro cándido de la fuente.

Traigo los labios frescos y la cara mojada.

Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura

de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.

 

El cielo ostenta una limpidez de diamante.

Estoy abria de tarde, de viento y primavera.

¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante?

¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?

 

Elástica de gozo como un gamo he corrido

por todos los ceñudos senderos de la sierra.

Y el galgo cazador que es mi guía, rendido,

se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra.

 

¡Ah, qué inmensa fatiga me derriba en la grama

Y abate en tus rodillas mi cabeza morena,

mientras que de una iglesia campesina y lejana

nos llega un lento y grave llamado de novena!