EL RINCÓN ARGENTINO

DEL “CHANTA” DE AYER, AL “GARCA” DE HOY

         (Especial para la revista “Tabaré”, de Melbourne, Australia)

El “chanta”, un personaje típico, engrupido, capaz de contar las más gloriosas hazañas, sin haber salido de la casa; no roba, ni comete delitos. A lo sumo hace pelear amigos, novios; y cosas por el estilo. Se ganó, y desde hace muchísimos años, un lugar de privilegio en la sociedad porteña; y permanece inalterable, inmortal. Con el tiempo se convirtió en plaga. Fue cuando un sector de los chantas se desprendió de la masa, y adoptó una contextura distinta. Y, llamado “chantún”: incorporó la mala fe, abandonó toda sensibilidad  humana y la emprendió cobardemente contra el prójimo. Esta clase ya rayaba con el delito; delito menor, pero delito al fin.

         Sin embargo, en las dos últimas décadas (+ ó -), derivaron al delito puro y sin vueltas, perjudicando al más débil en forma artera y alevosa. Este espécimen se denomina “garca” (del lunfardo, que remite al “vesre” de lo original); porque viven para hacer daño al prójimo.

         El chanta mantiene cierta agudeza de ingenio, para mentir, para engañar, para acomodarse en cualquier circunstancia y lugar. El chantún es el que, por razones de subsistencia entra en el delito menor: cuentos del tío, billetes premiados, coimas, pequeños chantajes, choreo de oportunista y decenas de chantadas más.

Su versión contemporánea, corregida y aumentada; es el garca.

         El garca, ya naufraga en el delito menor y mayor. Es un enemigo del pueblo, de los laburantes. Es imposible de clasificar, tiene mil rostros, mil formas de actuar. Está en todos los estratos sociales. En todos lados, en las oficinas, en las fábricas, en los negocios, en eventos políticos, deportivos, sociales, vecinales y religiosos. Está en los cuarteles, en la Administración Pública, en el Parlamento, en los comités de base, en la Rosada, en las plazas, en las radios. En la televisión, se les ve a diario y  todo el día. Podemos separar cuatro tipos de garcas: 1) el común. 2) el disimulado. 3) el ilustrado y  4) el simpático.

      

 El garca común. A este sujeto se le reconoce a la distancia. Y, de cerca, se confirma en cada palabra, en cada gesto. Además, tiene cara de garca, mira como  garca, camina como garca, y se comporta como un garca. No se molesta en disimular, porque le encanta, no sólo ser un garca, sino demostrarlo a cada rato. Se vanagloria de su condición y la revela, cuando se encuentra con alguien que él considera inferior.

         Todo garca, en general, siempre actúa así, se abusa con el más débil, con el ingenuo, modesto, franco. Al que él considera fácil de engrupir. Y a los laburantes. Sobre todo con camareras, mozos, vendedores, porteros, cadetes, kiosqueros, empleados de comercios, etcétera. Este tipo, que la va de “canchero” y “superior”, con quien no puede defenderse: da asco.

         Tiene un punto a favor: resulta sincero. Él es lo que demuestra, sin la mínima duda. Si te puede pasar en algo, afanarte el diario o cualquier cosa; si se puede ir sin pagar el café; dalo por hecho. Pide prestada guita a devolver enseguida… y pasan años. Es lo que se dice; un garca hecho y derecho, del cual podremos esperar prepotencia, maltrato y encarnizamiento sin derecho al pataleo, porque se muestra tal cual es y avisa. Y, el que avisa no es traidor.

 

         El garca disimulado.  Este abunda y es complejo. Le complica la vida a más de uno, con una sonrisa. Es un tipo al que cuesta un poco entenderlo, pero te garca igual. Es un garca misterioso. No tiene, ni cara, ni gestos de garca. Parece inofensivo. Se gana la confianza, mientras planifica. Hasta que llega el momento fatal, y ahora sí; actúa igual que el más abierto de los garca, sólo que su víctima ni se da cuenta.

         Se trata de un ejemplar difícil de clasificar como garca, de buenas a primera. Lleno de dudas, de vueltas, de rodeos para decir algo. Es silencioso, y está envuelto en una aura de misterio, se comporta con un estilo propio, único. Tiene, a veces, posturas de un lord inglés; pero igual te vacuna. Actúa cómo un lord; un lord garca.

 Al principio, la gente confía en que no garca a nadie; después la víctima se agarra la cabeza: “- ¡Yo sabía que me iba garcar! ¡Tenía un presentimiento…!” Se debe tener en cuenta que el garca disimulado se ubica, generalmente, entre aquellos que tienen un  cargo, o están mejor ubicados en el escalafón social.

 

Si es vendedor, le miente a la víctima como a un bebé. Si está en una oficina, (no importa cual) busca hasta una coma para trabar el trámite de la gente. Si es periodista o comunicador, (y estos sí que son una plaga nacional) miente, inventa y adula

asquerosamente a los poderosos y a los que mandan. Y así por el estilo, esté donde esté.

      El garca ilustrado. Son más numerosos de lo que se cree. Su hábitat está entre las clases dirigentes, alcanza a tener cargos importantes, públicos y privados. Se viste elegantemente, es cauteloso, ilustrado, educado. Gran orador, discursea bien, políticamente es ecuánime, se expresa correctamente. Incluso te explica con lujos de detalles, el cómo y el por qué te garca. La víctima reacciona bastante después de cometido el hecho. Éste tipo de garca, está en el límite entre garca y delincuente mayor.

         Su argumento, para justificar su accionar delictivo es incuestionable: es cosa de dios, de la patria, de la familia. Te habla de la dignidad; mientras te pasa con dos trenes por encima. Ida y vuelta.

         Estos garcas, siempre devienen en dirigentes políticos. Desde allí elevan plegarias moralistas y lloran por el pueblo. Hablan de objetivos y metas, que -justamente- a las futuras víctimas les encantarían que se cumplieran.

         Éste espécimen, perverso y mentiroso, es insensible a todo, crea ilusiones para lograr sus propios objetivos, sin importarle a costa de qué. No sólo te garca; sino que además te convence de que lo hace por tu bien. Y él se acomoda y acomoda a toda la familia. Es un garca muy peligroso, porque puede llegar a comete cualquier delito por unos mangos; mientras pregona la grandeza y el amor a la patria.

       

       El garca simpático. Este ejemplar, que pulula por nuestra ciudad, es uno de los más completos. Digamos que es un garca al cubo. Este te manda de golpe a la “B”, sin previo aviso y con una sonrisa. La víctima ni cuenta se da. Es un garca con anestesia. Esté donde esté, es entrador; es atento con la víctima, pregunta por la familia. Es cordial, afectuoso. Lo que se dice es “buenazo”.

         Es decir, la víctima ni sospecha que enfrente tiene un garca despiadado, ergo; no está prevenido, por lo qué, es más artero el golpe. Es tan amistoso y servicial, que la víctima lo cree su amigo. Pero… es por eso que el garca es garca; porque cuando vacuna no da tregua ni respiro, y la víctima ni se da cuenta. Dice cosas gratas, tiene gestos de comprensión ante todo, da consejos, ¿quién puede sospechar que se esconde, entre tantas sonrisas, un tremendo garca? Por ejemplo, los más despiadados, ponen una falsa inmobiliaria y cobran cuotas de terrenos, casitas o apartamentos, que no existen o que son de otros. Palmean con cariño a las pobres víctimas. Después de juntar un buen paco de pesos, desaparecen y nunca más. Muchas sonrisas, pero cuando te vacuna, te revienta, y ya no hay remedio.

 

Son, éstos, unos poquitos ejemplos de un tipo más o menos fatal de argentino con el que solemos vernos casi a diario. Estos especímenes expanden su hábitat con frecuencia: Capaz que usted, amigo, conoce a alguno, por esos lugares…

 

                                                                                                             Buenos Aires, diciembre de 2010

                                                                                          CELSO MONTERREY.

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