PUEBLO VICTORIA

 LA TEJA, O "LAS COSAS SIMPLES DE LA VIDA"

Por Guillermo Magnone Arias.

 

Corría la década del 60 cuando comencé a concurrir a la Escuela N° 104 de 2do. Grado "Yugoslavia", ubicada en Av. Carlos María Ramírez Esq. Humboldt. Aún recuerdo algunas estrofas de su himno, obviamente yugoeslavo.

 

Frente a la Escuela, que aún existe y funciona como tal, estaba la Plaza Lafone, en homenaje a Samuel Fisher Lafone, empresario inglés que en 1833 llegó a Montevideo, e instaló los primeros saladeros.

 

En dicha plaza, en un cantero lateral y como si nos observara, se encontraba el monumento a la maestra, sentada con un niño a su lado. A veces nos turnábamos con mis compañeritos de clase para sentarnos en el regazo de la maestra.

 

Hoy lamentablemente el monumento no está, como tampoco está la Librería "Chu", en la esquina de enfrente, un negocio familiar donde comprábamos los útiles escolares, ni la provisión de la otra esquina, ni la barraca Valverde, ni la sucursal de Manzanares, ni la peluquería "El Rulo Lacio".

 

Las 2 cuadras de la Av. mencionada entre Heredia y Real contaban con varios comercios: panadería, zapaterías, tiendas, la mencionada peluquería, dos bares, farmacia, el expendio Municipal (hoy centro comunal), etc.

 

El barrio tenía además como fuente laboral, además de la planta La Teja de ANCAP, pero hacia el norte de Carlos Ma. Ramírez, el Frigorífico Castro, sobre la calle Inclusa y Camambú, donde trabajaban varios vecinos. Otros trabajaban en frigoríficos del cerro, como el EFCSA (donde hoy está el Polo Industrial del Cerro), y el Frigorífico Nacional.

 

En La Teja también teníamos el cine Miramar, donde hoy está la sede del Club Progreso, donde pasábamos las tardes domingueras disfrutando de las matines. Luego cruzábamos a la pizzería y degustábamos unas pizzas rellenas como nunca más vi en mi vida, cocidas en horno de leña en asaderas redondas.

 

La Avenida todavía conservaba los rieles de los antiguos tranvías que ya no circulaban, pero sí recuerdo los troles (trolleys) de AMDET (el número 70 a Malvín y el 75 a la Aduana) que cada tanto protagonizaban un embotellamiento, cuando sus brazos se soltaban de los cables aéreos, o cuando quedaban parados por falta de energía. También recuerdo los ómnibus Leyland de AMDET a los que se ascendía por la puerta trasera y que convivían con las viejas cachilas de CUTCSA (el 125 y 126 a la Aduana) que todavía circulaban.

 

Los domingos generalmente íbamos en barra con otros niños de la cuadra donde vivía (Elbio Fernández entre Laureles y José Mármol) a un campo que quedaba atrás del Frigorífico Castro, cruzando un viejo puente sobre el arroyo Pantanoso. Allí, estaban varias canchas de fútbol, como las del Club Tobogán y la del Club Vencedor, ambos clubes sociales y deportivos de la zona. Allí pasábamos las tardes, los fines de semana, volviendo a casa cansados, pero felices.

 

A mi memoria vienen también los bailes que organizaba el Club Tobogán, que quedaba en José Mármol, entre Humboldt y Elbio Fernández.

 

Muchos nombres de vecinos vienen a mi mente. A todos los dejé de ver hace muchos años. Seguramente por ley natural ya no estarán, pero algunos de sus descendientes seguramente permanecen en su lugar.

 

La Teja ya no es mi barrio de residencia, pero allí viví los primeros años de formación como ser humano, en una época donde todavía nos divertíamos compartiendo un picadito de fútbol con otros niños de la cuadra y nuestra existencia se repartía entre la familia, la escuela, el cine de los domingos y las cosas simples de la vida.

                                                                                                                                                                                                                                        Enviado por L. MASCIADRI

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